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Ofensiva del Estado Islámico . Los ataques terroristas se expanden de Londres a Filipinas

Los sucesivos ataques terroristas en suelo europeo reivindicados por el Estado Islámico (EI), el último el producido en Londres el 3 de junio, no son sino parte de un activismo letal que golpea cotidianamente en diversas latitudes del mundo.

En momentos en los que lo más oportuno parece ser analizar la huella letal que los yihadistas salafistas están dejando en Europa Occidental, con tres ataques terroristas sangrientos en el Reino Unido en el último trimestre y con más de 230 muertos producidos en Francia entre 2015 y la actualidad, bueno es mirar un poco más allá para aprehender la dimensión real de la amenaza global que el EI representa. El EI no solo concentra su esfuerzo en Oriente Próximo y el continente europeo, sino que golpea con saña en otras latitudes, tanto cercanas como muy alejadas de nosotros.

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La agencia Amaq, que el EI utiliza para reivindicar sus acciones, funciona a pleno rendimiento, y si el 4 de junio ha reivindicado la matanza de London Bridge, el 1 de junio había asumido la autoría de un ataque realizado contra una patrulla de la Gendarmería Nacional argelina, en Larbaa, el día anterior. Los terroristas fieles al embrión califal proclamado por Abu Bakr El Bagdadi, en junio de 2014 en Mosul, han activado provincias (wilayat) en diversas latitudes del mundo arabo-musulmán y su intento de consolidar la de Argelia, afortunadamente, no acaba de cuajar. El Ejército argelino abatía el 2 de junio a dos de los terroristas que hirieron en Larbaa a cuatro gendarmes y por ahora ha sido capaz de impedir a Jund Al Khilafat (Soldados del Califato) hacerse fuerte en el gigante magrebí.

El EI no ha tenido éxito en términos de implantación en Argelia, pero sí lo tiene en términos de reclutamiento en sus vecinos Marruecos y Túnez y es muy activo en Libia y también en Egipto. En estos dos últimos países ha llegado a proclamar hasta cuatro provincias, tres en Libia (Barqa o Cirenaica, Tripolitania y la meridional Fezzan) y una en Egipto, que es de hecho su primera proyección exitosa al exterior como Wilayat Al Sina. En Egipto, el EI asesinaba a cuatro militares el 1 de junio, cerca de la localidad de El Bawiti, en el Desierto Occidental.

El objetivo asiático de la yihad

Pero en momentos en los que parece ya inminente el asalto a la ciudad siria de Raqqa, capital del embrión califal, y en los que el EI sigue perdiendo barrios de Mosul, la emblemática ciudad iraquí desde hace tres años en sus manos, el activismo del grupo en suelo europeo e incluso su redespliegue africano no debe eclipsar su fijación por Asia, donde su letalidad es alta y donde los lejanos escenarios de combate que alimenta dan fe de su ambición.

La oscura financiación del yihadismo

Aparte de su capacidad para reclutar miles de miembros en la Federación de Rusia o en las cinco repúblicas centroasiáticas, además de en países del Sudeste Asiático como Indonesia y Malasia, el EI destaca hoy en términos de sangriento activismo en dos países particularmente castigados por el grupo: Afganistán y Filipinas. Afganistán forma parte de la cartografía califal del EI como parte de Jorransar, macroprovincia califal que incorpora también regiones de Pakistán e Irán, y su capital Kabul viene sufriendo el azote de los “soldados del Califato”. Asesinó a más de 80 personas en dos ataques suicidas en julio de 2016, a más de 30 el pasado marzo en un ataque a un hospital militar y es altamente probable que la agencia Amaq reivindique pronto la matanza del pasado 31 de mayo, que con 90 muertos y más de 400 heridos en el momento es el peor atentado sufrido en suelo afgano hasta ahora.

Filipinas, país tan lejano pero a la vez tan próximo a España, es últimamente uno de los escenarios más visibles de la ofensiva del EI. Lo es particularmente con el ataque a la ciudad de Marawi, situada en la meridional isla de Mindanao y en manos de los yihadistas desde el pasado 23 de mayo. La franquicia filipina del EI es el grupo Maute, que pretende activar una provincia del Califato en el país y cuyos miembros han provocado con su ambiciosa acción de Yihad urbano la muerte de más de 170 personas. El Ejército filipino combate a los yihadistas para recuperar el control de la ciudad y en su ofensiva está identificando entre los terroristas muertos nacionalidades muy variadas, desde saudíes y yemeníes a turcos o rusos de Chechenia, además de indonesios y malasios. La ubicuidad del EI queda de nuevo confirmada, tanto con la expansión geográfica de sus acciones como con los orígenes variados de quienes engrosan sus filas.

Imagen de portada: Un soldado filipino patrulla la ciudad de Marawu, donde se combate a la filial del Estado Islámico conocida como grupo Maute. Sus ataques terroristas han dejado más de 170 muertos | Agencia EFE
Escrito por

Profesor de Relaciones Internacionales de la UNED.

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