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El Rey y su discurso despiertan valores de unidad que muchos españoles habían olvidado

La intervención de Felipe VI ante la nación ha conseguido que gran parte de la ciudadanía recuerde el valor de la Constitución y la unidad de España. Es momento de dar un paso al frente para defender el Estado de Derecho. 

El día 2 de octubre envié un artículo a EL DEBATE DE HOY con el título “Solo nos queda el Rey”. Se retiró porque el Rey compareció ante los españoles antes que el artículo. Reproduzco algunos de sus párrafos:

“Os dieron a elegir entre el deshonor y la guerra, perdisteis el honor y encontraréis la guerra”, dijo Churchill al primer ministro Chamberlain cuando este propuso que el parlamento británico suscribiera los acuerdos de Munich para apaciguar a Hitler. Terminando la guerra, Churchill, desfallecido por sentimientos de culpa, tuvo la tentación de claudicar ante su propia consigna. Hoy hemos de quedarnos con la secuencia en que, en la película Churchill, ahora en cartelera, el Rey Jorge VI hace entrar en razón a su primer ministro, atribulado por enviar a la muerte a sus soldados. El Rey le animó a que mantuviera la esperanza en el triunfo de las tropas británicas que embarcaban hacia Normandía. Fue el Rey quien le tomó la palabra a su primer ministro para volverle a su propia razón… la de mantener incólume el honor y la dignidad del Reino Unido.”

Es parte de lo que escribí. El artículo se retiró porque el rey Felipe VI, ejerciendo su función real de mantener el honor y la dignidad del Reino de España, dio una lección de liderazgo antes de que se publicara. Palabras, como “honor” o “dignidad”, ya no tienen prácticamente cabida en el vocabulario de la sociedad posmoderna, pero su conservación en el diccionario de los sentimientos impide que la extirpación social de los conceptos no tenga consecuencias en la convivencia.

El artículo no era ecuánime. Ponía el objetivo crítico en la actitud del Gobierno y de los partidos, en lugar de ponerlo, como oportunamente han puntualizado Alfonso Guerra y la carta dirigida a Sánchez por varios próceres socialistas, en los conculcadores del orden constitucional.

La espada de Damocles sigue pendiente sobre la testuz de este pueblo al que los actuales sediciosos tratan de cortar su respiración. Esperemos en el presidente del Gobierno alentado por el mensaje real. Sabe lo que hace. Se puede equivocar como humano, pero, cuando todos le exigían el rescate, aguantó: nos sacó entonces de la crisis sin ceder a la humillación de tener que rescatar al Reino.

La perfidia de algunos ha difundido una abyecta imagen de España, ejemplo en el mundo de transición de la dictadura a la democracia, presentándola como un escaparate de represión autoritaria. ¿De un día a otro? ¿De repente? Algo no cuadra. ¿Dónde está la trampa? En la manipulación demagógica del nacionalismo secesionista del cual escribió Orwell: “todo nacionalista es capaz de incurrir en la deshonestidad más flagrante, pero al ser consciente de que está al servicio de algo mas grande que él mismo, también tiene la certeza inquebrantable de estar en lo cierto”. Como ocurre con todo totalitarismo, nacionalista, marxista o fascista, la mentira forma parte de su verdad. Y la verdad es la realidad que van imponiendo lentamente, abriendo su camino sin pausa.

Pero esa mentira choca con la realidad no impuesta: ha sido la puerta de entrada para recuperar, de pronto, valores que parecían perdidos. En este momento de infortunio, convicciones aletargadas han florecido en España. Enumero un decálogo provisional:

  1. Muchos catalanes hasta ahora silenciados por la opresión ambiental han dado un paso al frente para defender sus derechos, cotidianamente conculcados.
  2. Hemos aprendido a distinguir entre unos buenos catalanes, que necesitan de orientación para no hacer fascismo de su nacionalismo, y otros catalanes, tan buenos como los otros, que necesitan ayuda para resistir a la exacerbación nacionalista que los coacciona.
  3. Está espontáneamente consolidándose un patriotismo constitucional, hasta ahora desvaído y disperso en una España de valores adormecidos.
  4. Están fraguando espontáneamente muchas organizaciones cívicas de defensa de la unidad nacional que no se avergüenzan de lucir su bandera constitucional.
  5. Se desenmascara la hipocresía, la cobardía equidistante, el adoctrinamiento confuso de algunos pastores eclesiásticos. No es buena noticia, pero es mejor que no saberlo y seguir mansamente un magisterio desnortado. Al fin, el Papa habló para desautorizarlos.
  6. El patriotismo constitucional no distingue entre derecha e izquierda, no opone españolismo a catalanismo: importantes intelectuales de izquierda y derecha han coincidido en la defensa del orden constitucional, en Cataluña y fuera de ella.
  7. La mayoría silenciosa catalana sabe ya que para defender su libertad y sus derechos es necesario resistir a la exacerbación nacionalista.
  8. Sabemos que no podemos abandonar a los catalanes acosados, necesitan respaldo, son muchos y sufren más que los que no estamos en su piel.
  9. La solidaridad patriótica y la defensa del Estado de Derecho no son cuestionables: expresan el espíritu cristiano mejor que algunas declaraciones episcopales.
  10. A veces el rebaño tiene que dar un paso al frente para guiar al pastor cuando se trata de asuntos no dogmáticos. Quizás ahora toca hacerlo.

Estas diez noticias políticas se compendian en una sola noticia financiera: bancos y empresas catalanas buscan en la península paraísos fiscales donde ¿evadir? un tres por ciento de impuestos.

Imagen de portada: Fotografía tomada el 6 de octubre en la que se ven balcones de Madrid con la bandera de España | Chema Rubio
Escrito por

Periodista y escritor. Profesor emérito de la USP CEU.

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