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La gran alianza de las fuerzas progresistas . El más viejo y sectario Pedro Sánchez

Nuevas formas, para los más viejos discursos. Nuevas apariencias, para acabar defendiendo el sindicalismo más anquilosado, las políticas fiscales más destructivas de empleo y riqueza, e incluso el pacto con el nacionalismo que hoy amenaza nuestro esquema constitucional.

Pedro Sánchez acaba de presentar las bases de su candidatura a la Secretaría General del PSOE. De lo que él considera que tiene que ser el “nuevo” rumbo de un partido que debe partir de una sola idea: la “unidad de acción” de las izquierdas. Porque todo lo que se sitúa a su derecha es malo -excepción hecha del nacionalismo, claro está, porque si ataca al PP pasa a convertirse en bueno-. Y todo lo que queda a su izquierda es admisible, aunque se trate del populismo y el comunismo.

Vuelve el Sánchez de la entrevista de Évole. El de la defensa de Podemos. El de la comprensión hacia todo lo que no sea PP y el del odio a toda medida procedente de la derecha. El que nunca se fue. Todo un ejercicio de simplismo y sectarismo tan reprobable como temible ante la falta de respuesta contundente de sus supuestos competidores por el control del partido.

Las frases de su documento dibujan en 33 páginas el trasfondo de su estrategia: seguir apelando al instinto populista como mecanismo para ganarse a la militancia más radicalizada; como medio para seguir viviendo de la política en base al virus ideológico que se encargó de sembrar Rodríguez Zapatero entre los socialistas hace ya tres lustros.

Para Sánchez, la socialdemocracia “viene cometiendo un error las últimas décadas: no presentar una enmienda a la totalidad al sistema imperante, que es el neoliberal”. Porque “nuestro adversario político es el neoliberalismo y conservadurismo que encarna el PP”. ¿Y quién debe ser el amigo de los socialdemócratas, según él? Sindicatos y cualquier fuerza de izquierda. Incluidos Podemos, ERC, En Marea o cualquier otra, con tal de que comparta un instinto ofensivo hacia el “sistema imperante”.

Vuelve el Sánchez de la entrevista de Évole. El de la defensa de Podemos. El de la comprensión hacia todo lo que no sea PP y el del odio a toda medida procedente de la derecha. El que nunca se fue

Porque “ante la involución social y en derechos sufrida en España, hay que desarrollar la unidad de acción de todas las fuerzas que coincidan en la necesidad de desarrollar una democracia avanzada en lo político y en lo económico que haga progresar la justicia social”, añade Sánchez. ¿Significa eso que la democracia representativa, la que defienden todos los partidos salvo los antisistema, forma parte de una nueva categoría de democracias ‘atrasadas’, según el candidato a liderar el PSOE? ¿Significa que debe negarse el indudable avance económico y social de un país como España, que gracias a su democracia, su implantación en los mercados mundiales y el mantenimiento de sus principios de la Transición ha multiplicado por dos sus pensiones medias en los últimos quince años; ha elevado el gasto público per cápita en educación desde los 700 euros hasta los 1.150 en ese mismo periodo; ha impulsado el gasto público sanitario per cápita, desde los 780 euros hasta los 1.460; y ha favorecido un auge de la renta per cápita desde los 15.900 euros hasta los 23.200?

La crísis de la socialdemocracia

Un estado plurinacional como medida estrella

Pero los datos son lo de menos para un Sánchez y un documento en el que, sin miramientos, queda descartado no solo cualquier posible acuerdo futuro con el PP, sino incluso el pasado y reciente pacto que él mismo selló con Ciudadanos: porque ya no cabe ningún acuerdo “transversal”. Solo la unión de fuerzas con la izquierda y los sindicatos de clase.

Una estrategia que, en caso de imponerse, no solo aislaría al PSOE del bloque de partidos constitucionalistas en España. Lo aislaría, incluso, de la evolución de sus propios hermanos de partido del norte de Europa, donde la socialdemocracia no tiene problema en incentivar la atracción de empresas, en mantener costes por despido mínimos para evitar el miedo de las compañías a desarrollarse en sus países, en regular salarios mínimos interprofesionales reducidos como mecanismo de impulso a la generación de nuevos negocios, o en legislar el copago como medio de financiación del estado del bienestar.

Hermanos de partido que han aceptado, por ejemplo, tipos del IVA del 25% en Suecia y Dinamarca o del 24% en Finlandia; que han firmado copagos sanitarios en Suecia de hasta 35 euros con médico especialista o en Finlandia de hasta 90 euros por día de hospitalización; que han respaldado copagos por medicamentos de casi 500 euros/año en Dinamarca o indemnizaciones por despido mínimas como la de Suecia (de seis meses con más de 10 años en la empresa), la de Finlandia (seis meses con más de 12 años) o de Dinamarca (tres meses con más de 18 años).

La insistencia de Sánchez en un planteamiento radical y populista solo puede estar justificada en la percepción suya de que esa es la mejor manera de ganar voto entre las bases

Pero es quizás la propuesta del denominado “estado plurinacional” la que más polémica despertará en los próximos días. Porque Sánchez plantea “una reforma constitucional federal, manteniendo que la soberanía reside en el conjunto del pueblo español”, pero que “debe perfeccionar el reconocimiento del carácter plurinacional del Estado apuntado en el artículo 2 de la Constitución”. Es decir: ceder más, sin saber exactamente hasta qué límite, con tal de contentar al nacionalismo. Y en un momento en el que el desafío a la unidad de España y la Constitución es más explícito y mayor apoyo necesita España en defensa de su Carta Magna.

Todo ello, bajo el mantra de un supuesto estado federal sobre el que sigue sin aclararse qué nuevas cesiones se podrían realizar a las autonomías y, sobre todo, cómo se podría mantener el actual sistema de solidaridad territorial cuando es evidente que la justificación de todos estos cambios tan solo sería el deseo de adjudicar más dinero a la Generalitat catalana.

¿Explicará Sánchez a los militantes y votantes socialistas cómo se piensan financiar la sanidad, educación y servicios sociales de, por ejemplo, Andalucía o Extremadura (dos de sus grandes caladeros de voto y que absorben cada año 8.884 millones de euros netos del sistema de solidaridad, según las balanzas fiscales), si acepta la premisa nacionalista de que Cataluña (que casualmente contribuye con 8.800 millones anuales) deja de aportar?

Veremos la respuesta de las distintas familias socialistas a este documento. Veremos la respuesta, si definitivamente la hay, de Susana Díaz. Pero una cosa parece evidente. Y es que la insistencia de Sánchez en un planteamiento radical y populista solo puede estar justificada en la percepción suya de que esa es la mejor manera de ganar voto entre las bases. Es decir, que al menos bajo su percepción, el partido en su conjunto soportaría una elevadísima carga de radicalidad. Y eso no solo será un problema para el futuro del PSOE. Lo será para el futuro de España.

Foto de portada: Agencia EFE (Pedro Sánchez en un acto de campaña en la C.A. de Murcia)
Escrito por

Periodista.

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