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Ciberguerra: el conflicto bélico sin ejércitos es ya una realidad

No se ve, no necesita intervención humana y todavía no existe una conciencia real del daño que puede producir. El tráfico de información y el control de las nuevas tecnologías desatan la ciberguerra, un conflicto que ya ha empezado.

Las conmemoraciones recientes de diversos hitos relacionados con la Primera y la Segunda Guerra Mundial han ayudado a mantener en nuestras cabezas la vieja idea de lo que es un conflicto entre varios países. Creemos que la presencia de cazabombarderos, fragatas y carros de combate es imprescindible para visualizar que dos o más naciones están peleándose. Una realidad del siglo XX distante de lo que está pasando en el siglo XXI.

Se habla de la ciberguerra como se hacía años atrás, más como el tema de una película futurista que como algo que nos pueda afectar. Obviamos algo tremendo: la guerra sin ejércitos sobre el terreno ya es una realidad y se ha producido en algunos campos de batalla sin que la opinión pública internacional haya sido muy consciente de ello. Para colmo, las alertas lanzadas por instituciones como el Centro Nacional de Inteligencia (CNI) todavía se encuentran con las reticencias de organismos públicos y privados que actúan con una inconsciencia preocupante.

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En el año 2010, se produjo la primera ciberguerra claramente identificable. Estados Unidos e Israel mantenían un conflicto abierto con Irán por su programa nuclear. Estaban dispuestos a llevar a cabo casi cualquier tipo de acción para impedirles disfrutar de un arma tan potente. La línea límite estaba en el uso de fuerzas militares, lo que podría desembocar en una guerra abierta. Israel era partidario de bombardear las instalaciones donde los científicos iraníes estaban avanzando en sus investigaciones, pero Estados Unidos los frenó para evitar respuestas.

En ese momento, surgió la alternativa de utilizar la ciberguerra, que no exige una declaración abierta de guerra. Es un conflicto soterrado, sin responsabilidad pública. Nadie puede declararte la guerra, porque no existen pruebas rotundas de que tú estés detrás del ataque.

El presidente estadounidense George Bush había autorizado la puesta en marcha, años después de los atentados del 11-S, del programa “Juegos Olímpicos”, dedicado a investigar la tecnología necesaria para atacar a cualquier enemigo mediante el uso de nuevas tecnologías. Barack Obama lo mantuvo y personalmente ordenó el inicio de la ciberguerra contra Irán.

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Nada de desplegar soldados o utilizar bombarderos. El arma era un gusano informático llamado “Stuxnet”, que fue introducido en el sistema informático de la planta nuclear instalada en Natanz. Meterlo exigió un plan de la CIA y el Mossad, pues tenía que ser transportado en un pen drive por un trabajador. Una vez dentro del sistema, el gusano estuvo un tiempo robando información, pero llegó un momento en que se convirtió en arma mortífera. Modificó la velocidad de las centrifugadoras, transmitiendo al mismo tiempo a los técnicos encargados del control que todo iba al ritmo que estaba programado. Al menos mil máquinas se autodestruyeron, causando un retraso en el plan iraní de al menos un año y medio. Irán nunca respondió al ataque, ¿cómo iba a hacerlo? No les cabía duda de la autoría, pero les era imposible aportar pruebas concluyentes.

La ciberguerra había nacido. Si Estados Unidos e Israel disponían de armas de ese calibre, los especialistas sabían que otros países podrían tenerlas ya o en poco tiempo. Eugene Kaspersky, dueño de una de las empresas de seguridad informática más importantes del mundo, lo dejó claro: “¿Recuerda el apagón de Estados Unidos en 2003? Pues fue un acto de sabotaje. Fue diseñado por ordenador. O el ataque informático a Estonia en 2007… son ejemplos de lo que puede suceder”.

Una amenaza invisible a los ojos

El Centro Criptológico Nacional, dependiente del CNI, ha anunciado que la ciberguerra contra España es una amenaza real ante la que debemos prepararnos. Servicios de inteligencia extranjeros, terroristas o poderosas mafias podrían intentar atentar contra los sistemas de transporte –metro, trenes, puertos o aeropuertos-, los sistemas industriales –refinerías-, la distribución y control de electricidad, aguas y gas, y contra las centrales generadoras de electricidad.

Esos ciberataques se podrían producir contra instalaciones controladas por el llamado sistema SCADA, que está formado por equipos informáticos y programas que, en conjunto, ayudan a controlar un proceso industrial sin que sea necesario que intervenga un ser humano. Pero que pueden ser pirateados, como pasó en las instalaciones nucleares iraníes.

La ciberguerra ha empezado, muchos tienen las armas necesarias, pero todavía no existe una conciencia real sobre el daño que pueden producirnos. Porque alguien, escondido en un confortable despacho en el otro lado del mundo, puede dejarnos sin luz y agua, y provocar más muertos que en los conflictos armados pasados de tenebroso recuerdo.

Imagen de portada: Pablo Casado

Escrito por

Doctor en Periodismo por la UCM. Especialista en asuntos de espionaje y en el periodismo de investigación.

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