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El ‘tramabús’ de Podemos . Un ejemplo de la antidemocrática forma de hacer política

La formación morada continúa instalada en la provocación y en la “política-espectáculo”. El último ejemplo: fletar un autobús contra la corrupción, con el que recorrer las calles de la capital.

Si usted vive en Madrid y tiene la tentación de dejar el coche en doble fila, aunque sea unos segundos, en una calle céntrica, para hacer una gestión rápida, no lo haga. Recuerde lo que le pasó a Esperanza Aguirre por detenerse en un carril bus para sacar dinero del cajero de un banco: casi se la llevan esposada los guardias municipales, que son los antiguos guindillas que aparecen en algunas zarzuelas (se les debía llamar así por el color del uniforme), reconvertidos en sombríos y autoritarios agentes de autoridad.

Es seguro que si la expresidenta de la Comunidad de Madrid lo volviera a hacer ahora, con las aguas del Canal de Isabel II desbordadas por olas de indignación, sería llevada de inmediato por los justicieros agentes que vigilan y protegen nuestra municipal y espesa vida a la cárcel más cercana, a la espera de que el juez de turno, en medio del imponente ajetreo judicial, encontrase un hueco para poner las cosas en su sitio.

Esto es una broma, una mamarrachada, una ocurrencia. Suena a fiesta del rollo, a patochada de facultad. Tiene un aire pretendidamente contestatario, que finalmente resulta patoso.

Sé de lo que escribo. Yo me detuve en un cajero del Paseo de la Habana para hacer lo mismo que la señora Aguirre, a la velocidad con que el ilusionista Houdini se desprendía de sus ataduras, y me obsequiaron con una multa de 200 euros. Se dirá lo que se quiera de este ayuntamiento madrileño, sostenido por una amalgama de rebeldes podemitas y de socialistas enfadados y presidido por una jueza progre, pero su eficacia recaudadora no tiene parangón. La tradición de freír a multas a los ciudadanos viene de lejos, pero los actuales responsables del municipio la han mejorado. Tener coche en Madrid, y pretender utilizarlo, es una aventura costosa.

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Hay una salida: el autobús particular pintarrajeado. Haga como Podemos. Coja usted un autobús bien grande, muévase por Madrid, pare donde le de la gana, aparque en lugares estratégicos (preferentemente, frente a la sede de algún partido político que le caiga mal) y esté tranquilo, que no le va a pasar nada. No todo es intransigencia y malhumor en el automovilístico valle de lágrimas madrileño.

Si esta última maniobra del partido que llegaba para renovar la vida política no estuviera alimentada por un odio feroz, bastaría con que nos quedáramos con lo que tiene de broma

De pronto, el Ayuntamiento de Madrid ha hecho la vista gorda con un vehículo que ignora el estacionamiento regulado, invade espacios ajenos y, como una pancarta volandera, aprovecha su paseo por las calles para denunciar a los corruptos, que tanto abundan. Para poner en la picota a los condenados y a los que no lo han sido. A todos aquellos a los que Podemos tiene a bien estigmatizar, vituperar y señalar. Injuriar, sencillamente. Ponerles una estrella en la solapa, como hacían los nazis con los judíos.

Podemos ha adaptado a su peculiar manera de hacer política el autobús-denuncia puesto en marcha por “Hazte oír”, tan criticado en su momento y al que sí quisieron multar los responsables del Ayuntamiento de Madrid y que fue censurado e inmovilizado porque llevaba dos palabras pretendidamente malsonantes en su carrocería.

Podemos quiere poner en la picota a los condenados y a los que no lo han sido. A todos aquellos a los que Podemos tiene a bien estigmatizar, vituperar y señalar. Injuriar, sencillamente

Si esta última maniobra del partido que, en ingenua teoría, llegaba para renovar la vida política no estuviera alimentada por un odio feroz, bastaría con que nos quedáramos con lo que tiene de broma. Esto es una broma, una mamarrachada, una ocurrencia. Suena a fiesta del rollo, a patochada de facultad. Tiene un aire pretendidamente contestatario, que finalmente resulta patoso.

Como ha escrito Josep Ramoneda en El País, estamos ante “numeritos que ya no escandalizan a nadie y que si en principio llamaban la atención e incluso podían tener un impacto como denuncia, hoy más bien dan pena“. Y este analista político, tras señalar que Podemos anda marcha atrás (metáfora obligada, dada la ruidosa irrupción del autobús en la vida política) apunta que el partido de Pablo Iglesias y (antes) de Errejón, ha adoptado la “estrategia del ruido, del espectáculo permanente, que le aleja de ser reconocido por los ciudadanos como un potencial partido de gobierno y le condena a un papel estrictamente testimonial, una Izquierda Unida juguetona”.

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En el juego en el que Podemos quiere convertir la vida política, la broma del autobús (llamado “Tramabús” para elevar las derrotas electorales a la categoría de conjuras de una misteriosa trama de fuerzas que quieren impedir al asalto a los cielos) ha hecho surgir otras muchas en las redes sociales. Una, y muy relevante, sobre el conductor del autobús. ¿Quién mejor que Maduro, profesional del sector y protector venezolano de Podemos? Otra, con el sitio que le han destinado a Errejón en el vehículo: por fuera, agarrado a la rueda de repuesto y a punto de caerse.

El gran Josep Pla, formidable escritor en catalán e insuperable cronista en castellano, escribió en los años cuarenta uno de sus libros más amenos, sencillos y, al tiempo, brillantes: “Viaje en autobús”. Pla se subía a un autobús renqueante y sobrecargado y nos contaba lo que veía, del paisaje a los viajeros, de los mercados a las tertulias que se organizaban en las paradas, con anécdotas, visitas a fondas, charla permanente y reflexiones, llenas de humor y sabiduría, en torno a una vida vivida a ras de suelo. “Hay que viajar -decía Pla- para descubrir con los propios ojos que el mundo es muy pequeño y, por tanto, que es absolutamente necesario hacer un esfuerzo para dignificar la visión hasta llegar a ver las cosas en grande… Hay que viajar para aprender -a pesar de todo- a conservar, a perfeccionar, a tolerar”.

Pero el viaje de Pla era un viaje distinto del que ha emprendido, desde el rencor, ese autobús de Podemos que -otra metáfora- se averió al día siguiente de arrancar.

Foto de portada: El ‘tramabús’ de Podemos | Agencia EFE
Escrito por

Periodista. Expresidente-director general de la Agencia EFE.

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