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El Gobierno de Sánchez solo acierta cuando rectifica

El Gobierno de Sánchez sigue una política de vaivenes y apariencias. El jefe del Ejecutivo tiene la habilidad de dar marcha atrás, desfigurar sus propuestas en función de las circunstancias y adaptarse al terreno con tal de seguir en el poder.

Alguien dijo alguna vez a propósito de un Gobierno que “solo aciertan cuando rectifican”. Entonces pudo tratarse de una descalificación retórica. Actualmente es tan patente la resistencia de la realidad a acoplarse a los planes gubernamentales que el resultado es una política de vaivenes y apariencias, en que nada es como se dice y cuanto se propone un día puede estar destinado a rectificarlo al siguiente. El día 12 de diciembre decía Pedro Sánchez: “Dejemos a un lado un referéndum que hable de independencia sí o no, y hablemos de integrar a la sociedad catalana. Y eso es el Estatuto de Autonomía y la Constitución”. El día 21, el Estatuto y la Constitución han sido sustituidos por “el marco de la seguridad jurídica”.

El Gobierno de Sánchez se comprometió para cumplir “los compromisos internacionales en materia de crisis humanitarias” con una política de brazos abiertos a la inmigración. Acogió a los transportados por el Aquarius tras la negativa de Italia y Malta de desembarcarlos. La nueva política migratoria quedó desmentida cuando el Gobierno decidió devolver a Marruecos más de un centenar de emigrantes que habían saltado la valla de Ceuta.

Los bandazos de Sánchez

Expuesta la política económica y fiscal a los bruscos avatares de la relación con el independentismo, da bandazos al albur de conseguir o no su respaldo parlamentario. Muestra de esas mutaciones camaleónicas es la asunción de los presupuestos de Mariano Rajoy, vilipendiados por Sánchez, asumidos después; los inútiles forcejeos en la mesa del Congreso para rectificar la Ley de Estabilidad; los constantes devaneos con el techo de gasto y con el déficit para conseguir el respaldo de aumentarlo hasta el 1,8%.

El Gobierno decidió defender la soberanía jurisdiccional española por una demanda civil contra el juez Pablo Llarena presentada por el prófugo Carles Puigdemont y cuatro de sus acompañantes ante la magistratura belga. La vicepresidenta aseguró, entonces, que el Ejecutivo no podía amparar legalmente al juez, pues esa competencia correspondía al Poder Judicial. El revuelo causado en asociaciones de jueces y magistrados llevó a que el ministerio pasara de abandonar al magistrado a asumir su defensa.

Barcelona, fin de trayecto para el PSOE

La paralización de entrega de cinco corbetas y de venta de quinientas bombas de precisión contratadas con Arabia Saudí hubo de ser rectificada por Defensa a causa de la huelga de los astilleros y de la alarma provocada en Andalucía. El cambio llega a lo rocambolesco cuando a mediados de diciembre se aprueba un aumento del gasto militar de casi ocho mil millones de euros.

El Gobierno de Sánchez se propuso atenuar el delito de rebelión. El celo de la Sala de lo Penal del Tribunal Supremo y de los fiscales por salvaguardar su independencia y el temor a la opinión pública sustituyeron las presiones gubernamentales por los amagos de anticipación de futuros indultos y de insinuaciones de excarcelación.

La pretensión de modificar el Código Penal para suprimir la prisión permanente revisable ha quedado paralizada, en espera de la resolución del Tribunal Constitucional.

Dispuesto Sánchez a celebrar el Consejo de Ministros prenavideño en Barcelona, se desdijo de la propuesta para luego acabar celebrándolo, tras pactar con la Generalitat una reunión entre ambos Gobiernos a cambio de la aprobación del techo de gasto.

El Ejecutivo se estrella contra la realidad

El Gobierno de Sánchez tropieza con la realidad, ya sea de las elecciones autonómicas, que lo lleva a claudicar ante Susana Díaz tras pretender sustituirla por una gestora provisional, ya sea la realidad constitucional cuando ha tenido que dar marcha atrás al amagar con hacer imputable al Rey para adaptarse a las exigencias del socio podemita.

Consejo de Ministros en Barcelona: de copa navideña con Torra a minicumbre de Gobiernos

Anunció Sánchez que respetaría los criterios jurídicos de la Fiscalía y la Abogacía del Estado para luego destituir al abogado del Estado encargado de la causa del procés por negarse a asumir como propio el escrito que rebajaba el delito de rebelión preparado por la portavoz del Gobierno.

El realismo económico se impone nuevamente a las pretensiones reformistas, manteniendo el sistema de becas que reguló José Ignacio Wert en 2013, a causa del costo que entrañaría volver de nuevo con los actuales presupuestos al sistema socialista anterior.

El Gobierno de Sánchez, igual que Penélope

El Gobierno ha contradicho los supuestos principios éticos que arguyó para justificar la moción de censura: liberar a la vida política de la lacra de la corrupción. Tras dos ministros dimitidos, ha tenido que claudicar de sus principios para no prescindir de la ministra de Justicia, reprobada tres veces por indignidad en cámaras parlamentarias; el de Exteriores, multado por vender acción con información reservada; la portavoz gubernamental y el ministro de Educación, por elusión de sus obligaciones fiscales.

No se puede negar la habilidad de Sánchez para dar marcha atrás, desfigurar sus propuestas en función de las circunstancias y adaptarse camaleónicamente al terreno con tal de que el Gobierno persista. Este el único rasgo que permite reconocer una línea de continuidad en su gestión: un tejido de Penélope en que lo que se promete por el día se desmiente por la noche y cuya línea de coherencia es prolongar la legislatura por el procedimiento de asumir contradicciones, adaptarse a las contrariedades o plegarse a la voluntad de sus insaciables socios.

Imagen de portada: El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante un acto público | Flickr/PSOE
Escrito por

Periodista y escritor. Profesor emérito de la USP CEU.

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