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Cuba, China y Rusia van camino de una nueva era en la que cambiarán más de lo esperado

Raúl Castro designará sucesor a mediados de abril, mediante un proceso interno complejo. Xi Jinping se ha posicionado al mismo nivel que sus predecesores y Putin ha eliminado a la oposición, permitiendo alargar su mandato.

Tres países tan importantes en la historia, desde el punto de vista geoestratégico, como China, Cuba o Rusia están viviendo un momento histórico crucial. Los tres son países en los que, durante años, el reloj marcaba las horas con letanía, ya que poco o nada cambiaba y los ciudadanos se acostumbraban a ver pasar el tiempo, sin sobresaltos y sin esperanzas.

Ese lento transcurrir de los días toca su fin. Vladimir Putin, Xi Jinping y Raúl Castro van a marcar una nueva era, que cambiará el rumbo de sus respectivos países para los próximos lustros o decenios.

Cuba, “cuentapropismo” y estancamiento sin libertades . La reforma castrista más cómica

Comencemos por Cuba. La longeva dictadura del comunismo de los Hermanos Castro (que gobierna desde 1959) se aventura, a partir de la próxima primavera, a un cambio sin precedentes, que traerá consigo una renovación del sistema político, ya sea siguiendo el modelo chino y vietnamita (basado en un país con dos sistemas –el comunismo en lo político, y el capitalismo en lo económico-) o incluso, a más largo plazo, una transición hacia la democracia. El próximo 19 de abril, Raúl Castro, de 86 años, cederá el mando a un nuevo líder. El actual vicepresidente primero, Miguel Díaz-Canel, es el favorito para convertirse en el nuevo jefe del Estado y del Gobierno. Pero el relevo no será tan sencillo. Esta sucesión abrirá un proceso interno complejo, que supondrá una descentralización del poder y la irrupción de distintas familias dentro del Partido Comunista que pugnarán por el control del país. A ello se añade la insostenible situación en la que vive la sociedad cubana, con dificultades para cubrir sus necesidades básicas de alimento y agua potable, así como con unas muy precarias infraestructuras de vivienda, educación o salud pública, desde el colapso, primero, de la Unión Soviética y, segundo, de su socio venezolano, que mantenían al régimen cubano a flote. El castrismo intentará sostenerse, pero es obvio que nada será igual sin los Castro. La duda es si los cambios llegarán a corto o medio plazo, pero los pilares del régimen se irán quebrando ad intra (dentro del Partido) y ad extra (frente a la sociedad). La primera muestra de debilidad del régimen son los resultados de las elecciones legislativas del pasado 11 de marzo de 2018, en las que cayó llamativamente, y por primera vez, la tasa de participación (82.9%). La participación de los cubanos fue un 7.9 % más baja con respecto a las elecciones parlamentarias del 2013 (90,8%), un descenso (que podría parecer tímido en otras latitudes, pero no en una dictadura, en la que el voto no es una opción ni un derecho), y que se puede atribuir a la apatía y desafección política de los cubanos. Después de estas elecciones, el Parlamento designará a 31 miembros para el Consejo de Estado, quienes seleccionarán entre ellos al nuevo presidente, cuyo nombre se conocerá el 19 de abril. Este hombre o mujer marcará un nuevo rumbo sin vuelta atrás para Cuba.

Xi Jinping hará de China la superpotencia del siglo XXI . El choque con EE.UU. es inevitable

En el otro extremo del mundo está China, el país comunista por excelencia, donde, aparentemente, todo va a continuar igual, pero nada será igual. El presidente Xi Jinping ha sido elevado a las alturas, tras la reforma constitucional, quedando posicionado al mismo nivel que Mao, Deng-Xiaoping o Jiang Zeming, los artífices del actual sistema. El Parlamento chino votó el 11 de marzo, a favor (con un 99,8% de los votos), de la reforma constitucional que permite que el presidente Xi Jinping se perpetúe en el Gobierno, frente a la norma anterior que limitaba su mandato a dos períodos de cinco años. El empoderamiento del presidente, que puede prolongar su mandato sine die, rebaja la capacidad de control del Congreso Nacional del Partido Comunista (hasta ahora pieza central de la elección de los presidentes cada cinco años y del diseño de las políticas quinquenales a desarrollar) y de otros órganos del Partido Comunista, lo que supone que el presidente Xi Jinping tiene vía libre para imponer su propio estilo al régimen. El primer paso será acrecentar las purgas internas para eliminar a sus detractores. El segundo, profundizar la senda capitalista de China, potenciando un comunismo de nuevo cuño, basado en una concepción nacionalista, en torno a las tradiciones chinas, algo más sensible a temas sociales y medioambientales, pero no así al reconocimiento de las libertades públicas. Este nuevo estilo maoísta de mandato unipersonal marcará, sin duda, la historia de China de los próximos años.

Putin y la consumación totalitaria . Un régimen que se perpetúa y con intereses antieuropeos

Lo mismo se puede decir de la Rusia de Vladimir Putin. El presidente ha dado en los últimos años un giro a la política exterior de Rusia, que vuelve a estar en portada, día sí, día no. Del mismo modo, se han ampliado sus prerrogativas presidenciales, entre las que figuran numerosos nombramientos de altos cargos, incluso en el ámbito judicial, y se han reducido las libertades de expresión y manifestación, atacando directamente a medios de comunicación, organismos no gubernamentales no afines a su política o líderes de partidos opositores. Putin quiere una Rusia fuerte y unida, una Rusia que sea un actor hegemónico en la política internacional, para lo que necesitaba revalidar su liderazgo: la primera, eliminando a la oposición en casa; la segunda, permitiendo alargar su mandato presidencial. Putin ganó las elecciones, el pasado domingo 18 de marzo, sin oposición destacada al frente y con todo el aparato mediático a su servicio. Su triunfo fue sideral (siendo apoyado por el 76,66% de los votantes), a mucha distancia del comunista Grudinin (11,8%) y del resto de candidatos de paja que concurrían en los comicios. Los observadores electorales no dudan de su victoria, aunque hablan de una clara falta de transparencia y de una falta de libertad de los electores en el ejercicio de su voto, a lo que se añade la denuncia de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE) al respecto, debido a que hubo 17 candidatos potenciales  a la presidencia que fueron rechazados, por diversas razones, por la Comisión Electoral Central. El neopresidencialismo de Putin marcará también una nueva era, alineada con su objetivo de fortalecer la capacidad defensiva del país y ser un actor estratégico a escala global. La siguiente frase lo resume bien. Preguntado por sus relaciones con Estados Unidos, Putin contestó: “Rusia nunca perdió la Guerra Fría… porque nunca terminó”.

Imagen de portada:  Un hombre cruza en bicicleta frente a un muro con mensajes alusivos a las elecciones generales de diputados nacionales y provinciales | Agencia EFE
Escrito por

Vicedecana de la Facultad de Derecho de la USP CEU y Profesora titular de Ciencia Política. Doctora en Estudios Europeos por CEU Cardenal Herrera, máster en Ayuda Internacional Humanitaria por la Universidad de Deusto y experta en sistemas políticos comparados y procesos electorales.

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