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Los ‘tuits’ radiofónicos de Ramón Gómez de la Serna . Las greguerías de un mito de la radio

Ramón Gómez de la Serna, a pesar de ser un gran escritor miembro de la generación de 1914, cobró una gran popularidad por su labor en la radio, en la que fue un innovador.

Todo el mundo conoce la faceta literaria de Ramón Gómez de la Serna (1988-1963), miembro de la generación de 1914, denominada también como Novecentismo, y autor de en torno a un centenar de obras literarias de muy diversa índole. Con una creatividad desbordante, se convirtió en un autor rupturista en el primer tercio del siglo XX que nos legó, por encima de biografías, novelas, ensayos, diálogos y monólogos, el brillante género de la ‘greguería’, esencia de su personalidad, su lenguaje y su pensamiento.

En cambio, pocos saben que, por lo que sobresalió Ramón –que es como le gustaba que lo llamasen- y cobró una gran popularidad, desde finales de los años veinte y hasta la primera mitad de los treinta, fue por su labor en la radio, en la que, sin duda, también fue un innovador. Contratado por la familia Urgoiti, en cuyos diarios El Sol y La Voz venía colaborando como articulista, trabajó en los primeros tiempos de Radio Madrid que, junto con Radio Barcelona, constituyeron los cimientos de Unión Radio, la primera cadena radiofónica de cobertura nacional de nuestro país, más conocida desde 1940 como la Cadena SER.

¿Qué fue antes, la tertulia o el tertuliano?

¿Qué hacía Ramón en la radio? Muchas cosas y a diario. Más que un colaborador, podría ser considerado una de sus estrellas, de sus voces más populares e influyentes. Vamos con algunos apuntes radiofónicos relacionados con la innovación en el por entonces incipiente lenguaje específico de este medio de comunicación y en sus géneros. Por ejemplo, sus monólogos ante el micrófono, denominados ‘Charlas’; sus reportajes costumbristas emitidos en directo desde los diversos establecimientos de la Puerta del Sol; la puesta en antena de las primeras tertulias radiofónicas, bajo el título de ‘La Pandilla’, desde el Café Pombo; y sus crónicas de medianoche, desde el improvisado estudio instalado en el despacho de su casa, en las que daba el ‘Parte del Día’.

Ramón Gómez de la Serna, en apenas 140 caracteres, era capaz de hacer una ingeniosa pirueta literaria capaz de estimular la imaginación del lector u oyente, para que, como en un destello, viera y no solamente leyera o escuchara.

Pero no todo quedaba en la práctica de esa nueva profesión. Su inquietud iba más allá, mostrando interés, por ejemplo, por un elemento del lenguaje radiofónico totalmente inadvertido –quizá despreciado- en esa primera hora, el silencio, y anunciando su intención de dedicarle un estudio en dos tomos bajo el título de El silencio radiado. Además, pronosticó la llegada de la radio con imagen, del radio-despertador y de los receptores portátiles (que no serían realidad hasta la invención del transistor décadas después) y propuso la puesta en marcha de bibliotecas de sonidos, las actuales fonotecas. En suma, una trayectoria radiofónica impresionante, bien descrita en las investigaciones de José Augusto Ventín.

De vuelta a las greguerías, su inigualable aportación basada en la suma del humorismo y la metáfora, merece la pena recordar que Gómez de la Serna acostumbraba a leerlas en antena, particularmente aquellas dedicadas amorosamente a este medio de comunicación, siendo recogidas por entonces en la publicación oficial de la emisora, la revista Ondas (de la que tomaron el nombre los premios radiofónicos en 1954), y en 2012 por el hispanista Nigel Dennis, en el opúsculo Greguerías onduladas. Son el antecedente más claro de los tuits, porque en apenas 140 caracteres era capaz de hacer una ingeniosa pirueta literaria capaz de estimular la imaginación del lector u oyente para que, como en un destello, viera y no solamente leyera o escuchara.

Así, bien se puede afirmar que el primer tuitero, mucho antes de que a Jack Dorsey se le ocurriera poner en marcha Twitter en junio de 2006, fue Gómez de la Serna, con greguerías/tuits radiofónicos como los siguientes: “Al hablar por el micrófono entra uno en un medio que no es ni aire ni agua, pero del que sale mojado de éter. Me sacudo como un pato al salir de las emisiones”, “el corazón de las ondas –el micrófono- debía palpitar, subir y bajar como un corazón”, “el altavoz abanica las palabras al que escucha”, “las ondas son la sedosa cabellera de la vida”, “el usar mucho los auriculares tiñe la cabeza de música” o “los cipreses son las antenas del reino vegetal”.

Imagen de portada: Ramón Gómez de la Serna en su estudio, rodeado de teléfonos, receptores de radio y micrófonos. | Agencia EFE.
Escrito por

Decano de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Comunicación de USP CEU. Ha sido editor superior de los servicios informativos de Onda Cero.

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