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Un Gobierno a trompicones. 100 días de bandazos para Pedro Sánchez

Los 100 primeros días de Gobierno han puesto en evidencia los bandazos de Sánchez en asuntos como los impuestos, los refugiados y la memoria histórica. Los socialistas pensaron en llegar a La Moncloa, pero no en cómo gestionar el país. 

Pedro Sánchez tenía una obsesión: mandar. Pero nunca se le pasó por la cabeza que, a lo mejor, tras sacarse las fotos del Falcon, el Súper Puma, sus manos, o la carrera con el perro, habría que hacer algo con España. A poder ser, gobernarla. Llegó al poder sin que nadie lo esperara. Posiblemente ni él. Y cada día que ha pasado desde esa moción de censura no ha dejado de demostrar que, efectivamente, nunca pensó en el día después. Si hay una frase que puede definir a este Gobierno es la siguiente: los bandazos de Sánchez.

El primer aviso fue la misma semana de formar Gobierno. El periodista y presentador de televisión Màxim Huerta, recién ascendido a ministro de Cultura, había sido cazado colando su casa de la playa entre los bienes de su sociedad para pagar menos impuestos. Sánchez le dio su apoyo. Eso sí: durante un día. El primer bandazo duraba 24 horas y Huerta era “dimitido”.

El segundo de los bandazos de Sánchez fue de mayor impacto: anunció la acogida del buque Aquarius con más de 600 inmigrantes a bordo. El buscado efecto mediático llegó de inmediato. El problema fue que se produjo dentro y fuera de nuestras fronteras, provocando un efecto llamada que disparó las llegadas de inmigrantes los siguientes días en un momento en el que España era ya la principal ruta de atracción de inmigrantes ilegales, tal y como le acababa de advertir Frontex.

Angela Merkel llamó a capítulo al presidente del Gobierno. Y no tardó en dar cabida a otro de los bandazos de Sánchez: aceptó los Centros de Internamiento Internacionales y ordenó la devolución en caliente de 116 subsaharianos. Días más tarde, además, Alemania comunicaba que mandaría a España sus excedentes de inmigrantes ilegales. Sánchez lo asumió sin rechistar.

Franco se sumó a la lista de bandazos de Sánchez. Prometió sacar sus restos del Valle de los Caídos antes de agosto. Aún siguen allí. Luego dijo que convertiría el Valle en un centro de concordia de todos los bandos. Más tarde, que en un museo de la memoria histórica. Y ahora, que en un cementerio civil. Lo cierto es que su equipo jurídico le informó desde el inicio de la dificultad legal de su plan. Pero a él ese detalle no le importó.

Las frases de Carmen Calvo: el dinero público no es de nadie y en la era Sánchez se nota

El siguiente bandazo llegó con el juez Pablo Llarena. El juez instructor del golpe separatista del 1-O se enfrentaba a la demanda civil que el expresidente de la Generalitat Carles Puigdemont había presentado en Bélgica. El Gobierno dejó vendido al juez, afirmando que ellos no debían defenderlo. La rectificación llegó en un día: el Ejecutivo de Sánchez pasaba a afirmar, no solo que lo debía defender, sino que ya lo estaba haciendo. ¿No lo sabía la vicepresidenta Carmen Calvo, que lo había negado un día antes?

La enésima corrección llegó con el impuesto a la banca. Sánchez lo anunció a bombo y platillo. Mil millones de recaudación iba a tener. Pero, tras verse con los bancos, dijo que era mucho mejor cobrárselo a los ahorradores por las transacciones financieras y bursátiles. Luego llegó el impuesto al diésel: récord de bandazo. Sánchez consiguió reafirmarlo en la radio mientras el ministerio responsable lo calificaba de “globo sonda”. Y todo ello, con un sector que solo en fabricación mueve 300.000 empleos.

https://twitter.com/ahorapodemos/status/1037634630692872192

Y, por último, por ahora, el Gobierno acaba de poner en cuarentena una decisión del Ministerio de Defensa para anular una venta de bombas de precisión del Ejército de Tierra a Arabia Saudí. Todo ello mientras el “cuanto antes convocaré elecciones generales” ha sido sustituido por “no adelantaré elecciones”. Y, mientras, Bruselas se planta en España para pedir control del déficit y esa misma tarde Pablo Iglesias anuncia partidas de gasto por valor de, al menos, 5.000 millones.

Cien días de Gobierno. Y aún daremos gracias de que no hayan llegado a cien los bandazos de Sánchez. Todavía.

Ilustración de portada: El presidente Pedro Sánchez junto a un barco de feria | Pablo Casado (imagen: congreso.es)
Escrito por

Periodista.

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