Diario de análisis, reflexión y valores    

 

La consulta popular de Venezuela . Siete millones de papeletas con tres síes cada una

21 millones de veces se dijo el pasado fin de semana que ‘sí’. Un sí que generó alborozo, una alegría desbordante y desbordada de los venezolanos por haber alcanzado, en pocos días y sin el aparato institucional del Estado que respalde esta consulta popular, uno de los mayores actos de desobediencia civil de la historia.

Freddy Guevara, vicepresidente de la Asamblea Nacional, en unas breves palabras dirigidas a las redes sociales en la noche del día 16 de julio, manifestó que los venezolanos, de forma pacífica, habían hecho lo que hiciera el pueblo indio con la marcha de la sal encabezada por Gandhi.

La Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, en sus artículos 333 y 350, plantea que todo ciudadano está en el deber de mantener fidelidad a la propia ley fundamental, así como el desconocimiento de cualquier régimen que contraríe los valores democráticos.

El día 16 de julio de 2017 será recordado como aquel en el que siete millones de venezolanos, a lo largo y ancho del mundo entero, le dijeron sí a su Constitución, sí a la defensa del pueblo por parte de sus Fuerzas Armadas y que sí se quieren elecciones libres.

En una consulta que tiene como antecedente una protesta sostenida por más de cien días, pareciera que lo lógico es decirle ‘no’ al dictador Maduro. No a sus planes de reforma constitucional, no a los manejos oprobiosos de la fuerza contra el pueblo, no a que se eternice en el poder. Pero, y allí está la magia de estos siete millones de síes por tres veces, cuando una ciudadanía en consulta popular, con sus propios recursos, organizadamente y de manera voluntaria, se manifiesta sin que sean las fuerzas del orden las que controlen el voto, el acto de desobediencia civil se convierte en un milagro democrático.

¿Por qué siete millones?

Siete millones, porque de lo que se trataba con esta consulta era de demostrarle al presidente Maduro que hay un pueblo que no está dispuesto a acatar sus mandatos de cambio constitucional y que su llamado a la Asamblea Nacional Constituyente para el próximo 30 de julio es, además de un acto de desconocimiento de la propia Asamblea Nacional elegida en 2015, un proceso que atenta contra el hilo democrático.

Siete millones de venezolanos que dijeron que no tienen miedo, que están cansados de maltratos y denigración. Siete millones de personas que, a pesar de las posibles dificultades que se encontrarían en el camino, siguieron adelante para votar.

Analistas políticos han manifestado preocupación por esta cifra de los siete millones, porque las últimas cuatro citas frente a las urnas electorales, sean del tono que sean, han mantenido a la oposición en esta cifra. En las elecciones presidenciales de 2012, en las que se midieron Hugo Chávez y Henrique Capriles, la oposición alcanzó 6.5 millones. Pocos meses más tarde, Capriles se enfrentó en las urnas contra el actual mandatario y obtuvo 7.2 millones de voluntades. En las elecciones parlamentarias, primer varapalo al régimen chavista en 16 años, la oposición obtuvo 7.7 millones de votos. El pasado domingo, en esta consulta popular, 7.1 millones de votos.

Pareciera que la oposición, a pesar de todos los desmanes que hace el chavismo contra la población, a pesar de toda el hambre que ha sembrado Maduro con su poca inteligencia de Estado, de toda la represión policial hacia la ciudadanía, no es capaz de salir de la cifra de los siete millones de papeletas electorales. ¿Por qué?

La respuesta podría estar en algunas variables que son dignas de atención. La primera de todas fue la fuerza bruta usada contra el pueblo. Recientes imágenes dan buena cuenta de las fechorías de las fuerzas militares y policiales contra ciudadanos indefensos. O los secuestros, como el que sufren los periodistas ejerciendo su trabajo.

Otra forma de amedrentamiento son las listas de electores. El diputado Luis Tascón, tras la recolección de firmas pidiendo la renuncia del presidente Chávez entre 2002 y 2003, se ocupó de señalar a aquellos ciudadanos que habían firmado en contra del presidente. Esta lista se ha convertido en un hito de las formas de seguimiento del pueblo para discriminar a aquellos que, por razones ideológicas, van en contra del régimen.

El chavismo también se ocupa de mantener a sus seguidores lo más fieles posible al régimen. Desde el reparto de alimentos, hasta la creación de las misiones, becas estudiantiles, viviendas, salud; en fin, si se quiere el favor del Estado-Gobierno, hay que apuntarse a las misiones y, desde luego, no separarse de ellas. Votar en contra del mandante es un acto de deslealtad, así lo sembró Hugo Chávez y, en consecuencia, está instituido el miedo.

Lo que viene

Según ha dicho ante la prensa el diputado Freddy Guevara, los próximos pasos son la designación de nuevos magistrados para el Tribunal Superior de Justicia, la convocatoria de un paro nacional de 24 horas y, por supuesto, la exigencia de que el presidente Maduro observe los mandatos de esta voluntad popular.

La hoja de ruta de la Mesa de la Unidad Democrática contempla, entre otras cosas, la puesta en marcha de la hora cero, que implica los esfuerzos por la recuperación de la democracia y la gobernabilidad, para lo cual se conformará un gobierno de unidad nacional.

Foto de portada: Una mujer levanta un papel pidiendo el ‘Sí’ durante la consulta popular del pasado 16 de julio en Caracas | Agencia EFE
Escrito por

Consultor de Comunicación y profesor de la UCJC. Exdirector de la Escuela de Comunicación Social de la Universidad Católica Andrés Bello de Caracas.

...

Deja tu comentario

Simple Share Buttons
Simple Share Buttons