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La lucha por la libertad en Cuba . El preso político Eduardo Cardet no puede ser olvidado

Eduardo Cardet, líder del Movimiento Cristiano de Liberación de Cuba, es uno de los numerosos presos de conciencia del régimen castrista. En el actual contexto de diálogo y cooperación de la Unión Europea con Cuba y el futuro viaje a la isla de los Reyes de España, debe de defenderse el respeto a los derechos humanos, que pasa por la liberación de los presos políticos.

Hace pocos días, la Fundación Paz y Cooperación otorgó el premio a la Libertad de Conciencia a Eduardo Cardet, líder del Movimiento Cristiano de Liberación de Cuba, quien desde finales del pasado mes de noviembre sufre prisión con una condena de tres años de cárcel impuesta por el régimen castrista.

Eduardo Cardet es un médico cubano, casado y con dos hijos, que había colaborado en el “proyecto Varela” liderado por Oswaldo Payá, un proyecto de ley en defensa de mayores libertades individuales. Tras la muerte de Payá, en julio de 2012, en circunstancias no esclarecidas, Cardet asumió el liderazgo del Movimiento Cristiano de Liberación y continuó su labor en favor de una transición pacífica a la democracia. Promovió una nueva campaña con el lema “un cubano, un voto”, para propiciar unas elecciones libres.

Cuatro días después de la muerte de Fidel Castro, Cardet fue detenido y procesado por atentar contra la “seguridad del Estado” y desacato a la autoridad. Fue una reacción de la dictadura para lanzar un aviso: aquí no se mueve nada y el régimen sigue tan fuerte como antes de la muerte de Fidel. El juicio fue una farsa y Eduardo Cardet fue condenado a tres años de prisión. Amnistía Internacional lo ha declarado “preso de conciencia”.

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Venezuela, con poderosísimas razones, está siendo ahora centro de nuestra atención. Pero no podemos olvidar a Cuba. Cuba sigue siendo una dictadura en la que no se respetan los derechos humanos, no existen libertades y, desde luego, no hay democracia. El partido comunista cubano sigue siendo el dueño de la situación y no tolera cualquier mínima disidencia. El caso del Movimiento Cristiano de Liberación es emblemático. Con algo de asombrosa ingenuidad, sus iniciativas lo único que hacen es utilizar los resquicios legales del régimen para pedir que haya derechos humanos, libertades y elecciones libres. Eduardo Cardet no es más que un honrado y ejemplar médico, un “médico del pueblo” lo llaman en su tierra, que ha asumido el compromiso cívico de luchar pacíficamente por la democracia en Cuba. ¿Por qué tiene miedo el régimen castrista a Eduardo Cardet?

El 12 de diciembre de 2016, mientras Cardet se pudría en una cárcel cubana, Federica Mogherini firmaba con el ministro de Asuntos Exteriores cubano el “Acuerdo de diálogo político y de cooperación entre la Unión Europea y sus Estados miembros con la República de Cuba”. El Acuerdo, con una extensión de más de 70 artículos, establece las bases de una amplia cooperación en numerosos ámbitos, lo que en la práctica supone la “normalización” de las relaciones de la UE con Cuba, enterrando la doctrina que privilegiaba la defensa y protección de los derechos humanos y las libertades en las relaciones con Cuba. El Acuerdo ha entrado ya en el Congreso de los Diputados y debe ser ratificado por las Cortes Generales en los próximos meses. Lo mismo están haciendo los otros veintisiete países de la Unión Europea.

En su artículo 1.5, el Acuerdo establece que “el respeto y la promoción de los principios democráticos y el respeto de todos los derechos humanos y libertades fundamentales establecidos en la Carta de las Naciones Unidas constituyen un elemento esencial del presente Acuerdo”. ¿Estamos dispuestos a convertir en papel mojado esta solemne declaración? ¿Qué quiere decir “elemento esencial” del presente Acuerdo? ¿A qué compromete a las partes signatarias? ¿En qué va a consistir el “diálogo político” que consagran los siguientes artículos del Acuerdo?

La pregunta que resulta inevitable hacerse es: ¿vamos a consentir con los brazos cruzados que un preso de conciencia como Eduardo Cardet, y como tantos otros, siga privado de libertad, por considerarlo un “asunto doméstico” cubano? ¿En el debate parlamentario que se desarrollará este otoño no se deberá plantear el “caso Cardet”y el del resto de presos políticos cubanos, con una clara exigencia de su puesta en libertad?

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Está ya anunciado el viaje de los Reyes a Cuba, que tendrá lugar en los próximos meses. Es un viaje que tiene toda la justificación, dado lo que representa Cuba para la historia de España y lo que deberá representar para nuestro futuro. Pero sería extraordinariamente importante que antes de dicho viaje se hubiera producido la liberación de Cardet.

La opinión pública española debe ser sensible a los casos de los presos de conciencia de Cuba, como lo está haciendo de modo admirable con la terrible situación de Venezuela. La “transición” en Cuba no debe reducirse a los aspectos económicos, sino a los derechos humanos, con el fin de la instauración de una verdadera democracia. Y seríamos hipócritas si no reconociéramos que en el terreno de los derechos humanos y de las libertades los avances del régimen cubano son rigurosamente nulos. Normalización de relaciones sin avances en derechos humanos resulta sencillamente inaceptable.

Escrito por

Ex diputado a Cortes Generales.

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