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¿Está en duda la calidad del régimen ruso? . Alexei Navalny desafía al presidente Putin

Las victorias de Rusia Unida en las elecciones legislativas y del propio Putin en las presidenciales despertaron una fuerte protesta ciudadana reclamando la repetición de las elecciones, aunque este movimiento fue castigado y mantenido en silencio… hasta ahora.

Rusia se define en su Constitución como una democracia presidencialista. Sin embargo, los hechos demuestran que estamos, con dificultad, ante una democracia híbrida o un semiautoritarismo, es decir, un sistema a caballo entre la dictadura y la democracia, controlado férreamente por su presidente, Putin.

En Rusia, la oposición estaba prácticamente muerta desde 2012. En ese año, las victorias del partido de Putin (Rusia Unida) en las elecciones legislativas y del propio Putin en las presidenciales despertaron un fuerte e inusual movimiento de protesta ciudadana, en el que participó activamente la clase media urbana, denunciando irregularidades electorales y reclamando la repetición de las elecciones, así como una amplia reforma del sistema político. El movimiento de protesta, sin embargo, fue duramente castigado, por lo que había permanecido en silencio… hasta ahora. Sin embargo, la mala situación económica de la población rusa, la subida de los precios y los altos índices de corrupción entre las élites han desatado un movimiento de protesta sin precedentes, que se ha saldado con numerosas detenciones.

No creo que estemos ante el fin de la era Putin, pero es probable que el presidente ruso tenga que reconsiderar algunas de las medidas políticas adoptadas en los últimos años, con las que ha reforzado su presidencialismo, y deberá poner una solución rápida a las carencias económicas que viven los rusos

El movimiento de oposición liderado por Alexei Navalny convocó, el domingo 26 de marzo, una manifestación masiva contra la corrupción que reclamaba la dimisión del primer ministro Medvedev por presunto enriquecimiento ilícito y malversación de fondos públicos. Noventa ciudades se movilizaron, desde Kaliningrado a Siberia, Samara o Krasnodar. La respuesta de Putin fue contundente: unas fuentes hablan de 800 detenidos, otras de casi 1.000. Cifras astronómicas que, sin duda, pasarán factura a Putin.

Dudo mucho que estemos ante el fin de la era Putin, pero es probable que el presidente ruso tenga que reconsiderar algunas de las medidas políticas adoptadas en los últimos años, con las que ha reforzado su presidencialismo, y deberá poner una solución rápida a las carencias económicas que viven los rusos. Tan grave es la situación, que aumentan los nostálgicos del comunismo, ya que en aquella época los precios estaban controlados y lo poco que había estaba subvencionado. Conviene no olvidar, en este sentido, que el Partido Comunista en Rusia sigue siendo una gran fuerza política en el país, aunque no parezca que sea un rival de peso electoral.

Navalny probablemente no podrá ser candidato para las elecciones presidenciales, porque tiene una condena por corrupción que lo mantiene alejado de la vida pública

En 2018 habrá elecciones presidenciales de nuevo. Putin cuenta, según los datos oficiales, con una popularidad que ronda el 80 por ciento, por lo que revalidará su cargo con facilidad, pero las campañas de Navalny y sus investigaciones contra muchos políticos de la élite están siendo muy dañinas. El líder opositor ha atacado muy durante al primer ministro Medvedev, al que acusa de haberse hecho millonario mediante fundaciones benéficas dirigidas por testaferros de confianza. La lista de políticos del partido Rusia Unida presuntamente corruptos es mucho más larga.

El Partido Comunista de Rusia sigue siendo una gran fuerza política en el país, aunque no parezca que sea un rival de peso electoral

Navalny probablemente no podrá ser candidato para las elecciones presidenciales, porque tiene una condena por corrupción que lo mantiene alejado de la vida pública. No es para menos, ser opositor en Rusia es un riesgo de alto voltaje y uno puede ser acusado de todo, con tal de no dañar a Putin, el nuevo César del siglo XXI. Entonces, la gran pregunta es si la oposición podrá seguir actuando o no. Ello me recuerda una frase de Winston Churchill que decía: “El éxito no es definitivo, el fracaso no es fatal: es el valor para continuar lo que cuenta”. Mucho valor les hará falta, sin duda, a los ciudadanos que tomen parte en las futuras protestas de la oposición rusa. Veremos lo que pasa.

Foto de portada: El presidente ruso Vladimir Putin
Escrito por

Vicedecana de la Facultad de Derecho de la USP CEU y Profesora titular de Ciencia Política. Doctora en Estudios Europeos por CEU Cardenal Herrera, máster en Ayuda Internacional Humanitaria por la Universidad de Deusto y experta en sistemas políticos comparados y procesos electorales.

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