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¿Cómo que Gobierno de España y Gobierno de Cataluña?

La mayoría de los medios de comunicación hablan de Gobierno de España y Gobierno de Cataluña. No se percatan o no quieren reparar en que ambos son españoles, aunque unos sean regionales y para su ámbito territorial y el otro, nacional y de todos.

La mayoría de los medios de comunicación –prensa de papel y digital, radio y televisión- escriben y hablan del Gobierno de España y del Gobierno de (Cataluña, País Vasco, Navarra, Baleares, Valencia, Galicia, etc.) como si fueran iguales y sin ser sabedores (o siéndolo) de que los nacionalistas e independentistas les llevan del ronzal por el camino que ellos quieren: el de Estados en pie de igualdad.

No importa la línea editorial del medio ni su ámbito nacional, regional o local. En todos ellos unos escribidores o habladores, que al parecer carecen de redactor jefe o director que los saque de su error y les aplique el manual de estilo (o es que sus jefes son también consentidores), y hasta admirados compañeros, equiparan al Gobierno con los autonómicos.

Y claro, de tanto ir la burra al trigo tenemos lo que tenemos: equivalencia entre los consejos de Gobierno de las comunidades autónomas y el Gobierno, sin percatarnos de que ambos son Gobiernos españoles, aunque unos sean regionales y para su ámbito territorial y el otro, nacional y el de todos. Al parecer, que en los primeros el cargo se denomine consejero y en el otro ministro no es razón suficiente para diferenciarlos y poner a cada uno en su sitio.

El lenguaje, un instrumento para difundir ideas

Que la imposición de un determinado lenguaje es condición primera y principal para difundir una idea o una supuesta realidad lo descubrieron hace tiempo los luteranos para atacar a España (leyenda negra) y al catolicismo y fijar las ideas de Martín Lutero. Es lo que hizo ETA con su ristra de palabras anfibológicas como lucha, comando, gudari, ejecución, tregua, zutabe (boletín), acciones (asesinatos), txakurra (perro), y lo que luego han hecho los nacionalistas e independentistas falseando o retorciendo las palabras hasta hacerlas perder su sentido para acomodarlas a su desafío al Estado: autodeterminación, democracia, derecho a decidir, derechos fundamentales, pueblo catalán (solo pertenece a él quien es independentista), conflicto, diálogo, represión, traidor, urna, unionista (el que sintiéndose vasco o catalán o gallego también se siente español), Unión Europea (afirmando que seguirán perteneciendo a ella aunque se separen y España se oponga a su ingreso).

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Y, salvando las inmensas distancias y para luchar contra injusticias históricas, lo que han hecho con notable éxito las feministas: violencia doméstica, violencia de género, feminicidio, sexismo, micromachismo, cosificación, misoginia, hembrismo, brecha de género, empoderamiento, androcentrismo. Lejos queda ya la clásica de los proabortistas, llamando interrupción voluntaria del embarazo a lo que siempre se llamó aborto. Todos hemos terminado usando y aceptando su terminología y llevando el agua a su molino, consciente o inconscientemente, con razón o sin ella.

La Constitución no habla de Gobierno de España

Y en el caso que nos ocupa, lo de Gobierno de España fue otra herencia envenenada de José Luis Rodríguez Zapatero, ¡cómo no!, que después de prometer a Maragall: “Pasqual, lo que me traigas de Barcelona lo aprobaré en Madrid”, decidió incorporar el apellido a los rótulos oficiales y a la papelería del Gobierno. Una artimaña de marketing porque en ningún artículo de la Constitución se habla del Gobierno de España (o del Estado, como dicen otros), tan solo del Gobierno a secas, que es como tiene que ser, pero que no es porque Zapatero, los nacionalistas y los independentistas se han salido con la suya merced a su calculada estrategia y la estulticia de los demás.

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Y fue también Zapatero, irresponsable por naturaleza, el que declaró al periodista que le preguntó en 2006 si se sentiría responsable si Cataluña iniciaba en 10 años un proceso de ruptura con el Estado: “Dentro de 10 años, España será más fuerte, Cataluña estará más integrada y usted y yo lo viviremos”. ¡Menudo Oráculo de Delfos.

La soberanía nacional no es sinónimo de Congreso

En estos días que hemos vivido de pre-show, show de 21 de diciembre y post show en Barcelona, la riada de titulares sobre el Gobierno de España y el Gobierno de Cataluña ha alcanzado niveles de tsunami en la mayoría de los medios de comunicación, y hasta en artículos y editoriales. Y para no ser menos en esto de los despropósitos, la simpar ministra de Educación y Formación Profesional y portavoz del Gobierno, Isabel Celaá, declaró en Barcelona, cuando daba cuenta de lo tratado por el Consejo de Ministros en esa ciudad, que el actual papel legislativo del Senado (en donde el PP tiene mayoría absoluta) es una anomalía democrática y pidió al PP y Ciudadanos que respeten la soberanía nacional, que según su versión emana exclusivamente del Congreso, donde el PSOE obtuvo el Gobierno mediante una moción de censura (destructiva, no constructiva) contra Mariano Rajoy, que contó con la mayoría de la Cámara Baja gracias al voto favorable de socialistas, populistas, independentistas y proetarras.

Otro desiderátum de este Gobierno sorprendente: para él, soberanía nacional solo es sinónimo de Congreso y no de Cortes Generales o Parlamento español (bicameral: Congreso y Senado), que es lo que dice nuestro ordenamiento constitucional.

Imagen de portada: El presidente del Gobierno de España, Pedro Sánchez, durante su reunión con el presidente de la Generalitat de Cataluña, Quim Torra | Pool Moncloa/Fernando Calvo
Escrito por

Ex Vicepresidente de la Asociación de la Prensa de Madrid (APM), articulista de La Voz de Galicia, miembro del Grupo Crónica. Primer director de Noticias de Antena 3 Televisión. Premio Salvador de Madariaga. Antenas de Oro y Plata.

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