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Elecciones en Venezuela . Es necesario votar para castigar al régimen de Nicolás Maduro

El día 15 de octubre es necesario que los venezolanos acudan a las urnas en las elecciones regionales. El país ha de poner fin a un régimen que no se sostiene. Los votos serán el arma del pueblo para evitar que los miembros del chavismo permanezcan en el poder hasta el año 2021.

En 2005, la oposición venezolana se negó a votar en las elecciones a la Asamblea Nacional, aduciendo con ello que se le daría a Hugo Chávez la legitimidad para que gobernara en solitario, y así fue. El mero hecho de no votar le dio a Chávez una patente de corso para que hiciera con Venezuela lo que le diera la gana y, ni corto ni perezoso, eso hizo. El principal impulsor de la idea terminó, diez años más tarde, convirtiéndose en presidente de la Asamblea Nacional que, con sus aciertos y errores, logró destacar los horrores del gobierno de Maduro y darle al país, al menos por un tiempo, un alivio institucional de un par de años. Nos referimos a Henry Ramos Allup.

¿Fue acertada esa maniobra de 2005? Por supuesto que no. Dejó el espacio político al finado presidente Chávez para que hiciera lo que le dio la gana: literalmente. Pidió a la Asamblea Nacional gobernar por decreto y se lo concedieron. Una friolera que, a todas luces, lo convirtió en dictador con la anuencia del propio hemiciclo.

Siguiendo el ejemplo de 2005, algunos venezolanos consideran que participar en las elecciones de octubre de 2017 es traicionar la lucha que se ha hecho por Venezuela en los últimos meses, con el agravante de que ya no se está en la calle y se han olvidado los muertos, heridos, detenidos y presos. Una situación que, a todas luces, demuestra que la lucha va más allá de las calles, es y debe ser institucional.

Otros piensan que votar es aprobar al Consejo Nacional Electoral, a las máquinas de Smartmatic, que la oposición tiene cerrada la inscripción en siete estados, que estas elecciones son convocadas por una institución inválida, como lo es la Asamblea Nacional Constituyente; en fin, una serie de razones que, aunque son poderosas, no dejan de lado el hecho de que el ciudadano pueda expresarse frente a las urnas y, con ello, dejar de lado su sentir como pueblo: no se quiere más la tiranía de Nicolás Maduro.

https://twitter.com/eldebatedehoy/status/860086725154091009

Pero, y en esto “como” que se equivoca algún sector de la oposición venezolana que cree en milagros para salir del proceso revolucionario del socialismo del siglo XXI, eso de entregar los gobiernos regionales el 15 de octubre “como” que no es buena idea. Para poder mantener la batalla de transformar a Venezuela desde dentro hay que votar y respaldar a los gobernadores y alcaldes de la oposición que se postulan, con creencia de que su trabajo puede hacer mucho por el país; hay que votar, a pesar de que el Consejo Nacional Electoral no haya dejado inscribirse a la oposición en siete estados de los veintitrés que tiene el territorio venezolano.

¿Y qué significa votar en un país en el que no quedan garantías democráticas? Hacer acto de presencia, demostrar que se quieren transformaciones, decir que se tiene hambre de justicia y de respeto al derecho, plantear que se cree en la Constitución que se aprobó en referéndum en 1999, dejar sentado que se tienen necesidades básicas que no están cubiertas por el Gobierno, que es, en definitiva, el brazo visible del Estado.

Esa es la posición del líder opositor, Henrique Capriles Radonsky: las elecciones son una manera de castigar a Maduro. Y sí, lo son. Sí, el voto de castigo es una motivación para que los venezolanos acudan a las urnas, pues castigar a Maduro es la consigna. Con otro tono, pero con idea de participación, Leopoldo López considera que no hay “otra forma de salir” del “desastre que vive Venezuela”. El voto popular es la fórmula adecuada para salir del régimen de Nicolás Maduro.

https://twitter.com/eldebatedehoy/status/869494870645383169

Nada de abstencionismo complaciente ni de posiciones de creer en legitimaciones a un régimen que hace aguas por todas partes. Si no se vota, los gobernadores y alcaldes del chavismo estarán en sus sillas hasta 2021, justo el plan que tenía Chávez: estar en el poder hasta 2021. Y, si estar en el poder hasta 2021 significa que se les dejen las urnas libres para que comentan una nueva fechoría contra la mermada democracia venezolana, ¡adelante, señores de la oposición conformista y complaciente!

Ser parte de la oposición es eso, oponerse a aquellas cosas que los gobernantes no hagan de acuerdo al plan de nación, es decir, a los designios de la Constitución. Si eso pasa, no hay que dejar que sigan adelante, sino frenarlos en seco, decirles que no, que por ahí no, y, a la vez, dar a entender que el pueblo es bravo, tiene el coraje necesario para exigir lo que le corresponde.

No se pueden dejar de lado las protestas de los últimos meses. La primavera venezolana ha dejado en el corazón del pueblo opositor un saldo enorme de muertes, encarcelamientos, manifestaciones. Esta rebelión de abril no puede dejarse de lado cuando ha significado tanto para los venezolanos en materia de imagen política en el extranjero. Cuando durante cuatro meses no dejó de estar en las mesas de redacción el tema venezolano. Ahora que se han calmado los ánimos en la calle, ¿se va a dejar de votar? ¿Es que ahora se consigue comida y en los anaqueles hay medicinas? Y la inflación, ¿logró detenerse? Al contrario. La situación se agrava a tales niveles que ni siquiera hay billetes en la calle con los que comprar. Los asesinatos se siguen sucediendo. Las salidas de venezolanos de su patria se incrementan aún y con el increíble cese de funciones de las aerolíneas que operaban hacia y desde Venezuela.

Dejar en manos de Maduro la decisión de los destinos de las regiones venezolanas es, por decirlo rápido, permitir que todo se vaya al garete.

Hay que votar y punto. Hay que votar en las elecciones regionales.

 

Imagen de portada: Lilian Tintori, ejerciendo su derecho al voto en las pasadas elecciones | Agencia EFE

 

Escrito por

Consultor de Comunicación y profesor de la UCJC. Exdirector de la Escuela de Comunicación Social de la Universidad Católica Andrés Bello de Caracas.

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