Diario de análisis, reflexión y valores
 

La lucha por el poder en el Golfo Pérsico . Jaque de Arabia Saudí aislando a Catar

La lucha por el poder en el Golfo Pérsico y el dominio en el mundo árabe han llevado a Arabia Saudí a promover un bloqueo a Catar bajo unas acusaciones de apoyo al terrorismo que no le son ajenas.

La decisión de Arabia Saudí de romper relaciones diplomáticas y someter a un verdadero bloqueo al Emirato de Catar, anunciada el 5 de junio y que arrastraba con ella a otros miembros del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) – Baréin y Emiratos Árabes Unidos (EAU) – y a otros países árabes próximos a sus posiciones (Egipto y Yemen), ha provocado preocupación por sus posibles consecuencias en la región, aunque, como veremos, no es la primera crisis entre ambos regímenes conservadores suníes ni será la última.

La oscura financiación del yihadismo

El Reino de Arabia Saudí, con el monarca Ben Salman al frente, acusa a Catar de apoyar el terrorismo y lo hace en un momento muy especial. Con el telón de fondo de los campos de batalla de Siria, Iraq, Libia o Yemen y de la tensión entre Riad y Teherán, en lo que a la región respecta, y de la proliferación de atentados del terrorismo yihadista por doquier, singularizar a Catar como epicentro de la dinamización del terrorismo es útil para los saudíes. Distraen con ello la fijación creciente que en los Estados Unidos y en Europa ha habido en relación con el papel saudí en la expansión del radicalismo por doquier y saldan cuentas en la región con un elemento díscolo como es Catar.

Aparte de ser el país de origen de la casi totalidad de terroristas implicados en los macroatentados del 11-S, a Arabia Saudí se le reprocha, y con razón, el haber alimentado hasta hoy el radicalismo con su modelo wahabita ultraconservador y se ha criticado su papel con aún más insistencia cuando los atentados yihadistas han comenzado a asolar las calles de cada vez más ciudades occidentales, tanto en Europa y los Estados Unidos como en Canadá o Australia. Es por ello que el rey Salman ha movido ficha con habilidad, convocó una cumbre contra el terrorismo en Riad los pasados 20 y 21 de mayo y arrastró a ella al presidente Donald Trump.

Tal cumbre le sirvió para cerrar filas con sus aliados suníes, para alimentar la animadversión contra la República Islámica de Irán y, finalmente pero también muy importante, para concentrar toda la atención en lo que a la diseminación del terrorismo yihadista respecta en su rival dentro del CCG: Catar.

El papel de Al Jazeera

Catar, pequeño y enormemente rico emirato, hace años que provoca al líder regional saudí y ello por varios motivos. Cuando en 1996 el jeque Hamad Ben Khalifa Al Thani, padre del emir actual, derrocó a su progenitor enviándolo al exilio, abrió un nuevo período en la historia del país que llega hasta hoy y que viene definido por varias realidades. Se convirtió en un país en el que muchos despistados han querido ver el surgimiento del debate y de la liberalización del mundo árabe. Apoyándose en los jugosos ingresos que le reporta el hecho de ser el primer exportador mundial de gas natural licuado (GNL), Catar comenzó a destacar gracias a sus inversiones por doquier, a la adquisición de obras de arte y de otros productos suntuarios, al tren de vida de la familia en el poder, a la financiación de obras filantrópicas y a la promoción de actividades deportivas a lo largo del mundo y al patrocinio de una provocativa cadena de televisión, Al Jazeera, que cambiaba los ritmos que habían caracterizado siempre a los medios de comunicación árabes.

Al Jazeera alimentaba el debate, estaba en todas partes y para los susodichos despistados era un soplo de aire fresco en un mundo árabe, y musulmán, en el que habían dominado hasta entonces el conservadurismo y el autoritarismo. En realidad, Al Jazeera se dedicó a organizar debates destructivos sobre los regímenes árabes autoritarios -menos el de Catar, por supuesto-, a dar la palabra y facilitar la propaganda de los Hermanos Musulmanes como organización y de las versiones más radicalizadas de estos, incluidas las yihadistas, y a alterar el statu quo que, hasta entonces, el también conservador, por islamista, régimen saudí había alimentado.

Las revueltas árabes que arrancan en el otoño de 2010 y cuyas consecuencias desestabilizadoras llegan hasta hoy permitieron que los Hermanos Musulmanes se hicieran fuertes por doquier – a través de las urnas en Egipto, en Túnez o en Marruecos -, que medraran en Libia y en Siria y que comenzaran a rivalizar peligrosamente con el salafismo alimentado desde Riad.

La guerra fría entre suníes y chiíes 

En la crisis actual, Arabia Saudí ha querido recuperar el liderazgo del mundo suní, para cerrar filas contra la expansión chií liderada por Irán, que hace de dicho rival un actor cada vez más importante en Iraq, en Siria, en Líbano o en Yemen, y para ser este reino el único punto de referencia. Catar ha mostrado hasta ahora ser un miembro díscolo del CCG, ha tratado de ser un líder dentro de la ortodoxia suní -rivalizando con Arabia Saudí en rincones del mundo islámico tan importantes como los países descritos, pero también en regiones como el Sahel o el Sudeste Asiático o en las bolsas de población musulmana en Europa Occidental o en Rusia y el espacio ex soviético-  y es también un rival en términos energéticos con su liderazgo mundial en el boyante sector gasístico.

La ofensiva del Estado Islámico

La subregión del Golfo, que podemos analizar a través de la evolución del CCG, muestra que hay otros Estados díscolos en relación con el liderazgo saudí, como Omán y Kuwait, que no han seguido la estela de Riad en la presente crisis, pero ninguno de ellos ha tratado de jugar el papel osado que Catar ha jugado en la última década y que ahora le pasa factura. En términos regionales y globales, ni la crisis de 2014 ni la de ahora deberían llevar a una escalada de tensión que deba preocupar. No hay más que comprobar cómo los Estados Unidos han pasado de criticar el papel de Catar como dinamizador del terrorismo yihadista de hace una semana a llamar al diálogo entre los Estados del Golfo: la región es demasiado importante en la estrategia estadounidense, con el Cuartel General de la V Flota en el Reino de Baréin y con la importante base aérea de Al Udeid en Catar, y la prioridad para todos, tanto en la zona como fuera de ella, es frenar a Irán. El problema es que tales condicionantes estratégicos seguirán permitiendo que los regímenes conservadores de la región, con Arabia Saudí y Catar como protagonistas más visibles, sigan alimentando el islamismo a lo largo y ancho del mundo en los próximos años.

Escrito por

Profesor de Relaciones Internacionales de la UNED.

...

Deja tu comentario

Simple Share Buttons
Simple Share Buttons