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La caída de Mosul es una gran victoria frente a Daesh, pero la guerra está lejos de acabar

Con la caída de Mosul, la pérdida de territorio por parte del Estado Islámico se hace aún más evidente. Siria e Iraq siguen sufriendo una devastadora guerra en la que la disparidad de interés por parte de las grandes potencias frena una posible acción conjunta y definitiva.

El 18 de noviembre de 2016, escribí una esperanzadora crónica titulada El lado positivo de Trump donde optimistamente decía: “Como todo no podía ser tan malo, algo bueno, desde mi punto de vista, traerá la llegada de Trump a la Casa Blanca: su buen entendimiento con Vladimir Putin puede tener, si no se estropea, dos efectos importantes; uno, la distensión de una amenazante vuelta a la guerra fría, y dos, la acción conjunta contra el Daesh”.

No era la primar vez que nos referíamos a la necesidad de una acción conjunta de las dos grandes potencias para acabar, o paliar de forma significativa, la sangría de esa cruel guerra del Daesh contra el mundo, cuya parte más trágica ocurre en las zonas ocupadas de Siria e Iraq.

La ciudad siria de Palmira, a finales de marzo pasado, fue una primera muestra de la efectividad del ejército regular de una gran potencia cuando la política toma decisiones correctas y contundentes. Ejército ruso que no solo ayudó de forma definitiva al ejército sirio, sino que, ya que estaba, realizó, con gran éxito, pruebas de su más moderno armamento en un escenario de guerra real. Miles de familias regresaron a Palmira, se hizo una eficaz limpieza de minas, sembradas por los yihadistas en su huida, y se montaron hospitales de campaña, tan necesarios para la población civil masacrada por los bombardeos.

Superadas las diferencias, al menos momentáneamente, sobre el apoyo occidental a las milicias rebeldes sirias y el que recibe el ejército regular sirio de Al-Assad, por parte rusa, el acuerdo entre Trump y Putin ha conseguido recuperar uno de los bastiones más importantes del Daesh, Mosul, ciudad situada al norte de Iraq, cerca de la frontera turca.

Fruto del entendimiento entre los dos líderes políticos es también el “alto el fuego” respetado por el ejército sirio y las milicias rebeldes, en el suroeste sirio, próximo a la frontera con Jordania, que ha permitido el regreso de muchos de los 700.000 refugiados sirios en Jordania y el establecimiento de pasillos seguros para la llegada de la ayuda humanitaria.

Los “asesores militares” norteamericanos están en la ciudad siria de Raqa, último gran bastión yihadista, y será, sin duda, la próxima derrota importante (todas lo son) del Daesh, que ve reducidas sus zonas de ocupación en Siria e Iraq de forma significativa, aunque en su huida los terroristas dejan muestras de su crueldad sin límites, con ejecuciones masivas.

Demasiados asuntos pendientes

Pero, ¿qué significa todo esto? ¿Dónde están los problemas que impedían el entendimiento y que parecen haber desaparecido? ¿Dónde los intereses económicos y de influencia de Occidente y Rusia en la zona? ¿Dónde los distintos proyectos de gaseoductos paralizados por la guerra? ¿Dónde el conflicto kurdo? ¿Dónde la situación política turca tras el autogolpe de Erdogan? ¿Dónde la controvertida figura de Al-Assad?

Turquía se aleja de la Unión Europea

Todo eso volverá, todo eso creará de nuevo inestabilidad en la zona, ya de por sí instable. Hay conflictos permanentes, como las reivindicaciones territoriales kurdas, la disputa por la explotación de los grandes yacimientos de gas y petróleo, los ya mencionados proyectos de gaseoductos para llevar el gas a Occidente, la figura de Al-Assad, denostada por Occidente ahora, cuando siempre fue un fiel aliado, la propia estabilidad interna de Turquía… problemas no faltan en la zona pero, como imaginábamos, el entendimiento de Putin y Trump para combatir al terrorismo yihadista está dando sus frutos; lo demás queda aparcado, aparcado que no resuelto.

Este entendimiento, aunque fuera puntual y momentáneo, ha mejorado la situación en la zona y ha salvado muchas vidas inocentes. Muchos refugiados, como ocurrió en Palmira, podrán regresar a sus hogares, aunque solo queden de ellos unas irreconocibles ruinas, podrán recibir asistencia médica (ya la están recibiendo, aunque en condiciones muy precarias) y ayuda humanitaria de las ONG que trabajan en la zona.

Daesh pierde terreno pero no desaparece

¿Y el Daesh?, ¿cuál puede ser el futuro de esos fanáticos, consumada su derrota en Siria e Iraq? Sin duda, y mientras sigan contando con recursos económicos, mientras no se les corten totalmente las vías de suministro de armamento, mientras sus “clientes” no dejen de comprarles petróleo, drogas, mujeres y órganos humanos, buscarán nuevos enclaves donde hacerse fuertes, muy probablemente en el norte de Libia, la zona costera donde ya dominan algunos territorios y tienen un centro de operaciones e instrucción desde el que planifican atentados en Occidente como el de Manchester.

Y la Unión Europea, principal objetivo de los últimos atentados yihadistas en países occidentales, ¿qué papel pinta en todo esto? Pues para Europa, el titánico esfuerzo en inteligencia y fuerzas de seguridad para evitar atentados y la difícil solución del problema de los millones de refugiados que llegan a sus fronteras parecen agotar sus recursos. La implicación directa en el conflicto armado ha sido muy limitada y no tiene visos de cambiar. Las exigencias de Trump para que Europa se autofinancie en cuestiones de defensa no parecen contar para este conflicto. EE.UU. y Rusia, con su decidido apoyo a los ejércitos regulares de Siria e Iraq, se bastan por sí solas.

El boicot de los países del golfo -otrora suministradores de armas occidentales al Daesh- a Catar, por continuar con esta actividad, puede ser un factor coadyuvante a la solución de esta guerra y quizás al debilitamiento definitivo del Daesh. La desproporción en hombres y armamento entre el Daesh y los ejércitos sirio e iraquí jamás hubiera permitido a los terroristas ocupar tan amplias zonas, solo las ayudas recibidas de esos países han permitido su marcha triunfal. Marcha que, por el momento, toca a su fin en Siria e Iraq. Ojalá lo sea de forma definitiva.

Imagen de portada: Soldado iraquí junto a las ruinas de la Gran Mezquita de Al-Nuri, durante los combates que terminaron con la caída de Mosul y la expulsión de los yihadistas de Daesh | Agencia EFE
Escrito por

Capitán de Navío (R). Ex agente del CNI.

Ultimos comentarios
  • Una excelente información y, encima, explicada; mil gracias y enhorabuena, Jaime; ojalá logremos ‘disolver’ la amenaza de Libia que, desgraciadamente, nos resulta demasiado próxima. Otro abrazo. Paco

  • tu artículo, ofrece un análisis muy bueno de la situación actual.
    Un abrazo. MIguel

  • Interesante e incierto futuro.
    Un abrazo. pepe

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