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La Cataluña real llega para quedarse . Diez reflexiones sobre unas elecciones prematuras

Los resultados de los comicios autonómicos, cuya convocatoria ha sido prematura, se han visto condicionados por las reglas electorales. Aunque los independentistas han salido favorecidos, este movimiento está fracturado y no será fácil formar una mayoría parlamentaria. Ciudadanos ha destruido la imagen de una Cataluña nacionalista, el PP ha quedado debilitado y se incrementan las posibilidades de éxito de la demanda de reformas constitucionales.

1.

El resultado de las elecciones catalanas ha estado mediado por las reglas electorales, como suele suceder. Solo que, en este caso, esa mediación ha sido clave. Los partidos independentistas han sumado 2.063.361 votos, el bloque unionista ha obtenido 2.212.872 votos, superando el cincuenta por ciento [los datos provisionales de los votos de residentes ausentes, que deben ser verificados por la Junta Electoral Central, son los siguientes: la formación liderada por Carles Puigdemont habría obtenido 7.227 votos (26,7%), los republicanos 5.860 (21,66%) y los cupaires habrían conseguido 1.560 (5,77%). En tercer lugar quedaría Ciudadanos, con 5.738 (21,21%), seguido del PSC, con 2.875 (10,63%), y Catalunya en Comú Podem, con 2.864 (8,37%). En último lugar, el PPC, con 1.211 (4,48%)]. En términos plebiscitarios, el secesionismo ha perdido, pero en términos parlamentarios ha ganado: 70 escaños de 135. Ese resultado apenas se debe al efecto del escrutinio d’Hondt, cuyo impacto va poco más allá de dar entre uno y dos escaños de prima al partido de mayor votación, en el caso de Cs. Su razón de ser se halla en la clave de representación fijada en las transitorias del Estatut de 1979 que, al fijar un mínimo inicial de escaños por provincia, sobrerrepresenta a Lérida y Gerona en detrimento de Barcelona, de largo la más poblada. Como consecuencias lógicas, se siguen dos: el voto no es igual porque su valor inicial (el que tiene el sufragio antes de emitirse) no es igual; ergo no hay sufragio universal auténtico en las elecciones al Parlament porque todos los ciudadanos no son iguales ante la urna, como pasa también, y en mayor dimensión, en las elecciones al Congreso); dos: esa desigualdad prima a los independentistas: el coste medio de escaño “indepe” es de 29.477 votos, el unionista de 34.044. Por eso se ha podido señalar ya que con un sistema electoral como el germano o el holandés no habría mayoría nacionalista en el Parlament.Cataluña real

2.

Se ha probado que el Sr. García Albiol tenía razón: la convocatoria electoral era prematura, era necesario dar tiempo para que afloraran plenamente las consecuencias del ‘procés’ y se enfriaran los sentimientos victimistas. Al no haberlo hecho así, el Sr. Rajoy ha llevado al PP catalán al borde de la destrucción, en todo caso, a la irrelevancia. Pensar que eso no va a tener consecuencias en la política nacional no me parece realista.

La Cataluña real

3.

Por primera vez desde 1979, en unas elecciones al Parlament ha vencido un partido no nacionalista, tanto en votos como en escaños. Ciudadanos ha destruido definitivamente la imagen de una Cataluña mayoritariamente nacionalista en la que el constitucionalismo es minoritario, cuando no residual. Su triunfo muestra que no hay un sol poble, que Cataluña es más grande que el catalanismo, que el catalanismo es más grande que el nacionalismo y que el nacionalismo es más grande que el independentismo. La Cataluña real, en la que son mayoritarias las identidades compartidas, ha emergido con fuerza y todo apunta a que ha llegado para quedarse.

4.

La fachada unanimista del independentismo ha saltado por los aires. La campaña ha puesto de relieve que el movimiento está fracturado, y no solo, ni fundamentalmente, por diferencias personalistas, que también. El mapa resultante es el de una izquierda nacionalista radical, jibarizada pero necesaria para la mayoría parlamentaria, un fuerte partido nacionalista cohesionado (ERC) y una candidatura personalista sin otra política recognoscible que las emociones y en la que el partido subyacente está eclipsado por un melting pot al servicio de un caudillo. Con el agravante de que ese caudillo no tiene otro camino abierto que el del radicalismo. Vistas así las cosas, no parece aventurado considerar que Junts per Catalunya va a revelarse como unos juntos no demasiado juntos. La tensión entre los neoconvergentes y el Sr. Puigdemont está servida. La cuestión no es si estallará, sino cuándo y cómo lo hará.Cataluña real

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5.

