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¿A quién votar el 28 de abril? El sistema electoral tiene la respuesta

¿A quién votar? Esa es la pregunta que muchos se hacen de cara al 28 de abril. ¿Cuánto vale mi voto? Otra gran cuestión que se explica al conocer el sistema electoral español y sus complejas proporciones.

La respuesta a la pregunta, ¿a quién votar en las próximas elecciones del 28 de abril? puede venir dada, sencillamente, por la mecánica del funcionamiento del sistema electoral español.

En España no existe un único sistema electoral, sino un caleidoscopio de múltiples sistemas (ya sea para elegir el Congreso, el Senado, los Parlamentos autonómicos, los ayuntamientos o los escaños del Parlamento Europeo). Pese a la diversidad, hay ciertos elementos comunes, en la medida en que la mayoría de ellos tiende a imitar buena parte de las disposiciones establecidas para la elección del Congreso de los Diputados.

Más allá de esto, la otra gran similitud es que ninguno de los sistemas es neutro.  Como ocurre en todos los países del mundo, los sistemas electorales generan unas mayorías artificiales (en términos de escaños) que no reflejan exactamente la mayoría natural (o número de votos) de los partidos. Es decir, unos partidos se verán infrarrepresentados (en escaños) y otros estarán sobrerrepresentados. La razón es simple: lo que importa es buscar la gobernabilidad, sacrificando en mayor o menor medida la representación de los ciudadanos.

Esto es así siempre, aunque, obviamente, existen diferencias entre unos países y otros, las cuales radican en el grado de artificialidad (y artificiosidad) de las mayorías que se crean: los sistemas con fórmulas mayoritarias (Reino Unido, Estados Unidos, Francia, Canadá o Nueva Zelanda) acrecentarán este fenómeno, mientras que, por el contrario, los sistemas con fórmulas proporcionales (como la Ley D’Hondt empleada en Finlandia o los Países Bajos) distorsionarán menos los resultados finales.

España y su proporción desproporcionada

Pero en España se produce una situación excepcional: la proporcionalidad de la fórmula D’Hondt se rompe al repartir los escaños (las 350 porciones de la tarta del Congreso de los Diputados, por emplear un símil sencillo) en “platos” o circunscripciones provinciales (que resultarían platos muy pequeños, en los que cabrían tartas de 6 o 7 porciones de media). Ello significa que si llega un octavo comensal (por ejemplo un partido con menos votos, que los partidos tradicionalmente más votados en dicha provincia) no tendría acceso a ninguna porción, ya que no hay más escaños para repartir en la provincia. De hecho, las provincias españolas cuentan de media con 6-7 escaños cada una, por lo que resultan muy pequeñas para garantizar la asignación de puestos a terceros o cuartos partidos.

La explicación es histórica. En la Transición se buscó huir del sistema mayoritario republicano, por sus efectos desestabilizadores, pero se temía un modelo muy proporcional que no permitiera llegar a grandes consensos entre las fuerzas políticas. Por ello, cuando se redactó el artículo 68 de la Constitución (partiendo del modelo de la Ley para la Reforma Política de 1977) se persiguió mantener el efecto de contención de la llamada “sopa de letras”, es decir, evitar la multiplicidad de los partidos políticos existentes en la Transición, para que no se convirtieran todos en partidos parlamentarios.

Aquel Sábado Santo ‘rojo’ . La legalización del Partido Comunista consolidó la Transición

La forma de cerrar el acceso al Parlamento fue la partición del territorio en espacios pequeños (las circunscripciones provinciales) en lugar de hacer uso de una circunscripción única a nivel nacional. El resultado es que solo acceden cómodamente a los escaños dos tipos de partidos: primero, aquellos partidos con muchos votantes (como el Partido Popular o el Partido Socialista); segundo, aquellos partidos que disponen de sus votos de forma concentrada en un territorio (como los nacionalistas vascos o catalanes; el partido Ciudadanos en su origen, al concentrarse en Cataluña; e incluso partidos como Coalición Canaria, que solo tienen votos en el archipiélago).

