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Castilla-La Mancha se convierte en el tubo de ensayo para gobiernos entre PSOE y Podemos

El socialista Emiliano García-Page integra en su gobierno a dos miembros de Podemos para conseguir el apoyo de la formación morada a los presupuestos regionales. José García Molina, secretario general de Podemos en la región, pasa a ser el nuevo vicepresidente segundo del Gobierno autonómico e Inmaculada Herranz ocupará un cargo de Consejera.

El gran valedor de Susana Díaz se pliega a los deseos/órdenes de Pedro Sánchez e inaugura una carretera flamante para el primer gobierno de coalición entre el PSOE y Podemos. Pongamos que hablo de Emiliano García-Page. Y también de un lugar de la Mancha de cuyo nombre empiezan a no querer acordarse algunos militantes de ambos partidos contrarios a esa forma de gobernar y que no sólo se han considerado rivales, sino que, hasta hace nada, en ese mismo escenario, se tiraban los trastos a la cabeza.

 

¿Qué ha pasado? Algo sabido desde hace tiempo: el poder es un cemento de reconocida dureza (casi como el rostro de algunos personajes llamados con vocación invencible al servicio público) y la política siempre ha hecho extraños compañeros de cama. La increíble recuperación de la secretaría general del PSOE por Pedro Sánchez, después de un periodo de turbulencias socialistas que partieron en dos al partido, ha supuesto el triunfo, por ahora (en la España actual todo es por ahora), de su política revanchista y su convencimiento de que el objetivo de su acción, que no es otro que echar a Mariano Rajoy de la Moncloa, resume todo su programa: ni reformas, ni políticas sociales, ni nación de naciones, ni gaitas. Quítate tú, Mariano, que me pongo yo, y ya verás lo que es bueno. Porque en el PSOE somos la izquierda y el primer partido de la oposición. Además, lo dice la última encuesta del CIS, vosotros bajáis y nosotros subimos. La derecha tiene los días contados al frente del gobierno.

Pero para que tal cosa se produzca no hay otro camino que intentar consolidar alianzas con cuantos se presten a ello. Podemos -el partido del sorpasso aplazado, el que no quiso investirle presidente cuando se podía-resulta indispensable. Una moción de censura sólo es posible con Podemos y “tutti quanti” ayuden a sumar votos frente al tandem que forman el PP y su muleta naranja (como llama al partido de Albert Rivera el número 2 de Podemos, Pablo Echenique). La política son matemáticas también.

De ahí que Sánchez haya visto en la colaboración con Podemos en Castilla-La Mancha y en su ambiguo acercamiento al nacionalismo, repartiendo etiquetas de nación a troche y moche, una oportunidad de allanar su siempre cuestionado futuro. Acostumbrados a toda suerte de maniobras, en un momento de convulsión nacional en el que por primera vez se reniega institucionalmente del espíritu y de las conquistas de la Transición (con una autonomía, Cataluña, poniendo en jaque nada menos que la unidad de España), el episodio de Podemos aliándose con el otrora denostado miembro de “la casta”, el PSOE, esa socialdemocracia cómplice a la que había que derrotar, puede pasar como una peripecia más de este trance español caracterizado por el debilitamiento de la autoridad, la ausencia de liderazgo y las ideologías más que crepusculares, acomodaticias.

Pero no es una incidencia sin importancia en el discurrir de la vida nacional. Es especialmente relevante y significa varias cosas, de las que conviene tomar nota. La primera, que Podemos, el partido antisistema de influencia bolivariana, que nació  de la indignación contestataria bajo el paraguas del “no nos representan”, toca poder real, se sube a un autobús que no es el de denigrar a los adversarios políticos, sino el del gobierno, al que venían sosteniendo desde su investidura, como en otras tres autonomías –Baleares, Aragón y la Comunidad Valenciana– pero al que ahora aportan un Vicepresidente y una consejera para la que se ha creado (¡ah, la legendaria capacidad para la invención y la ocurrencia de las Comunidades Autónomas!) una consejería nueva de nombre confuso: la de coordinación del plan de garantías ciudadanas. Es como si quisieran poner distancia con el gobierno de García-Page, como si fueran artistas invitados a un concierto que dan otros. Pero en los gobiernos, aunque sean autonómicos, se toma partido, “partido hasta mancharse”, como decía el poeta Gabriel Celaya.

Teniendo en cuenta que las elecciones autonómicas las ganó el PP, con 16 escaños, que el PSOE se quedó en 15 y que Podemos tiene sólo 2 diputados en el parlamento autonómico (uno de los cuales, David Llorente, del bloque anticapitalista de la formación, está en contra del pacto, por cierto), hay que reconocer que el peso de los votos podemitas ha sido valorado  de forma generosa. Pablo Echenique, que asistió al solemne juramento ante García-Page del vicepresidente segundo y la consejera de las garantías, José García Molina e Inmaculada Herranz, no ha tenido más remedio que decir, en nombre de Podemos, que es “un acuerdo que marca el camino de lo que podría y debería suceder en España”. Aunque no todos en Podemos comparten esta idea. El Consejo Ciudadano de Ciudad Real dimitió en bloque.

Tampoco parece demasiado feliz Emilio García-Page, que recuerda sin duda que él, como tantos otros barones socialistas, fue un aguerrido partidario de Susana Díaz y, lo que es más ilustrativo -y esa es otra de las lecciones de este pintoresco episodio- un adversario rotundo de Podemos. El PSOE no necesitaba a Podemos para nada.
Donde dije digo, digo Diego. El refrán no es de ahora, aunque en política se haya aplicado mucho, porque las convicciones son moldeables en los tiempos confusos. Pero algunos se resisten, a un precio alto, eso sí, a este sometimiento que impone Pedro Sánchez. Pongamos que hablo de Eduardo Medina. Pongamos que hablo de Antonio Trevín.

Imagen de portada: El presidente de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page (i), en reunión mantenida con el secretario general de Podemos en la región y actual Vicepresidente segundo, José García Molina,  en el Palacio de Fuensalida de Toledo. EFE
Escrito por

Periodista. Expresidente-director general de la Agencia EFE.

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