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La Reina, Cifuentes y el “ethos retórico” . El vínculo con la sociedad es fácil de romper

El concepto retórico del ethos, forjado por Aristóteles, ha llegado a nuestros días. El delicado vinculo entre los personajes públicos y la sociedad puede romperse en cualquier momento. La Reina Letizia y Cristina Cifuentes dan muestra de ello.

Mila Kunis es una bellísima actriz de origen ucraniano afincada en Estados Unidos que conquistó, con sus facciones serenas y elegantes, a la que posiblemente sigue siendo la firma de lujo que mejor representa la esencia de la elegancia: Christian Dior. La prestigiosa marca vistió para sus campañas a Kunis con un estilo que recordaba fácilmente a esa sencillez sofisticada de los mejores tiempos de Audrey Hepburn. Y, supongo, Kunis se embolsó un buen dinero por un contrato en el que se convertía en embajadora de la esencia de Dior.

Pero ocurrió que cada vez que la actriz era fotografiada en su vida cotidiana, muy seguida por los medios de comunicación, sus estilismos, en absoluto cuidados, más propios del que va a hacer gimnasia o se dispone a un zafarrancho doméstico de limpieza, no cuadraban con esa idea de sofisticación que siempre acompaña a Dior. A la empresa le pareció que aquello pasaba de castaño oscuro y rescindió el contrato con la actriz.

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Este hollywoodiano ejemplo pone de manifiesto la importancia del ethos retórico, un concepto acuñado por Aristóteles que se refiere a ese finísimo, casi imperceptible vínculo que se establece entre el orador y su público, ese enlace que nos hace fiarnos de alguien porque se lo ha ganado. El problema de ese vínculo es que está fabricado de algo parecido al cristal: aparentemente duro, pero tremendamente frágil. El más mínimo golpe suele quebrar toda la estructura, aunque fuera, en apariencia, perfecta.

En efecto, la perfección de ese ethos requiere de un notable esfuerzo por parte del orador, responsable de mantener limpio cristalino ese frágil enlace de cristal que lo une con su público. Para lograrlo, tiene que alimentar esa imagen de sí mismo que ofrece al exterior a través de aquello que deja entrever. Por ejemplo, el ethos de un buen periodista, su reputación, se mantiene y enriquece gracias a la fiabilidad de los textos que publica. Y esa fiabilidad la logra con tesón y buenas fuentes. Las buenas fuentes las consigue porque es una persona de confianza que siempre cuenta la verdad y los que aman la verdad recurren a ese profesional como transmisor de su mensaje.

Para mantener el ethos es, pues, imprescindible, mostrar una imagen adecuada, conforme a lo que somos. Pero es también fundamental que la imagen no sea ficticia, porque si es así, tarde o temprano acabará por traslucirse la verdad. Nuestros jóvenes tienen una expresión muy acertada para traducir este concepto: ellos lo llaman “postureo”, que significa fingir una imagen que no es la real. Esta “esquizofrenia multimedia” amenaza la buena salud psicológica de muchos jóvenes, atrapados en la espiral de parecer algo distinto a lo que son. Y la mejor manera de salir de ella es parecer lo que son y que, lo que sean, sea bueno.

https://twitter.com/cifupresidenta/status/982650106137726976

Este peculiar trabalenguas de ser y parecer es el que no han comprendido dos de las personas que se han convertido, sin lugar a dudas, en protagonistas del panorama mediático: Cristina Cifuentes y la Reina Letizia. A las dos, por motivos distintos, les ha ocurrido en solo unos días que un mínimo golpe sobre el quebradizo y cristalino vínculo de cristal con su público ha dado al traste con su ethos retórico, porque han dejado de representar lo que aparentemente eran.

La desgracia de la ruptura del ethos retórico es que no es necesario que el motivo que dispara el proceso sea real. Basta con que “parezca” real, con que la imagen que el público se dibuje en su cabeza sea suficientemente atractiva y verosímil. Es muy probable que Mila Kunis sea la elegancia personificada en sus formas en casa, pero la imagen que difunde vestida con un exceso de desidia parece más real que la otra imagen que no vemos. Y eso basta para quebrar el finísimo cristal de su reputación.

Desconocemos qué había tras el viralizado enfrentamiento de la Reina Letizia y su suegra, la Reina Sofía. Tal vez fue un mínimo desencuentro que no implica una mala relación sino una circunstancia puntual. Pero no habrá manera de deshacer la imagen que el público se ha labrado en su cerebro. Y quizá el escándalo del máster de Cristina Cifuentes, del que hoy solo sabemos que anda camino de la Fiscalía, solo tenga que ver con una mala praxis administrativa, pero las lagunas que quedan en el discurso de la presidenta de la comunidad sobre el modo adaptado en que cursó las materias han resultado motivo suficiente para que el ciudadano medio sienta quebrado su ethos. Y el problema es que una mella en un fino cristal ya no tiene arreglo de cara a la opinión pública.

Escrito por

Doctora en Periodismo, especializada en investigación sobre la vinculación entre medios de comunicación, familia y educación. Miembro del Instituto CEU de Estudios para la Familia y directora de la revista "Hacer Familia".

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