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La batalla de Cataluña . La imagen de España queda dañada en los medios internacionales

En la batalla de Cataluña, la legalidad nacional e internacional está del lado de Rajoy, pero el Partido Popular ha perdido la lucha mediática de la emoción. Un hecho que, además de suponer una clara derrota de la imagen exterior de España, abre la peligrosa senda del populismo: tomar las calles como fórmula mágica en política, en lugar de ganar en las urnas.

En toda batalla, hay dos frentes que ganar, el nacional y el internacional. Cataluña es ahora la batalla que ocupa a España y, como tal, el Gobierno tiene que afrontar el desafío interno, por un lado; y, por otro, el desafío externo, que supone que algunos miembros de la comunidad internacional hayan puesto en cuestión la actuación del Gobierno el pasado 1-O.

El Ejecutivo secesionista de Carles Puigdemont ha sabido jugar muy bien la baza internacional: haciendo ruedas de prensa en inglés (además de en catalán y castellano), incitando a la población a subir a las redes sociales imágenes de las colas ante los colegios de votación y atendiendo a los múltiples medios acreditados (previo pago, eso sí, de 10 euros por periodista). Cataluña ha estado y está en el centro del foco mediático, un foco en el que una imagen vale más que mil palabras y que puede manipular en segundos las mentes de cientos de miles de personas. Y esto es exactamente lo que está sucediendo.

Una imagen centrada en las emociones

En el exterior, las imágenes que se han trasmitido del referéndum catalán se han centrado en las emociones: de un lado, la alegría de algunos catalanes (que decían tener los pelos de punta de la emoción de votar) y, de otro, la tensión (con mayor o menor violencia) vivida en algunos colegios electorales por la actuación de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad nacionales.

La emoción y no la razón es lo que domina los medios de comunicación. Los catalanes lo tenían bien claro… la política se gana en las calles (con la movilización social) y con la imagen (desde los medios de comunicación). Esta combinación explosiva es la esencia del populismo. Y, por si fuera poco, tampoco les ha faltado ayuda externa. Sirvan de ejemplo las campañas de desinformación sobre Cataluña, financiadas desde Rusia, para desestabilizar aún más la Unión Europea con una posible desintegración de la unidad nacional de España.

Emoción versus razón, he aquí la cuestión. El Gobierno español tenía razón al decir que era un referéndum ilegal, contrario al Estado de Derecho y nuestra Constitución. Es más, el 1-O es un golpe de Estado en toda regla, no un golpe militar, sino un golpe mediático, un golpe moderno, en el que ni el fraude electoral, el pucherazo o la coacción han sido vistos con malos ojos por una parte de los catalanes y por otra parte de la comunidad internacional. Pero la razón hoy no vende como ayer. Lo que vende es la emoción. Ejemplo de ello es que todas estas malas artes electorales parecen ser perdonadas por parte de la opinión pública (catalana e internacional), porque el malo, el enemigo que se ha dibujado en el imaginario colectivo, es el Gobierno español, un Gobierno al que se le acusa de no permitir dar alas a la emoción, al sentimiento de pertenencia a una u otra nación, a ejercer el llamado derecho a decidir.

El derecho a la autodeterminación

Lo que olvidan los que defiende el derecho a la autodeterminación es que tal derecho no implica el derecho a la secesión de un territorio o el derecho a la independencia, sino el derecho al autogobierno. Los catalanes (como los vascos, los gallegos, los valencianos o los extremeños) se autogobiernan cada cuatro años, cuentan con instituciones propias y son tratados en pie de igualdad, en virtud del artículo 14 de nuestra Constitución. En caso de sometimiento (por ser una colonia, por ejemplo) o en caso de desigualdad de trato respecto al resto de los nacionales de un país, procedería ejercer el derecho a la autodeterminación, pero no es este el supuesto, porque Cataluña, repito, ya ejerce su autodeterminación, autogobernándose en el marco del Estado de las Autonomías.

La legalidad internacional está de lado de Mariano Rajoy. La legalidad nacional también. Sin embargo, el Partido Popular ha perdido la batalla mediática internacional, la batalla de la emoción y la imagen. Los canales internacionales de noticias se centraban más en la actuación policial que en la ilegalidad del referéndum. Los gobiernos de Bélgica (Charles Michel) y Escocia (Nicola Sturgeon) criticaban dicha actuación. La premier británica, Theresa May, y el jefe de la oposición, Jeremy Corbyn, apelaban al fin de la violencia policial y a la búsqueda de una solución política. Desde la izquierda francesa, Jean-Luc Mèlenchon o Benoît Hamon se manifestaban de forma similar. El presidente del SPD alemán y expresidente del Parlamento Europeo, Martin Schulz, o la ministra de Exteriores sueca, Margot Wallström, clamaban por el fin de la violencia y el inicio de la negociación política.

Lejos parecían quedar los apoyos de presidentes como Donald Trump o Emmanuel Macron, que defendían la unidad de España.

El Partido Popular no es culpable, ni mucho menos, de la situación, pero sí es el responsable de la gestión y solución del problema. La causa catalana está sobre la mesa en los foros internacionales. Ello es una clara derrota de la imagen exterior de España. Una España democrática, defensora y valedora de los derechos humanos, que ha aparecido en los medios internacionales como una España represora del diálogo (pese a que ello no sea real).

Cambiar esta imagen no es fácil y, aunque estos líderes internacionales poco o nada saben de la historia de España y su unidad, el mensaje que han dado es que hay que negociar y dialogar. En otras palabras, que los catalanes tendrán algo de razón si salen a la calle… de otro modo, estarían en casa (“brillante” razonamiento, ¿no?). Esto abre la peligrosa senda del populismo: tomar las calles como fórmula mágica en política, en lugar de ganar en las urnas (por ello, no habrá elecciones autonómicas en Cataluña… porque la agitación social da más resultados y es más efectiva para Puigdemont y sus secuaces).

Si la batalla internacional está casi perdida… la batalla interna no es menos difícil: es necesario un frente común de los partidos constitucionalistas para buscar soluciones y generar estrategias conjuntas, pero está poder ver si el Partido Socialista de Pedro Sánchez, que dice estar del lado del Estado de Derecho, estará o no, del lado del Gobierno, a las duras y las maduras…. o si preferirá otros socios para terminar de quebrar España y conseguir, como busca Podemos, dos Repúblicas (la española y la catalana), al precio de una (la catalana).

Imagen de portada: Enfrentamientos entre manifestantes y la Policía a las puertas del colegio Ramón Llul de Barcelona, durante la jornada del referéndum ilegal del 1 de octubre | Agencia EFE
Escrito por

Vicedecana de la Facultad de Derecho de la USP CEU y Profesora titular de Ciencia Política. Doctora en Estudios Europeos por CEU Cardenal Herrera, máster en Ayuda Internacional Humanitaria por la Universidad de Deusto y experta en sistemas políticos comparados y procesos electorales.

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