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ETA no se disuelve, siete años después de su último asesinato . Memoria para las víctimas

A pesar de anunciar un inminente desarme, la banda terrorista ETA se niega a disolverse y mucho menos a reconocer todo el daño y el dolor provocado a centenares de víctimas inocentes. 

Hace siete años, ETA mató por última vez. La víctima fue el policía francés Jean-Serge Nérin. Tenía 53 años y era padre de cuatro hijos. Los terroristas acababan de asaltar un concesionario cerca de París y Nérin les hizo frente. Meses después, el 20 de octubre de 2011, la banda anunció el cese definitivo de la violencia. A ello contribuyó ante todo la acción del Estado, que logró poner en jaque toda su estrategia criminal. El último movimiento ha sido el de filtrar un desarme unilateral que debería llevarse a cabo el 8 de abril.

Varias son las iniciativas que se han puesto en marcha para invertir la tendencia a olvidar a las víctimas. Uno de los esfuerzos más loables es el del Defensor del Pueblo, que emitió un estudio sobre los derechos de las víctimas de ETA

Desde entonces, la banda terrorista ha ido cayendo de la lista de preocupaciones de los españoles, hasta el punto de que resulta irrelevante si atendemos a las últimas encuestas del CIS. Esto es así a pesar de algunas noticias recientes que demuestran que no termina de desaparecer: la detención del líder de la banda Mikel Irastorza, el hallazgo de dos zulos repletos de armas, la agresión a unos agentes de la guardia civil y a sus acompañantes en Alsasua, la excarcelación de los asesinos que han cumplido sus condenas, los carteles en la Facultad de Ciencias Políticas de la Universidad Complutense de Madrid donde se recuerda a los asesinos como víctimas del sistema penitenciario español, las imágenes de violencia en las calles de Pamplona del fin de semana pasado… ETA solamente ha caído en el olvido. De todas maneras, no deja de sorprender la pérdida de interés, al menos para las generaciones que vivieron el secuestro de Ortega Lara y el crimen de Miguel Ángel Blanco.

ETA

Homenaje a las víctimas de ETA en Salamanca. Foto: AVT

La banda nació en las navidades de 1958. La fundaron varios disidentes de las juventudes del Partido Nacionalista Vasco que entendían que la violencia era un cauce adecuado para lograr la independencia. De ETA surgió la izquierda abertzale, que nunca ha terminado de imponerse a la banda. Como escribe Gaizka Fernández Soldevilla en las primeras líneas de su libro La voluntad del Gudari, “un dato en el que a veces no se ha insistido lo suficiente ha sido la elección voluntaria del terror por parte de ETA y los etarras como instrumento de acción política”. Obviamente había otras vías para alcanzar sus fines, como demuestra la trayectoria de la mayoría de grupos políticos que actuaron durante esos años.

La primera víctima fue el guardia civil José Antonio Pardines (†7-6-1968). Lo mató Javier Etxebarrieta. El agente formaba parte de un control rutinario de tráfico en una zona de obras de la carretera Nacional I. Etxebarrieta le disparó por la espalda porque creyó que le había descubierto a él y a su compañero Iñaki Sarasketa.

Es preciso contraponer al paso del olvido la fuerza transformadora de la memoria que evite en el futuro la legitimación de la violencia pasada y de la ideología que la ha sustentado

El Gobierno de España reconoce 829 víctimas. No obstante, en el libro Vidas rotas. Historia de los hombres, mujeres y niños víctimas de ETA, es posible leer que Pardines fue el segundo de 857 asesinatos. Habría que sumar a Nérin, que fue asesinado a posteriori de la publicación. La niña Begoña Urroz Ibarrola, que figura la primera y que fue alcanzada por una bomba incendiaria colocada en la estación de Amara en 1960, fue una víctima del terrorismo, pero no de ETA. La gran discrepancia entre una y otra lista serían los muertos a manos de los Comandos Autónomos Anticapitalistas. Más de 300 casos siguen sin esclarecerse judicialmente.

Lo más preocupante es el peso político que tienen los herederos de ETA en las instituciones. Recordar a las víctimas es una de las mejores maneras de deslegitimarlos. Como dijo Antonio Salvá, padre de uno de los últimos guardias civiles asesinados por ETA, las víctimas “son como una piedra en los zapatos de los políticos”.

Una lucha incansable contra el olvido

Varias son las iniciativas que se han puesto en marcha para invertir la tendencia a su olvido que hemos subrayado. Uno de los esfuerzos más loables es el del Defensor del Pueblo, que emitió un Estudio sobre los derechos de las víctimas de ETA. Su situación actual. Teniendo en cuenta lo frustrante que está resultando la vía judicial, el informe incidía en la línea del “relato y el recuerdo de los atentados terroristas de ETA en la Historia”. Como escribieron Rogelio Alonso, Florencio Domínguez y Marcos García Rey en el prólogo de su libro Vidas rotas, es preciso contraponer al paso del olvido “la fuerza transformadora de la memoria que evite en el futuro la legitimación de la violencia pasada y de la ideología que la ha sustentado”. En este sentido, es fundamental seguir recordando esta historia criminal para que no vuelva a repetirse, abundando en la violencia cotidiana y el miedo que el entorno contribuyó a fijar durante décadas y que aún no ha desaparecido. Las carencias son notorias, pero hay algunas buenas noticias. Se ha creado el Centro de la Memoria de Vitoria, previsto en la Ley 29/2011, de 22 de septiembre, de Reconocimiento y Protección Integral a las Víctimas del Terrorismo. El CEU puso una pequeña piedra en este sentido mediante del Observatorio Internacional de Víctimas del Terrorismo, como reconoce el informe del Defensor del Pueblo.

El país en el que las víctimas eran culpables

El Archivo Online sobre la Violencia Terrorista en Euskadi permite consultar un amplio repertorio de testimonios y recuerdos. El terrorismo y sus consecuencias ya se estudian en los colegios, aunque de una manera superficial: falta precisión, no hay estadísticas y no se incide en la repercusión social del fenómeno. En esa dirección iba el Informe Foronda. Los efectos del terrorismo en la sociedad vasca (1968-2010), que firmaban Raúl López Romo, Luis Castells, José Antonio Pérez y Antonio Rivera y que abordó una aproximación sociológica al tema. La novela Patria, de Fernando Aramburu, que trata precisamente ese sufrimiento diario de miles de personas, ha llegado a estar entre los libros más vendidos de 2016 y aún se mantiene en los primeros lugares en 2017. También es destacable el trabajo de toda una joven generación de historiadores del País Vasco que, como el mencionado Gaizka Fernández Soldevilla, no deja de revelar ejemplos de la alteración y manipulación de la Historia en relación con el nacionalismo vasco y los intentos de contextualizar el terrorismo, si no justificarlo.

Foto de portada: Manifestación en contra de ETA. Observatorio Internacional de Víctimas del Terrorismo.
Escrito por

Doctor en Historia Contemporánea, profesor de la USP CEU y director del Colegio Mayor de San Pablo.

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