Diario de análisis, reflexión y valores    

 

Un Rajoy muy escurridizo, que hasta ahora ha demostrado estar por encima de sus críticos

Los enemigos de Mariano Rajoy están tan empeñados en desprestigiarle que no son conscientes de que conseguir esa actitud por su parte es la táctica del Presidente para derrotarlos.

Uno entre tantos refranes chinos dice que “despreciar al enemigo es el camino más rápido para que te derrote”. Este es el tercer artículo que escribo sobre Rajoy en poco tiempo en El Debate de Hoy. Reconozco que Mariano Rajoy me desconcierta tanto como me disgusta. Cuando analizo sus palabras siempre me dan que pensar y aumentan mi convicción de que está muy por encima de sus críticos. Tan empeñados están en desprestigiarle que no acaban de captar que animarles a que le desprestigien forma parte de su táctica para derrotarlos.

Comentando con un amigo, buen observador de la política, me dijo, tras el interrogatorio ante el juez de la Gürtel, que nuestro problema con Rajoy consiste en que, por mucho que no guste a casi nadie, cuando lo comparamos con sus rivales, siempre se vuelve a Rajoy por exclusión de los demás: todos salen malparados de la comparación.

Sus oponentes están tan convencidos de su mediocridad, que de entrada lo menosprecian. Sufren de hipoxia. Juzgan la política como si compartir una ocurrencia en la altura de una columna de periódico sustituyera a la pedestre realidad. El comentario ha de ridiculizarlo por definición. La complicidad con lo preestablecido se antepone al análisis realista. Se busca el compadreo con el lector como si ese reconocimiento tuviera más significación que la literaria. La predisposición al menosprecio no es un modo de explicación, más bien un camino para que las expectativas se vean continuamente frustradas. Los adversarios se ríen de Rajoy, que es lo que Rajoy necesita para reírse de sus adversarios. Como la realidad es la que es, por gallega que parezca, el método de echar palomitas al lector para que mastique mientras mira la película, no le ayuda a comprender la trama. Ayuda a confirmar en sus trece al que busca más confirmarse en las trece que comprender lo que pasa.

Juan José Millás escribe que Rajoy “el miércoles, sin ir más lejos, convirtió en normal el hecho de que un presidente del Gobierno declarara como testigo en un juicio por corrupción de su propio partido. «Afronta la comparecencia con normalidad», anunciaron sus portavoces frente a un público que, a medida que pasaba el tiempo, se convencía íntimamente de lo común de la situación. Si Rajoy atropellara mañana a una ancianita, después de una mariscada gallega regada con abundante cava catalán, en 48 horas nos parecería normal”. Puede ser gracioso, pero no sirve de ayuda. Sobre todo, porque Rajoy no convirtió en normalidad ir de testigo como Presidente, sino que, aunque sea excepcional que lo haga un Presidente, lo normal es responder a las exigencias de la justicia, aunque lo sea. Es improbable que Millás no advierta la diferencia. Pero como presupone obligatorio desdeñar a Rajoy, su presuposición no le da pie para advertir a sus lectores que, una vez más, Rajoy se zafó de sus raptores. Cuando se confunde pillar a alguien con las manos en la masa con tratar de pescar a un pez con las manos, no puede extrañar que, una vez tras otra, el pez se les escape y no se encuentre la masa donde se creía que estaba.

Sospecho que Millás, como otros, hubiera disfrutado ver al testigo amilanado ante el intento de acoso, y que, en lugar de salir del juicio con la normalidad de un testigo, hubiera salido con la faz de un “investigado”. Puede, pero el gusto no hace la realidad. Sorprende que comentaristas perspicaces no sepan interpretar con realismo los comentarios de Rajoy. Expresan una experiencia política que explica que haya salido indemne de cuantos problemas ha tenido que afrontar, nadando como una trucha contra corriente. “Lo exagerado corre el riesgo de acabar siendo irrelevante” y “la ansiedad es siempre mala consejera”. Podrán parecer insulsos. Pero estos aforismo muestran por qué Rajoy está por delante de quienes corren tras él para pillarle mientras una y otra vez se les escapa.

Rajoy debe meditar su sucesión

Los aforismos de Rajoy explican por qué sobrevive a contingencias complejas. Es posible que el PP no haya terminado de pagar todavía el precio de la corrupción. Pero negarse a ver que la corrupción no es un problema que distinga al PP de los demás partidos, es negar lo evidente. No entender que la campaña de desprestigio contra Rajoy es un agravio comparativo con el PSOE, con la antigua Convergencia, incluso con Podemos por querer convertir la corrupción en el problema principal de un país que entró en una crisis profunda y que se está recuperando de cifras de desempleo paralizantes, es no querer situarse en la posición del ciudadano. Y, por más que se pretenda tejer una tercera vía entre el inmovilismo de Rajoy y la sedición catalana, el Estado de Derecho es lo que es. Si se acepta la Constitución y al Tribunal Constitucional, la búsqueda de una tercera vía es solo un ejercicio retórico para entretener al espectador.

La campaña de desprestigio contra Rajoy es un agravio comparativo con el PSOE, con la antigua Convergencia, incluso con Podemos por querer convertir la corrupción en el problema principal de un país que entró en una crisis profunda y que se está recuperando

Jorge Galindo ofrece en la misma página otro ejemplo. Comenta que la “filosofía” de Rajoy es adaptarse al entorno en lugar de modificarlo. Personalmente lo comparto, y creo que es el principal motivo de crítica entre el electorado conservador. Pero arguye como ejemplo un disparate asimétrico. Dice que “en Cataluña, su variante es «la ley es la ley» . Que, por supuesto, lo es, y está para cumplirse. Como también contiene en sí misma la posibilidad inexplorada de su modificación por consenso”. ¿Se ha detenido un momento Galindo a analizar lo que entraña esa “posibilidad inexplorada”? El afán de encontrar un tertium quid llega al absurdo de establecer simetrías donde no las hay. Ni esa “posibilidad” es una obligación política ni su “exploración” está hoy al alcance de Rajoy ni de sus perseguidores. Entre otras cosas tienen que ponerse de acuerdo en que el “no es sí”.

Hace días escribí que Rajoy podría irse por la puerta grande. Sigo creyendo que haría un bien al país si tuviera esa amplitud de miras. A la vista de sus últimas declaraciones, creo que no lo hará. Como su conocimiento práctico de la política es muy superior al de sus contrincantes, aparte de acabar “a la gallega” con la sedición catalana, es posible que también gane la carrera a quienes le persiguen, a base de escurrir el bulto cada vez que lo crean atrapado. Y luego, conjeturo, elecciones. El tiempo dirá.

Imagen de portada: El presidente Mariano Rajoy en la rueda de prensa con la que cerró el curso político en Moncloa | Agencia EFE
Escrito por

Periodista y escritor. Profesor emérito de la USP CEU.

...

Deja tu comentario

Simple Share Buttons
Simple Share Buttons