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El divorcio de la sociedad catalana . Arrimadas es reina, pero gobernará el independentismo

La candidata de Ciudadanos, Inés Arrimadas, ha llevado por primera vez en la historia a un partido constitucionalista a la primera plaza del pódium en Cataluña, pero no podrá gobernar. El independentismo ha vuelto a ganar al haberse alzado con la mayoría absoluta. Esta comunidad, parte esencial de España, vive un divorcio entre determinada élite y la realidad social.

Las elecciones autonómicas de Cataluña del 21 de diciembre de 2017 (un año políticamente cargado de acontecimientos relevantes, con la cuestión catalana convertida en el centro neurálgico de la vida española) no han despejado un problema que viene de atrás, pero que se ha agudizado terriblemente en los últimos cinco años: el llamado encaje de Cataluña en el Estado español. El independentismo, después de provocar una insumisión intolerable, medio proclamar la República catalana y obligar al Gobierno a la aplicación del artículo 155 de la Constitución y la convocatoria de elecciones, ha vuelto a ganar. Uno de sus líderes, el huido expresidente Carlos Puigdemont, pretende, en su delirante deriva, ser repuesto como president, a pesar de que corre el riesgo de ser detenido en cuanto vuelva de Bélgica. El otro, Oriol Junqueras, está en prisión. Juntos suman mayoría de escaños para gobernar. ¿Intentarán volver a las andadas?

Solo hay un rayo de esperanza tras una jornada en la que las tres fuerzas separatistas catalanas se alzaron otra vez con la mayoría absoluta: Ciudadanos, un partido que hace 11 años tenía solo 3 diputados en el Parlament, ha sido el vencedor de las elecciones, con más de un millón doscientos mil votos y 37 escaños. Una mujer, Inés Arrimadas, nacida en Jerez e imagen viva de lo que tiene de mezcla y complejidad la sociedad catalana, a la que a la salida de su colegio electoral unos llamaron “fascista” y otros “presidenta”, ha llevado por primera vez en la historia de Cataluña a un partido constitucionalista a la primera plaza del pódium. Las dos impresionantes manifestaciones de afirmación españolista del mes de octubre en Barcelona no transcurrieron en vano. Esa es la primera lección a extraer de estas elecciones que han batido, con el 82%, el récord de participación, superior incluso al 81% que aupó a Felipe González al poder en 1982: el independentismo gana, pero no puede ignorar la polarización de lo que Tarradellas llamó, a su vuelta a España, “Ciudadanos de Cataluña”.

España, Cataluña y Europa

La mitad de esos ciudadanos, al menos, no quiere separarse de España y tiene derecho -y aún más si se agrupa en torno al partido más votado, con el añadido obligado del Partido Socialista y los restos del naufragio del Partido Popular-, a intervenir en la vida pública y a reivindicar las tres banderas que Ciudadanos luce en su emblema: la española, la catalana y la europea.

Es lo que hizo Inés Arrimada al dar los “viscas” de rigor -a España, a Cataluña y a Europa- al final de su comparecencia frente a sus partidarios y rodeada por el estado mayor de su partido, en esos momentos irrepetibles en que el ganador de las elecciones bebe el licor de la gloria y olvida los sinsabores y los insultos de la dura campaña. Pero los sinsabores seguían ahí: mientras Arrimadas recordaba a los suyos (y a toda España, que la seguía por las pantallas de televisión) que “nunca más nadie podrá hablar en nombre de Cataluña, porque Cataluña es diversa y plural y catalanes somos todos” (y algunos entusiastas daban otro grito de guerra propio de los partidos de fútbol que juega la selección, “Soy español, es-pa-ñol- es-pa-ñol”), en el faldón de los televisores se veía pasar el último escaño en disputa, en Tarragona, del azul del Partido Popular al naranja de Ciudadanos: 37 para Inés Arrimadas (que se quedó patidifusa cuando los que la rodeaban, Rivera, Girauta y alguno más, que se daban codazos entre sí, se lo comunicaron) y 3, solo 3, para Albiol, el hombre que ha pagado, con Rajoy, que se mojó intensamente durante la campaña, esa invitación al voto útil que hizo el partido naranja. “Votar al PP es tirar el voto a la basura”, había dicho, desafiante, Albert Rivera. Por lo que se va sabiendo, muchos votantes populares le hicieron caso.

Arrimadas es reina, pero no gobierna

¿Dónde está el sinsabor? En que Inés es reina, pero no gobierna. Y si los otros dos partidos constitucionalistas hubieran obtenido un mayor número de votos, quizá se hubiera podido alcanzar ese sueño imposible de conseguir también la mayoría en el Parlament y cambiar, ahora sí, la Historia. Pero el PSC solo subió un escaño, muy lejos de sus expectativas y de la esperanza depositada por Miguel Iceta en su empeño transversal, con exdemocristianos y excomunistas en su lista (bueno, y con el guiño al nacionalismo con su referencia a los posibles indultos a la tropa transgresora, que alarmó a muchos) y el PP se hundió miserablemente, con consecuencias que aún no están evaluadas, pero que sin duda se producirán.

Los que saben más de encuestas (que esta vez se acercaron mucho a la realidad) tienen ahora una tarea complementaria: analizar bien lo que ha pasado. Narciso Michavila, de Gad 3, ha explicado en un desayuno poselectoral, desde la preocupación y la perplejidad, que el catalán “es el electorado más sincero y más comprometido”, por lo que es muy fácil saber lo que piensa la sociedad catalana, “que vive un divorcio entre determinada élite y la realidad social”. Como las metáforas futbolísticas son inevitables, este prestigioso sociólogo dijo que es como sí en la selección catalana cinco jugadores vistieran la camiseta con la estelada, otros cinco la española, y el portero, la violeta de Podemos. Pero antes del estallido del ‘procés’ no era así. En 2004, solo un 14% estaba por la independencia. A partir de 2012, tres jugadores más se pusieron la camiseta separatista.

Según la también socióloga Belén Barreiro, exdirectora de CIS, la movilización histórica que se ha producido en Cataluña recuerda a la que hubo en el País Vasco en 2001, cuando las encuestas apuntaban favorablemente al bloque no nacionalista, que encabezaban Mayor Oreja (PP) y Redondo Terreros (PSE), pero, ante el riesgo de perder, los nacionalistas echaron el resto en capacidad de convocatoria, y ganaron. Aunque Ibarretxe, que era un precursor vasco de Puigdemont, no sacó su plan adelante ni tuvo que salir corriendo.

El independentismo cae en contradicción cuando asegura que respeta la democracia

Cataluña sigue siendo una parte esencial de España, recordó Michavila. Tiene el 16% de la población española, el 20% de su PIB y el 25% de sus exportaciones. “Cuando conoces bien la sociedad catalana sabes que hay salida. La política económica será clave en el futuro”, ha dicho este experto, que se ha mostrado esperanzado, “porque hay una enfermedad social, y hay cura“.

Los que hemos acompañado en la mañana poselectoral a este sociólogo, que ha acertado en sus vaticinios y ha hablado con mucha gente en Cataluña, hemos deseado que encuentre lo antes posible las recetas para esa cura.

Imagen de portada: La candidata de Ciudadanos, Inés Arrimadas, y el presidente del partido, Albert Rivera (i), celebran los resultados obtenidos en las elecciones catalanas del 21 de diciembre. | Agencia EFE
Escrito por

Periodista. Expresidente-director general de la Agencia EFE.

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