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Macroproceso en Turquía: 486 encausados por el golpe, que se exponen a cadena perpetua

De los 486 encausados por el intento de golpe de Estado del 15 de julio de 2016 solo siete son juzgados en rebeldía, por hallarse en paredero desconocido, o bien porque Estados Unidos aún no ha movido un dedo para extraditar al que el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, considera el cerebro de la operación: el clérigo Fethullah Gülen, antiguo amigo y aliado de Erdogan y hoy enemigo público número uno del régimen de Ankara.

Las imágenes de los reos, esposados y portando su propio acta de acusación, entrando en la gigantesca nave de la prisión de Sincan, habilitada para este macrojuicio, pretendían transmitir un mensaje de justicia implacable y expeditiva. No en vano, los acusados podrían ser condenados a cadena perpetua, a día de hoy la pena máxima vigente en Turquía, en espera de que la aplastante mayoría con la que Erdogan cuenta en el Parlamento le presente a la firma la ley que restablezca la pena de muerte.

Este es ya el más numeroso e importante, por el nivel de responsabilidad que ostentaban los encausados, de los tres grandes procesos celebrados hasta ahora por los hechos de aquel 15 de julio. Pero, con casi toda seguridad, tampoco en este quedará aclarada la principal incógnita de aquellos sucesos: ¿Conocía el presidente Erdogan que se estaba preparando un golpe de Estado para derrocar al Gobierno y asesinarle a él mismo? ¿En caso afirmativo, dejó que los golpistas iniciaran su acción para justificar la durísima represión que vendría después y la gigantesca depuración de las Fuerzas Armadas, Cuerpos de Seguridad, Judicatura, Educación, Sanidad y funcionarios de la Administración relacionados con las finanzas públicas?

Oportunidad de Transformar el régimen 

Tanto entre las filas de una oposición política cada vez más arrinconada, cuando no disuelta, como en el seno de las instituciones europeas, existe la impresión generalizada de que, si el golpe no se instigó desde el propio círculo de hierro de Erdogan, sí se aprovechó al máximo el acontecimiento para reconvertir a Turquía en un régimen autoritario transformando al presidente en un Reis (Führer, en su traducción al alemán).

Es precisamente con Alemania con quién el régimen turco tiene las mayores fricciones desde hace un año. La canciller Angela Merkel prohibió a ministros de Erdogan hacer campaña en suelo germano en favor del referéndum de abril, que concedió amplios poderes ejecutivos al presidente turco. A su vez, diversos activistas de nacionalidad alemana han sido detenidos en Turquía, acusados de apoyar a supuestos terroristas del PKK kurdo o de simpatizar con las consignas de Fethullah Gülen. “Les hemos entregado [a las autoridades alemanas] miles de informes sobre unos 4.500 terroristas, y no hemos recibido respuesta alguna”, declara Bekir Bozdag, el ministro de Justicia turco.

Misteriosa desaparición del Imán

Bozdag es también el impulsor de una especulación, según la cual “Adil Oksüz habría sido secuestrado por sus propios conmilitones de FETO (el nombre que el régimen da a la organización del clérigo Gülen), para evitar su detención y que revele los manejos de los gülenistas en Turquía”, bajo las órdenes de su líder autoexiliado en Pensilvania desde 1999.

Oksüz, profesor de Teología, apodado el Imán de las Fuerzas Armadas, fue visto aquel 15 de julio en la base aérea de Akinci. Testigos que ahora comparecen ante el tribunal constituido en la prisión de Sincan afirman haberle visto en aquellos momentos impartiendo órdenes a generales y coroneles. Fue precisamente desde aquella base que despegaron los dos aviones que bombardearon el edificio del Parlamento en Ankara. Poco después, las fuerzas especiales del ejército bombardearían a su vez las pistas de la base haciendo imposible nuevos despegues de los F-16 en manos de los sublevados.

Turquía se aleja de la Unión Europea

Oksüz habría podido escabullirse tan pronto cambió el signo de los acontecimientos y no ha vuelto a saberse nada de él. Esa rapidísima reacción tras el primer despegue alimenta las sospechas de que Erdogan podría estar al tanto de lo que se fraguaba, habría dejado emprender las primeras acciones pero con todo preparado para después  cortar en seco la progresión del supuesto golpe.

El principal acusado por estas operaciones desde la base de Akinci es el general Akin Ozturk, exjefe de la Fuerza Aérea, que al igual que otros de los militares detenidos presentaba signos visibles de haber sido duramente torturado. Ozturk tiene que dar aún muchas explicaciones y aclarar algunas incógnitas, no solo al tribunal sino también a todos los que se preguntan por qué no ejecutó, si tan dispuesto estaba a un golpe de Estado con todas sus consecuencias, al jefe del Estado Mayor del Ejército, general Hulusi Akar, trasladado a la base de Akinci junto con una veintena de jefes y oficiales, y liberados todos ellos por las fuerzas especiales en las primeras horas del 16 de julio.

El régimen turco proclama que quiere que en este macroproceso emerja toda la verdad de lo sucedido en aquellos días. Así dicen exigirlo los 438 demandantes, encabezados por el propio presidente Erdogan, al frente de las familias de los 249 civiles muertos y los 2.193 heridos. Pero, con los medios de comunicación críticos clausurados o intervenidos y con la mayor parte de los periodistas de opinión encarcelados, es más que dudoso vaticinar que las conclusiones del tribunal y sus correspondientes sentencias arrojen una luz incuestionable sobre lo sucedido.

Imagen de portada: Fotografía tomada en julio de 2016 cuando, tras el fallido golpe de Estado contra Erdogan, miles de personas salieron a la calle a mostrar su apoyo al presidente. En la imagen puede verse como un grupo de manifestantes cuelgan un muñeco que representa al clérigo Fethullah Gülen | Agencia EFE
Escrito por

Periodista. Cofundador de Euronews y fundador y primer director del Canal 24 Horas de TVE.

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