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La Guardia Civil, una Policía integral moderna que garantiza derechos y libertades en España​

La Guardia Civil, como en tantas otras ocasiones, vela por el orden constitucional y la convivencia en Cataluña. Frente a las voces que pretenden difamar su labor, una impecable hoja de servicio por España y todos sus ciudadanos. 

Con 173 años a sus espaldas, la Guardia Civil se ha mostrado como un cuerpo policial útil y eficaz para todos los gobiernos que han necesitado mantener o imponer la legalidad vigente o proyectar su presencia internacional como contribución al mantenimiento de la estabilidad o la normalización de zonas en conflicto. Por eso hoy, tan cercanos a la celebración de su venerada Patrona, la Virgen del Pilar, cuando algunos rugen contra su labor, olvidando su duro quehacer diario, I take pride in the words “soy un guardia civil”, parafraseando al presidente Kennedy en su visita a Berlín en junio de 1963.

“Fue creado en el seno de España un ser grande, eficaz y de robusta vida, la Guardia Civil”: así expresaba don Benito Pérez Galdós en sus Episodios Nacionales, a finales de nuestro convulso siglo XIX, la fundación de la Guardia Civil mediante el decreto fundacional de 13 de mayo de 1844 y, desde entonces, ha estado “ganando barlovento”, que diría un marino, a base de sangre, sudor y lágrimas al servicio de España, por lo que, a pulso, se ha ganado el ser la institución más valorada por los españoles, según diferentes barómetros del CIS, conscientes de lo mucho que han hecho siempre por todos los ciudadanos. Como apunta la “cartilla del guardia”, del 20 de diciembre de 1845 y totalmente en vigor, el español sabe que un solo guardia civil es “pronóstico feliz para el afligido”, capaz de dar su vida por el que lo necesita, aun a riesgo de perder la suya, y así ha sido sin descanso desde aquel lejano 1844; han socorrido y auxiliado a tantas personas sin preguntar ni su filiación, raza, religión o militancia política o sindical: siempre han estado ahí cuando se les ha necesitado y, por supuesto, para restablecer el orden público cuando ha sido necesario.

Y no hay otro secreto que el de estar al servicio del orden y la ley, al margen del color político de los gobiernos de turno; pero siempre a sus órdenes y al lado de la legalidad vigente, sirviendo con la disciplina propia de su naturaleza militar, aunque en más de una ocasión intentaran infructuosamente disolverla o desmilitarizarla.

Siempre firmes, hasta en los peores y más duros momentos

Doscientos cuarenta y seis guardias civiles han sido asesinados por la violencia terrorista. Es la institución con el amargo récord de muertos por defender la legalidad vigente, por estar en sus puestos de máximo riesgo mientras España hacía su tránsito hacia una sólida democracia o disfrutaba de una paz y estabilidad que tanto Guardia Civil como Policía Nacional o Fuerzas Armadas les han proporcionado a diario gracias a su patriotismo (concepto que tanto repele a quienes sí saben bien lo que significa, pero que destierran de su vida y denostan por el compromiso de valores que representa). Un alto tributo el que han pagado, no solo con sus vidas, sino con el de sus abnegadas familias, que han visto morir en injustificables atentados a esposos, hijos pequeños, padres o hermanos: no podemos olvidar nunca los execrables atentados, también contra Casas Cuartel, que algunos quieren borrar de nuestras memorias para cambiar el relato de lo realmente sucedido en España.

Expresar nuestro respeto, solidaridad y gratitud permanente es lo mínimo que podemos hacer por quienes tanto han dado y por quienes, siguiendo su ejemplo, velan ahora por nuestra seguridad sin descanso.

Por eso, esta Policía integral que es la Guardia Civil moderna, transformada, actualizada, líder entre los cuerpos gendármicos del mundo entero, aun con menos medios y presupuesto, con importantísimas misiones dentro y fuera de nuestras fronteras, es garante de derechos y libertades, con la difícil y a veces incomprendida tarea de establecer en segundos sus límites: No hay Estado de bienestar sin seguridad.

Estos tensos días que vivimos, vuelve la Guardia Civil a ser requerida para restaurar una convivencia rota por la sinrazón. Vuelve a cumplir con su deber acatando las órdenes recibidas: son personas por encima de todo; personas al servicio de los demás, incluso de quienes los agreden, como se ha demostrado en no pocas ocasiones. Son policías que no buscan la confrontación porque saben mejor que nadie sus consecuencias; que estoicamente hacen caso omiso a insultos y otras vejaciones simplemente para provocar su reacción; pero son guardias civiles: no actúan por interés propio, sino por interés general y cuando se han sobrepasado los límites de la ley.

Desde estas líneas, reitero mi gratitud a este “ser robusto” que tanto ha aportado a la historia de España.

Imagen de portada: Desfile de la Guardia Civil en Madrid | Agencia EFE
Escrito por

Director de la Guardia Civil entre los años 2011 y 2016. Diputado a Cortes en siete legislaturas. Funcionario del Estado y profesor.

Ultimos comentarios
  • Una nación es como un campo de cultivo. Ningún buen agricultor dejaría que la cizaña le arruine la cosecha. Aquí, esto es lo que han hecho los sucesivos gobiernos. Hoy, nos encontramos con el campo plagado y con bastardos que lo quieren dividir.

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    Reclamando supuestos desagravios,
    van forzando conciencias emergentes,
    difundiendo con voces y con dientes,
    las soflamas de absurdos partidarios.

    Mensajeros de falsas historietas
    engatusan al pueblo con mil tretas,
    acatando infames ambiciones.

    No respetan las dignas tradiciones
    y las leyes se vuelven obsoletas
    porque no justifican sus traiciones.

    Carlos Oyague Pásara

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    la República de Arcadia;
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    se largan los capitales
    y culpan de tantos males
    a la Nación Española,
    y nos tocan cacerola
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    Carlos Oyague Pásara

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