El resto de formaciones, los partidos con votos dispersos por el conjunto del país, se enfrentan a serias dificultades para acceder a los escaños. Ello sucede no tanto por el efecto de la barrera electoral (el 3% sobre el número de votos válidos emitidos), como por la escasez de escaños a repartir en cada provincia. De este modo, partidos como Izquierda Unida, la extinguida Unión Progreso y Democracia (UPyD), los partidos verdes u otros, se enfrentaron a mayores dificultades en la conquista de San Jerónimo, porque perdían muchos votos por el camino.

Este efecto generó tradicionalmente un bipartidismo, en torno al PP y el PSOE, hasta la irrupción de Podemos en 2015, la ampliación de miras de Ciudadanos o la reciente eclosión de Vox en Andalucía. La presencia de nuevos actores políticos ha sacudido la escena política, permitiendo la entrada de un soplo de aire fresco en el hemiciclo, pero el riesgo, de cara a las próximas elecciones generales, es precisamente que la división del voto rebaja las posibilidades de ser beneficiado por la sobrerrepresentación que genera artificialmente el sistema electoral español.

El famoso voto útil

Como en su día le pasó al PSOE, que sufrió la división de su voto entre Podemos y, en menor medida, Ciudadanos. Ahora el PP teme que sus votantes se dispersen entre VOX y la formación naranja. El partido más votado en España, obtenía tradicionalmente cerca de un 10% más de escaños, de media, que el porcentaje de votos real que tenía. El segundo, recibía una prima del 5% aproximadamente. Si las diferencias entre unos y otros se diluyen el 28-A y no hay un claro ganador (es decir, un partido con mucha ventaja en votos respecto a los otros), el sistema electoral no puede conceder esa sobrerrepresentación que facilita la gobernabilidad y queda entonces el gobierno en mano de los pactos y las coaliciones de investidura. Y como resulta obvio, no son todos los partidos igual de fiables, igual de leales a la Constitución o igual de exigentes a la hora de dar su apoyo a un partido “X” en una sesión de investidura.

Por ello, si se aspira a echar al señor Sánchez de La Moncloa, será clave el voto útil, para concentrar los votos del centro-derecha en torno a un partido, que pueda beneficiarse de la prima electoral que obtiene el partido ganador. Si, por el contrario, se vota con el corazón, en torno a las afinidades ideológicas y programáticas, el centro-derecha se enfrentará a serias dificultades para gobernar. El desafío del PP es, por tanto, conquistar las cabezas y corazones de sus antiguos votantes, así como jugar en campaña al voto útil de los indecisos, por el bien de España y su unidad nacional.

Imagen de portada: ¿A quién votar? Varias personas escogen su papeleta durante las elecciones generales de 2016 en España | Agencia EFE
Escrito por

Vicedecana de la Facultad de Derecho de la USP CEU y Profesora titular de Ciencia Política. Doctora en Estudios Europeos por CEU Cardenal Herrera, máster en Ayuda Internacional Humanitaria por la Universidad de Deusto y experta en sistemas políticos comparados y procesos electorales.

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  • Estamos en una sociedad postcristiana, con todo lo que esto significa. Requiere en primer lugar un trabajo capilar en la sociedad, una lucha prepolitica y entrar en la batalla cultural que definia Gramsci. En seguno lugar ver que hay dos bloques y una veleta. Hay que elegir entre una izquietda que vive del recuerdo de 1.931 y una opcion de centroderecha. Descubramos el maximo bien posible o bien comun. Pero junto con la lucha cultural y prepolitica.

  • Como cristianos debemos entender que la política ya no será más que otro factor con el que contar. Hace mucho que perdimos la hegemonía cultural y política. Nuestro objetivo debe ser construir comunidades de virtud desde la que operar en red, primero para defender la libertad religiosa y de conciencia, y en una etapa posterior tratar de liderar propuestas prepolíticas que refuercen nuestra presencia. Con la ayuda de Dios, a partir de ahí y dpendiendo de nuestra fidelidad, se suscitarán ámbitos cada vez mayores para la evangelización. Ningún partido con vocación de poder será nunca un reflejo o un vehículo de la propuesta cristiana. Vienen tiempos de persecución y de aislamiento. Si no lo vemos, peor preparados y organizados estaremos.

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