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Lucha de poder en el Golfo Pérsico tras el bloqueo . Arabia Saudí, Catar e Irán, en pugna

El bloqueo a Catar por parte de Arabia Saudí y sus aliados obedece al fortalecimiento de las relaciones del emirato con Irán y a su apoyo al terrorismo extremista. La zona del Golfo Pérsico está sumida en una atmósfera muy convulsa que amenaza el equilibrio securitario y económico mundial.

Oriente Medio ha sido a lo largo de toda la historia una zona de gran interés geoestratégico, pero también de gran inestabilidad geopolítica. Concretamente, el Golfo Pérsico es una zona geográfica que representa el tablero de una de las partidas de ajedrez más complejas de la historia moderna: el conflicto entre Arabia Saudí e Irán, es decir, el eterno enfrentamiento entre sunníes y chiíes.

Ambas potencias, representantes de ramas del islam enfrentadas prácticamente desde el nacimiento del propio hecho religioso, han protagonizado innumerables enfrentamientos. Tanto Arabia Saudí como Irán desean decidir el futuro de la región e implantar su interpretación del islam. Esto ha provocado que los conflictos entre ambos actores hayan sido constantes a lo largo de toda la historia. Los últimos enfrentamientos no se limitan al campo de batalla tradicional, tal y como ocurre en Siria, en donde ambos actores tienen intereses claramente enfrentados, sino también aparecen en el terreno de la diplomacia, la economía y los medios de comunicación.

Desde hace semanas, las secciones internacionales de todos los periódicos de alcance mundial se hacen eco del bloqueo que Arabia Saudí y sus aliados han ejercido sobre Catar. Según apuntan los medios de comunicación, el motivo principal del bloqueo se halla en que Catar ha tenido una política demasiado favorable de cara a determinados grupos terroristas. Sin embargo, en la mayoría de las ocasiones, la prensa internacional tiende a olvidar que existe un segundo elemento de carácter fundamental que ha provocado la aceleración de la implementación de este bloqueo: el reciente fortalecimiento de relaciones entre Catar e Irán.

Jaque a Catar

Dicho esto, y antes de continuar, hemos de comprender que Catar forma parte del Consejo de Cooperación del Golfo, creado en 1981 y conformado por Bahréin, Kuwait, Omán, Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudí. Desde el mismo momento de su creación, se entendía que todos los países que conformaran el Consejo estarían supeditados a las decisiones que tomase el líder de la manada, Arabia Saudí. Sin embargo, los enfrentamientos y discusiones entre los seis integrantes del Consejo han sido una constante desde su creación. Un ejemplo de ello lo podemos encontrar en las numerosas desavenencias que desde el pasado han existido entre la casa de los Saud y Catar. Estos desencuentros se iniciaron, concretamente, cuando Hamad bin Jalifa Al Thani, actual emir de Catar, depuso a su padre tras un golpe de Estado en 1995 y decidió dotar de un nuevo rumbo a su país, lo cual no encajó demasiado bien con las pretensiones que Arabia Saudí tenía sobre el pequeño emirato.

Catar, un socio poderoso pero incómodo

Con el paso del tiempo, Catar ha ido buscando progresivamente consolidarse como un país determinante, ya no solo para la región del Golfo, sino también para el orden internacional. Mediante la explotación de sus ingentes reservas de gas, Catar ha conseguido situarse como uno de los países con mayor renta per cápita del planeta e influir en el comercio regional e internacional. A su vez, ha desarrollado su propia política exterior, que le ha llevado tanto a estrechar lazos con Irán como a tener importantes bases estadounidenses en su territorio. En paralelo, ha proyectado al mundo su concepción del islam y de las relaciones internacionales a través de su propia cadena de televisión, Al Jazeera, ahora en el foco de todas las discusiones internacionales.

En estas aclaraciones subyace la idea de que Catar lleva, desde hace bastante tiempo, situándose como un socio incómodo para Arabia Saudí. Si a esto sumamos que las relaciones entre Catar e Irán -enemigo acérrimo y competidor directo de Arabia Saudí por el dominio de la región- cada vez se hacen más estrechas, debido a que comparten el yacimiento de gas de mayor tamaño a nivel mundial, todo acaba por conformar el contexto necesario para la declaración de una drástica ruptura de relaciones y la implantación de un bloqueo total.

En este sentido, bajo la Chatham House Rule, fuentes oficiales de primer nivel han comunicado al International Security Observatory que la razón de esta ruptura de relaciones se halla en que “Catar ha estado, desde hace años, promoviendo el extremismo religioso y apoyando a numerosos grupos terroristas”. Preocupados por esta cuestión, analistas del International Security Observatory solicitaron más información y se les hizo saber que, a los ojos de Arabia Saudí y compañía, “Catar apoya el extremismo religioso y a grupos terroristas por varias vías, entre las que se encuentran, la vía financiera, la vía logística o la vía de los medios de comunicación. Un ejemplo de esto último es Al Jazeera, cadena de televisión que tiene como objetivo desestabilizar la región y promover el extremismo“. A todo esto, las fuentes oficiales añadieron que “Catar también ha mostrado su simpatía a numerosos grupos terroristas mediante la dotación de refugio a combatientes, a los cuales les permiten andar libremente por Catar a pesar de tener intensos vínculos con Al Qaeda”.

