Política
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España en la incertidumbre

Pedro Sánchez se queda con una carta, la de los fondos europeos, para jugarse lo que queda de legislatura después de una debacle en Madrid, de la que no se da por enterado.

Todos han muerto

Frente al cuerpo incorrupto de Gabilondo, el insepulto de Edmundo o la incineración de Iglesias, el cuerpo glorioso de Díaz Ayuso nos ilumina con una luz que no es suya, y en la que no cree.

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La vida tras el segundo estado de alarma

El 9 de mayo decaerá el estado de alarma sin que el Gobierno haya cumplido su promesa de mayo de 2020 de crear una legislación que evitara recurrir a esta medida excepcional. ¿Qué podremos hacer a partir de ese día? Ni se recuperó el camino de la normalidad el 21 de junio de 2020, ni se va a hacer tras el 9 de mayo de 2021.

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Pongamos que hablo de Madrid

Isabel Díaz Ayuso ha sido la única que se ha entendido con la gente, alguien que comprende que no se gobierna con mil doscientos asesores, ni en Falcon, ni en los platós de televisión. Sino que únicamente hace falta saber lo que es para una familia que les cierren el bar, el teatro o cualquier otra empresa. Nada más.

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Alarma sin rechistar

Moncloa ha sorteado los consensos a base de regular por la vía de la «extraordinaria y urgente necesidad». Sánchez ni siquiera cumplió con el dadivoso compromiso de comparecer en las Cortes cada dos meses para rendir cuentas sobre la pandemia.

Los ayusers no son libertarios

Ayuso y Madrid no son el Mesías y la Tierra Prometida. No nos engañemos. Pero era necesario encastillarse frente a Sánchez y sus aliados. Y ha dado resultado.

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El juego de las diferencias

Personajes como Marlaska, Tezanos y especialmente Iglesias han marcado las diferencias en las elecciones autonómicas de Madrid.

La victoria de Ayuso muestra el camino a Sánchez

Habrá quien diga que estos resultados no son extrapolables al resto del país. Yo estoy convencido de que sí. En España no hay millones de votantes de extremistas, la mayoría del cuerpo social es gente moderada y de centro.

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El sanchismo ni es bueno, ni funciona

Sánchez quiso que «su persona» fuera el centro de la campaña hasta que las encuestas le demostraron que era el mayor estorbo. Tantos fueron los regates en corto de la campaña socialista que ni su candidato sabía lo que representaba.