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Maduro pasa de ser mal gobernante a dictador . Venezuela precisa ayuda internacional urgente

WASHINGTON D.C. (ESTADOS UNIDOS) | La deriva dictatorial de Nicolás Maduro se hace cada vez más evidente tras las elecciones a la Asamblea Nacional Constituyente y la detención, con nocturnidad, de líderes opositores. La situación en Venezuela se agrava y la actuación de la comunidad internacional se hace cada vez más necesaria. 

El pasado domingo Nicolás Maduro consumó uno de los mayores atropellos que el chavismo viene infligiendo a la maltrecha democracia venezolana, al llevar a cabo una jornada electoral para elegir una Asamblea Nacional Constituyente que, según su esquema, debería perpetuarlo en el poder. La oposición no participó en estas elecciones, a todas luces ilegítimas puesto que los procesos electorales en Venezuela carecen de las mínimas características esenciales para ser considerados como comicios medianamente homologables, y puesto que el único objetivo de tales comicios es redactar una constitución a la medida del cuestionado presidente. Asimismo, el clientelismo, el acoso a la oposición y a la población en general que está en contra del chavismo impiden que haya elecciones limpias.

El chavismo pretende anular a la oposición y, sobre todo, ha convertido un país tan rico como Venezuela en un paria internacional, con una población que, literalmente, lucha cada día por subsistir. Quienes tienen familiares o amigos en Venezuela saben que la escasez campa a sus anchas en el país, donde apenas hay alimentos o medicamentos. La llamada revolución bolivariana ha convertido a Venezuela en una nueva Cuba.

Presos políticos

El penúltimo capítulo de esta escalada tuvo lugar el martes, pocas horas después de la bochornosa elección para la Constituyente, jornada en la que apenas participó el 41% del electorado. De madrugada y a punta de pistola, el Servicio Bolivariano de Inteligencia sacó de sus casas a dos de los más conocidos líderes de una asediada oposición que, sin embargo, no da su brazo a torcer ante el autoritarismo que Maduro ha llevado a unos extremos perversos a la par que contradictorios: Leopoldo López, ex alcalde del municipio caraqueño de Chacao, y Antonio Ledezma, alcalde metropolitano de Caracas.

López había pasado encarcelado tres años y medio hasta que hace apenas tres semanas fue trasladado a su casa para cumplir una pena de arresto domiciliario acusado de ser uno de los dirigentes de las protestas que desde principios de año sacuden Venezuela, unas protestas que claman contra el autoritarismo y la miseria en la que Maduro ha sumido a la población. Ledezma, por su parte, estuvo en la cárcel desde febrero hasta mayo de 2015, fecha en la que fue confinado también en arresto domiciliario acusado de presunta conspiración contra Maduro.

Según difundió el Tribunal Supremo de Justicia de Venezuela, a las órdenes del chavismo, los nuevos encarcelamientos se efectuaron porque se habían conocido supuestos planes de López y de Ledezma para fugarse. Lo cierto es que la medida represora bien puede cumplir varias funciones de hostigamiento pero, sobre todo, encaja como cortina de humo frente a la oleada de indignación y reprobación mundial por la convocatoria de la mencionada Asamblea Nacional Constituyente. También da la medida de la huida hacia adelante del régimen de Maduro en su pretendida aniquilación de cualquier oposición.

La comunidad internacional tiene la palabra

En cualquier caso, lo que realmente estaría consiguiendo el régimen es azuzar el fuego de su aislamiento. Porque a estas alturas está claro que Venezuela necesita una urgente y decisiva ayuda desde el exterior. Los líderes y el pueblo venezolano están poniendo sus vidas en juego; sólo la víspera de los mencionados comicios constituyentes doce personas murieron a manos de la represión cuando protestaban por los atentados contra la democracia y el sustento mínimo. De modo que es la comunidad internacional la que tiene la responsabilidad de impedir mayores atentados. Cuando ya decenas de personas han perdido sus vidas en las calles venezolanas reclamando justicia, la injerencia internacional en forma de diplomacia contundente y eventuales acciones económicas y comerciales no solo es justificada sino que se hace necesaria y urgente.

Venezuela se acerca al Estado fallido

No hay demasiados motivos para el optimismo pero sí resulta significativo que esta vez el secretario general de la Organización de Estados Americanos, Luis Almagro, por fin se ha visto acompañado en su crítica sin ambages contra la represión en Venezuela por varios jefes de Estado latinoamericanos. Los gobiernos de Argentina, Colombia, México y Perú, al menos, han manifestado que no reconocen las últimas elecciones para una nueva Asamblea Constituyente. Desde Europa, España ha hecho lo propio y ha anunciado que promoverá acciones de respuesta en el seno de la Unión Europea.

Y todo indica que finalmente Estados Unidos adopta una posición decidida contra el régimen; esta semana el consejero de Seguridad Nacional, Herbert R. McMaster, no se fue por las ramas y dijo que Maduro “ya no es un mal líder” sino que ahora “es un dictador”.

Aunque aún no ha anunciado medidas de forma concreta, el Departamento de Estado ha indicado que adoptará “medidas enérgicas y expeditivas contra los artífices del autoritarismo en Venezuela, incluidos aquellos que participen en la Asamblea Nacional Constituyente como resultado de la elección defectuosa del día de hoy”. El Gobierno estadounidense, asimismo, reclama precisamente una acción internacional más contundente instando “a los Gobiernos del hemisferio y de todo el mundo a tomar medidas contundentes para que rindan cuentas todas las personas que socavan la democracia, niegan los derechos humanos, sean responsables de hechos de violencia y represión, o participen en prácticas corruptas”.

En los últimos años Washington ha impuesto sanciones económicas individuales contra miembros del régimen venezolano pero había evitado tomar medidas específicas sobre Maduro. El lunes, el Departamento del tesoro anunció que congelará cualquier activo que el presidente venezolano tenga en Estados Unidos. Maduro, asimismo, ingresó en la lista negra de personas especialmente identificadas a quienes se prohíbe el ingreso en territorio estadounidense.

Resulta difícil prever la reacción del régimen de Maduro. Pero lo que es un hecho es que un inmovilismo o una mera retórica sin concreción por parte de la comunidad internacional solo alimentará el autoritarismo por no hablar de las consideraciones éticas que implica permanecer impasible ante una flagrante violación de la democracia y de los derechos humanos en un país que, además, en lo que respecta a España e Iberoamérica, es parte de la familia.

Imagen de portada: Nicolás Maduro celebra su victoria en las elecciones para la Asamblea Nacional Constituyente | Agencia EFE
Escrito por

Periodista y comunicadora. Corresponsal en Washington. Diario El Comercio de Perú. Investigadora en la Universidad de Georgetown. @yolandavaccaro

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