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Artur Mas . El hombre que quiso modernizar el catalanismo y acabó enterrándolo dice adiós

La dimisión de Artur Mas supone el fin de un político que aglutinó más sombras que luces en su gestión. Un hombre que no ha sabido sacar adelante una época en la que la emoción iba de la mano de la política catalana. El creador del “procés” ha sido devorado por su obra.

Artur Mas ha dimitido como presidente del PDeCAT, pero dice que no deja la política. Han pasado 30 años desde que en 1987 fuera elegido por primera vez concejal del Ayuntamiento de Barcelona. Le costó entrar en política –no empezó a militar hasta terminados los estudios universitarios y poco antes de entrar en las listas-, pero le está resultando mucho más difícil poner el punto final. Algo sorprendente para quien decía que solo estaba de paso.

Artur Mas es un hombre tenaz, incluso testarudo, como él mismo reconoce. A pesar de lo que pueda parecer, ha estado mucho más tiempo en la oposición que en el Gobierno. Las dos primeras veces que ganó como candidato a la Presidencia de la Generalitat no pudo gobernar. Aun teniendo la promesa de José Luis Rodríguez Zapatero de que los socialistas dejarían gobernar a la lista más votada, no pudo evitar el segundo tripartito. Él se la jugó acudiendo a La Moncloa a pactar el nuevo Estatut y, cuando se volvió a quedar a las puertas de la Generalitat, se sintió traicionado.

Artur Mas tiene la sensación de que la historia no ha sido justa con él. Cuando por fin consigue llegar a la Presidencia, tiene que lidiar con la gestión de la crisis desde una Generalitat ultraendeudada y con la celebración de las consultas populares por la independencia, en medio del creciente malestar ciudadano por los recursos presentados contra el Estatut. Es un hombre racional que no ha sabido gestionar una época emocional de la política. La multitudinaria manifestación del 11 de septiembre de 2012 se convierte en un punto de inflexión y le hace pensar que o se pone al frente de la pancarta, o la ola se lo lleva por delante. Y desde entonces ha ido surfeándola.

Mas quiso modernizar el catalanismo y ha ayudado a enterrarlo hasta hacerlo irrelevante en la política española. Fue el primer presidente de Convergència que puso sus condiciones para entrar a formar parte de un Gobierno de España (en el libro-entrevista “Qué piensa Artur Mas”), algo a lo que Pujol se opuso tanto cuando se lo ofreció Felipe González como José María Aznar. Luego, por mucho que se reivindique como el creador del “procès”, ha tenido que arrastrar las dudas que genera el converso de nuevo cuño. La necesidad que ha sentido de tener que demostrar su compromiso le ha hecho precipitarse y cometer algunos errores de bulto. El primero, el anticipo electoral de 2012, cuando empezó su cuesta abajo.

El caso Mas . Quienes gritaban “España nos roba” se ven devorados por su propio veneno

Un presidente más débil –menos diputados- con un objetivo más difícil –la independencia- decide cambiar la estrategia basada en la inteligencia por la sustentada en la astucia y alimenta la imagen de David contra Goliat. Artur Mas no ha afinado mucho con la onda, pero sí se ha especializado en sacar conejos de la chistera para ir superando escollos o ganando tiempo, hasta el punto de que la consulta del 9 de noviembre de 2014 pasó de ser el hazmerreír del independentismo, cuando se propuso, a la gran conquista, cuando se llevó a cabo.

Ahora hace dos años, el “procès” devoró a su creador después de que los diputados de la CUP lo enviaran a “la papelera de la historia”, según sus propias palabras, haciéndole renunciar a ser investido. Para la izquierda, Mas representa la derecha liberal y los recortes, y está a la sombra de la corrupción de la época pujolista. A pesar de que ha puesto distancia con el pasado, no ha sido capaz de separar su imagen de la de su mentor. El 15 de enero de 2018 se conocerá la sentencia del conocido como “Caso Palau”, en el que se juzga el supuesto enriquecimiento ilícito de los gestores de la centenaria institución musical, pero también el presunto pago de comisiones a Convergència. A pesar de que Mas insiste en que no se le juzga a él, sí se ha sentado en el banquillo de los acusados el que fuera tesorero del partido durante su presidencia. Seguramente, cuando conozca la sentencia, Mas pensará que la historia ha vuelto a ser injusta con él y que es un hombre sin la suerte que se merece. O, a lo mejor sí, esta vez piensa que podría haber hecho las cosas de otra manera.

Imagen de portada: El expresidente del PdCat, Artur Mas, durante la comparecencia en la que anunció su dimisión | Agencia EFE
Escrito por

Periodista. Profesor de la Facultad de Comunicación Blanquerna de la URL. Autor del libro "Que piensa Artur Mas".

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