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Florece el negocio de la esclavitud gracias al aumento de los flujos migratorios ilegales

Un secreto a voces que ahora se hace más visible gracias a un reportaje elaborado por la CNN en Libia. La Unión Europea destina 10.000 millones de euros para luchar contra la marea de refugiados e inmigrantes ilegales.

En más de 16.000 millones de euros anuales cifran diversos organismos y agencias de la ONU y la Unión Europea el volumen de negocio de las mafias que trafican con seres humanos. Una actividad que está cada vez más globalizada e interconectada: guías, transportes a través del desierto, pasaje en pateras u otras embarcaciones de fortuna entre las dos orillas del Mediterráneo, falsificación de documentos y encaje en redes de prostitución.

El negocio no es estático; se reinventa y modifica constantemente, de manera que la curva de beneficios se mantenga siempre en ascenso. Así se interconectó el transporte de diversas cantidades de droga en no pocos casos por quienes han de pagar cantidades exorbitantes para llegar a las costas europeas. Al traficante de mercancía humana, la vida de tantos hombres, mujeres y niños en busca de una vida mejor en Europa solo le importa en relación con el rendimiento económico que pueda obtener en cada etapa o en cada faceta de la peripecia de ese emigrante ilegal.

Pero a las costas norteafricanas desde las que se despachan las pateras hacia España, Italia o Grecia no llegan todos. Muchos mueren por el camino. Y a muchos otros les espera no el paraíso europeo con el que sueñan sino una vida, mientras la conserven, como esclavos, vendidos como tales en los mercados de muchos puntos de África.

La existencia de estos zocos medievales era y es un secreto a voces, pero ahora se ha amplificado a todo el mundo a raíz de un reportaje, rodado en gran parte con cámara oculta, por la CNN en la devastada Libia. En él se contempla la subasta clandestina, a las afueras de Trípoli, de varios hombres. Los que pujan se hacen dueños de la vida de los menos fuertes por el equivalente a unos 170 euros; los que aparentan una mejor complexión para trabajar en el campo pueden llegar a adquirirse por algo más de 400. El precio de las mujeres, con certeza destinadas todas a la esclavitud sexual, oscilan entre los 300 y los 500 euros.

Inmigración ilegal, un drama cuya solución es perseguir a las mafias, no avivar la xenofobia

Ese mercado de carne humana en las cercanías de la capital libia parece abastecerse en gran parte de migrantes denunciados por las propias mafias a la guardia costera libia. Una vez detenidos y retornados a tierra, los desdichados son encerrados en la cárcel, de manera supuestamente provisional, hasta ser repatriados a sus países de origen. Ello no siempre ocurre, porque lo que encuentran esos migrantes frustrados es alguien que los saca de prisión tras pagar el correspondiente soborno, pero no para reintegrarle a su aldea de origen, sino para venderlo como esclavo.

La vieja tradición del esclavismo

Según CNN, se han documentado subastas en al menos nueve ciudades, además de la propia capital libia: Sebha, Zuara, Sabratha, Castelverde, Gharyan, Alrujban, Zintan, Kabaw y Ghadames. Todas ellas, especialmente Sebha, son puntos de paso fronterizos obligados, en los que los migrantes, que ya llevan meses o años de viaje a las espaldas, habrán de contratar nuevos servicios para hacer los más de mil kilómetros que aún los separan de la costa. Vienen de Mali, Camerún, Nigeria o Costa de Marfíl. Son todos de raza negra, tradicionalmente despreciados por los árabes, y como tales sometidos a esclavitud desde mucho antes de que las potencias europeas se repartieran y colonizaran el continente africano.

El florecimiento actual del negocio de la esclavitud está en relación directa tanto con el aumento de los flujos migratorios ilegales, como con el desmembramiento de Libia, a raíz de la caída del régimen de la antigua Gran Yamahiriya Árabe Libia Popular y el inmisericorde linchamiento de su líder, Muammar El Gadafi.

Los bombardeos franco-británicos de Libia, decididos por Nicolas Sarkozy (Francia) y David Cameron (Reino Unido), y respaldados (leading from behind) por Barack Obama (Estados Unidos), no han desembocado en un nuevo país más o menos articulado. Lo que han alumbrado es un inmenso solar, dividido en territorios de fronteras difusas y cambiantes, según el poder de los mercaderes de armas y chatarras nucleares, y de los siniestros traficantes de personas.

Culpar a la Unión Europea

Como es habitual, la emoción provocada en la opinión pública por el “descubrimiento” por CNN de la tragedia de la esclavitud en pleno siglo XXI está sirviendo para culpar a la Unión Europea, so pretexto de favorecer tal práctica al cerrar sus fronteras a los flujos migratorios.

Numerosas plataformas que dicen defender los derechos humanos y se arrogan el derecho de bendecir o condenar los acuerdos de la UE con diversos países africanos para canalizar las avalanchas y reconducirlas hacia una emigración ordenada condenan con el mismo tono vehemente tanto las inversiones para proteger las fronteras exteriores de la Unión (Frontex), como el adiestramiento y capacitación de las fuerzas de seguridad de los países norteafricanos.

La multiplicación de sus críticas motivó una reunión de urgencia en Abiyán (Costa de Marfíl) en la que el francés Emmanuel Macron, la alemana Angela Merkel, el italiano Paolo Gentiloni y el español Mariano Rajoy tuvieron enfrente a varios jefes de Estado africanos, con objeto de acelerar las medidas de cooperación que frenen el impulso de las jóvenes generaciones subsaharianas de aventurarse a viajar ilegalmente a Europa.

Como gran parte de los problemas, este se paliaría con dinero, con mucho dinero. La UE destina en conjunto 10.000 millones de euros a contrarrestar la marea de refugiados (6.000 millones de ellos, a Turquía) y de inmigrantes ilegales. Lejos quedan aún, por lo tanto, de los 16.000 millones que se embolsan los negreros del siglo XXI.  

Imagen de portada: Una mujer sostiene un cartel contra la esclavitud y las subastas de esclavos en Libia durante una manifestación en Ginebra | Agencia EFE
Escrito por

Periodista. Cofundador de Euronews y fundador y primer director del Canal 24 Horas de TVE.

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