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Imponer el bable, aunque nadie lo hable . El secesionismo abre una nueva brecha fratricida

El Proyecto 2018 tiene como objetivo la defensa de la cooficialidad del bable en Asturias, aunque la realidad social revela que el empleo de esta lengua autóctona es muy limitado. Se trata de un descarado intento de imposición ideológica que creará ciudadanos más divididos, menos libres y con mayor presión fiscal. La epidemia secesionista parece imparable.

La amenaza se extiende, el virus se propaga. Nos encontramos ante una de las peores plagas del siglo XXI. Además de ser peligrosamente contagiosa, puede dejar secuelas irreversibles… Es el secesionismo, “el hambre de poder templada por el autoengaño”, parafraseando a Ortega.

Cuando todavía continuamos pendientes del incierto futuro de Cataluña, nos acecha una nueva reivindicación con un nombre que nada tiene que envidiar a las operaciones secretas del Pentágono: “Proyecto 2018”. Dejemos todo lo que estamos haciendo. Este es, sin duda, el más ambicioso, el más urgente, el más relevante del año, el único: EL PROYECTO.

Se trata de una iniciativa de varios colectivos asturianistas, principalmente la Xunta pola Defensa de la Llingua Asturiana, que tiene como gran objetivo la defensa de la cooficialidad del bable en el Principado. Un plan secundado con los ojos cerrados -al parecer, en el sentido literal del término- por el PSOE, IU, Podemos e incluso Foro Asturias, la formación fundada por Francisco Álvarez-Cascos, que en las últimas elecciones generales concurrió en coalición con el Partido Popular.

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Aunque el presidente de esta comunidad, Javier Fernández, no contempla en su legislatura la cooficialidad del bable, su partido, el PSOE, en este tema -como en todos- está dividido. El secretario general de la Federación Socialista Asturiana (FSA-PSOE), Adrián Barbón, quiere incluirlo en el programa electoral e incluso promete promover una reforma del Estatuto de Autonomía.

Solo el PP y Ciudadanos se muestran contrarios a una propuesta que generaría importantes costes materiales y, sobre todo, inmateriales.

La “obligatoria” libertad lingüística

So pretexto de defender los derechos lingüísticos de los bablehablantes, el proyecto encierra un descarado intento de imposición ideológica, cimentado sobre una gran falacia.

La falsedad consiste en hacernos creer que tres cuartos de la población asturiana hace uso del bable, el nombre que la lengua asturleonesa recibe en el Principado. Si bien es cierto que se han incorporado al habla coloquial (en español) algunos giros, términos y expresiones de esta lengua autóctona, no nos engañemos: la realidad social, que es tozuda, nos revela que el asturiano goza de protección y, además, su empleo es muy limitado.

Para empezar, la pretendida represión lingüística que dicen padecer los interesados no es tal, pues existe un marco legal que garantiza el derecho a la utilización de esta lengua. Desde 1980, el Principado cuenta con su propia Academia de la Llingua Asturiana y con la Ley 1/1998, de 23 de marzo, de uso y promoción del bable/asturiano.

Además, el asturiano está incluido como asignatura optativa en los colegios e institutos y los alumnos pueden estudiarlo en todos los niveles de educación no universitaria. Sin embargo, los datos son llamativos: en Primaria solo lo elige la mitad del alumnado, en Secundaria el 14% y en Bachillerato el 3,5%. Las cifras hablan por sí solas.

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Según este proyecto, el bable pasaría a ser “obligatorio” tanto en la enseñanza como en la Administración. ¿Obligatorio? Eso sí que es libertad lingüística…

A todo ello se suma el elevado coste que la medida acarrearía en materia de educación: cambios en los planes de estudios, libros de texto, formación del profesorado… Y no digamos en el ámbito de la Administración: funcionarios traductores, duplicidad de señalización, cartelería, documentos oficiales…

En 2017, el presupuesto del Principado dedicó 1,57 millones a la promoción del asturiano. Unos fondos que van destinados a subvenciones a ayuntamientos y medios de comunicación para la “normalización lingüística”, ayudas para la música o financiación de la Academia de la Llingua Asturiana.

Según datos de la Plataforma contra la Cooficialidad del Bable, tomando como referencia el gasto del Gobierno vasco dedicado al euskera en 2017, la cooficialidad del asturiano alcanzaría la friolera de unos 58 millones de euros anuales. Algunas estimaciones incluso prevén que la partida actual para la promoción del bable se multiplicaría hasta por 50.

Se abre una nueva brecha fratricida

Una vez más, en nombre de una supuesta libertad lingüística –eso sí, con intereses creados-, vuelve a abrirse la brecha fratricida. Nuestra doliente España, que aún se relame las heridas abiertas en Cataluña, ve cómo surgen nuevas grietas en su unidad.

Detrás del Proyecto 2018 se ocultan, una vez más, intentos demagógicos de atraer al electorado, al que tratan de vender la anhelada igualdad con comunidades cuya lengua es cooficial, como Cataluña, Galicia o País Vasco.

Pero es más. La propuesta, aparte de fomentar la división social y de disparar el gasto público, es absurda en sí misma. Y todo ello por una razón de pura lógica. O de pragmatismo, si quieren.

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“El tiempo es a la vez el más valioso y el más perecedero de nuestros recursos”, decía el político norteamericano John Randolph. ¿No sería más racional invertir nuestros esfuerzos en conseguir que los alumnos mejoren sus conocimientos de la lengua española que, dicho sea de paso, dejan mucho que desear? ¿O que la población en general se dedique a estudiar y perfeccionar un idioma, como el inglés, que se utiliza en todo el orbe, en vez de dispersarse en una lengua dialectal con escasa aplicación? Cuando viajemos, trabajemos fuera de España o nos relacionemos con gente de otros países, de poco o nada nos va a servir el bable… ni, por supuesto, el catalán, el gallego o el euskera.

El Proyecto 2018 creará ciudadanos más divididos, menos libres y con mayor presión fiscal… ¿De verdad tenemos que parar los motores y dejar todo lo que estamos haciendo para dedicarnos en cuerpo y alma a imponer el bable, aunque nadie lo hable?

Por desgracia, esta ocurrencia no será la última de una epidemia secesionista que parece imparable, de una dañina quimera que quiere construir naciones donde no las hay.

Ya lo advertía Einstein: “El nacionalismo es una enfermedad infantil. Es el sarampión de la humanidad”.

Imagen de portada: Fachada de la Academia de la Llingua Asturiana
Escrito por

Licenciada en Derecho y diplomada en Ciencias Empresariales. Redactora de El Debate de Hoy.

Ultimo comentario
  • Ya lo advertía Einstein: “El nacionalismo es una enfermedad infantil. Es el sarampión de la humanidad”. Sí, y se estaba refiriendo al nacionalismo español, al alemán y a aquellos otros que necesitaban destruir a la minorías para imponerse.
    Si usted se hubiese tomado la molestia de leer una mínima parte de la literatura escrita en lengua asturiana en los últimos cuatro siglos se daría cuenta que tras la defensa del idioma asturiano no existe un nacionalismo asturiano, más bien lo contrario. Pero la derecha de madrid se empeña en formar y llenar de razones nacionalistas no españolas a todos los ciudadanos que hablen una segunda lengua, en cataluña o en asturias. el odio os ahoga

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