Estas mismas fuentes apuntaron que la decisión de cortar relaciones con Catar no se debe a un capricho, sino a la acumulación de situaciones muy incómodas. Explicaron que, ya en 2014, durante los Acuerdos de Riad, se instó a Catar a cambiar de orientación y de actitud, pero no surtió efecto. “Muchos países de la región hemos tenido una gran paciencia con Catar, pero todo tiene un límite. Hemos ejercido nuestro derecho y hemos cortado las relaciones”. Desde su perspectiva, la ruptura de relaciones “no significa un bloqueo, ya que Catar tiene abierto su espacio marítimo y aéreo”.

Occidente como objetivo del terrorismo

Los citados interlocutores con los que se mantuvo esta conversación a puerta cerrada consideran que la ruptura de relaciones era necesaria y confían que eso haga reaccionar a Catar. “Somos conscientes de que son medidas duras y esperamos que sean suficientes. Creemos en la diplomacia y la consideramos el único camino”. Preguntados por la posibilidad de que el conflicto se intensifique, expusieron claramente que no desean que el conflicto escale y que siguen apostando por medidas diplomáticas y que, en el caso de que estas fallaran, apostarían “por medidas o sanciones económicas”.

La opinión de los expertos sobre el bloqueo a Catar

Ahora bien, analistas con gran reputación internacional, como Jesús Núñez Villaverde, economista, militar retirado y codirector del Instituto de Estudios sobre Conflictos y Acción Humanitaria, apuntan que, más allá de que Catar haya podido potenciar o enriquecer a determinados grupos terroristas, la razón principal del bloqueo se encuentra en que Arabia Saudí y sus aliados no pueden permitir que Catar continúe aumentando sus relaciones con Irán. En palabras del periodista Francisco Javier Carrión, “para Riad, Irán es una amenaza terrorista mayor que el Daesh”, debido a que pone en riesgo su liderazgo regional.

Las trece exigencias -entre las que se encuentran el cierre inminente de Al Jazeera, la ruptura de relaciones con los Hermanos Musulmanes, la entrega de los ciudadanos sobre los que pesan órdenes de busca y captura o la finalización de la cooperación militar con Turquía- que Kuwait, como mediador, ha trasladado a Catar tienen por objetivo final hacer regresar al pequeño emirato “al redil que forma el resto de países árabes sunníes del Golfo” y, por tanto, alejarlo de Irán.

Catar ya ha comunicado que rechaza las trece exigencias impuestas por los saudíes, emiratíes y compañía. Esto nos hace cerciorarnos, si todavía no lo estábamos, de que la zona del Golfo Pérsico está sumida en una atmósfera muy convulsa, de la cual no se puede esperar nada positivo para el equilibrio securitario y económico mundial.

Mientras tanto, Estados Unidos aparenta no tener claro su rol en esta tensa partida de ajedrez. Por un lado, Donald J. Trump se reúne con los Saud, firma un acuerdo de venta de armas por más de 100.000 millones de dólares y acusa de forma directa a Catar de promocionar el terrorismo extremista. Por otro lado, James Mattis, secretario de Defensa estadounidense, vende a Catar 36 aviones de combate F-15 valorados en más de 10.000 millones de dólares. Estas acciones, que en un primer momento pueden parecer contradictorias, quizás indican que Estados Unidos no desea tener un rol claro, ya que quiere poder jugar a todas las bandas posibles, algo que no sería extraño si se estudia cómo ha ido evolucionando la política exterior americana desde hace décadas.

Un conflicto con efectos colaterales

En definitiva, cualquier movimiento de los actores implicados tendrá numerosos e imprevisibles efectos colaterales. Arabia Saudí eternizará su pugna con Irán y seguirá presionando a Catar. Este último, según apuntan los análisis, continuará, a pesar del bloqueo, con su política actual y utilizando Al Jazeera como arma mediática de disrupción masiva. Estados Unidos seguirá cambiando sus apuestas según decida su imprevisible presidente o sus polémicos subalternos.

La oscura financiación del EI

Y, mientras tanto, la cuestión de la lucha contra el terrorismo de etiología yihadista, supuesto motivo de todo este altercado, se quedará en un segundo plano y las víctimas seguirán acumulándose. Al fin y al cabo, ¿qué puede esperarse de unos Estados que han alimentado, desde hace décadas, consciente o inconscientemente, la amenaza terrorista?

Escrito por

Director Fundador del International Security Observatory y miembro del Grupo de Investigación de Paisaje Cultural de la Universidad Politécnica de Madrid. Miembro de la Unidad de Investigación sobre Cooperación y Seguridad Internacional de la UCM.

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