La formación de una mayoría parlamentaria no va a ser fácil. Hay tres razones que abonan esa predicción: primera, los problemas judiciales; segunda, la estrategia a seguir; tercera, las tensiones organizativas. La primera es sencilla: hay ocho diputados electos en el alero, cinco porque se fugaron y tres con prisión provisional. En caso de que tres de ellos se vean imposibilitados para estar presentes, la mayoría parlamentaria absoluta secesionista se cae; si son cinco, no hay mayoría secesionista alguna; si pasan de cinco, la mayoría parlamentaria pasa a ser unionista. Es cierto que esos inconvenientes se pueden eludir, pero para ello serían necesarias dimisiones y que corrieran las listas y, francamente, mi imaginación llega a imaginar el sacrificio del Sr. Junqueras, pero no llega al extremo de ver la renuncia de los fugados. Desaparecerían de la vida política.

6.

Le sigue la estrategia a seguir: el Sr. Puigdemont y sus socios no tienen otra que la continuidad del ‘procés’, pero esa es una ruta cegada; de un lado, porque se halla en la raíz del deterioro, aún incipiente pero real, de los apoyos al secesionismo; del otro, porque el intento de proseguir tropezaría con un nuevo uso del art. 155 CE. Para ERC, esa es una estrategia letal, lo separa de todos sus posibles socios, pone en riesgo su mantenimiento como organización, lo condena a la ‘subalternidad’ y lo hace prisionero de una política ‘emotivista’ en la que hay poco que ganar y mucho que perder; francamente, 14.000 votos de ventaja no dan para tanto.

La posibilidad de nuevas elecciones

7.

Se concluye con las cuestiones organizativas: el Sr. Puigdemont tiene una posibilidad, ya apuntada: renunciar al escaño y ungir a un fidelísimo como president -ya se ha sugerido para el papel a la directora de su campaña- y dirigir la mayoría parlamentaria desde Bruselas. Ahora bien, como los políticos no son televisores, el president se enfrenta a un problema: en política, el mando a distancia no funciona. Y si la controlada presidenta tiene mando en plaza y puede recurrir a los cuadros del partido subyacente, marginados por el fugado, pueden ustedes dar por seguro que lo hará. La cuestión es que no se puede escribir el DOG desde Bruselas, hay que estar en Barcelona.

8.

No va a ser fácil formar una mayoría parlamentaria que sostenga a un gobierno. Si eso es así, no cabe descartar que al final sean los ”indepes” los que acaben por producir el resultado que quería el Sr. García Albiol: que haya nuevas elecciones en junio, prolongando cinco o seis meses la vigencia del 155.

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9.

Podría señalarse, con razón, que lo dicho hasta aquí es demasiado racional y que en los tiempos de la posverdad y de la política ‘emotivista’ el irracionalismo está de moda y que, en este sentido, la deriva del nacionalismo catalán es emblemática. El ‘emotivismo’ es impredecible por definición y no sería el presente el primer caso en el que un amplio colectivo se encamina al abismo. En este caso, cantando Els segadors, pero me cabe un magro consuelo, magro, pero consuelo: dirigirse al abismo es algo muy poco catalán.

10.

En todo caso, el resultado de estas elecciones va a afectar a la política nacional, cuanto menos por dos razones: por el debilitamiento del Partido Popular y del Sr. Rajoy y por ampliar las posibilidades de éxito de la demanda de reformas constitucionales. Vistas así las cosas, yo no descartaría que hubiera elecciones generales el año entrante.

Imagen: Carles Puigdemont, expresidente de la Generalitat, durante la rueda de prensa que ofreció en Bruselas tras conocer los resultados de unas elecciones que han mostrado la Cataluña real. | Agencia EFE
Escrito por

Jurista y analista político. Catedrático de Derecho Constitucional en la Universidad CEU Cardenal Herrera. Fue senador por el CDS.

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