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“Operación Triunfo” da la nota como un ‘reality’ y pierde la magia de la edición pasada

Operación Triunfo ha perdido la magia de su edición anterior por su interés por convertir el talento musical en una excusa para crear un formato cada vez más cercano a Gran Hermano.

Escribo este artículo unas horas antes de la gala 4 de OT 2018. La acotación viene al caso porque esta reflexión no va de la palabra de la semana. Esa que aparece en una canción de Mecano que deben versionar los concursantes de OT 2018 María y Miki y que ha provocado tanto ruido: “mariconez”. Se trata de compartir una sensación de desencanto próxima a la decepción: OT 2018 se ha convertido en un reality más parecido a Gran Hermano que al programa que, a pesar de mis prejuicios -equivocados, como tantos otros prejuicios-, logró engancharme el año pasado.

Aunque también fuera un prejuicio, estaba claro que OT 2018 no iba a alcanzar los niveles de excelencia de OT 2017. Hubo algo mágico en esa edición que imagino difícilmente repetible. Y ese algo tiene mucho que ver con el casting.

Aitana -no oculto que es mi favorita y no solo entre los participantes de OT 2017-, Amaia, Alfred, Miriam y Ana Guerra son los ejemplos más visibles, pero no los únicos, del enorme talento que se concentró y fue creciendo en la academia de Operación Triunfo. Además de un espectáculo musical, muchos lunes contemplábamos un espectáculo de magia que apenas perdía fuerza en su camino desde el escenario hasta nuestras casas. Por llegar, llegaban con nitidez valores como el coraje de Miriam, la naturalidad de Amaia, la frescura y la sencillez de Aitana, la rica cultura musical de Alfred -no era el único caso-, el humor de Roi y lo que unía a todos sin excepción: la ilusión y la pasión que sentían por la música.

No tengo dudas de que los concursantes de OT 2018 sienten ese mismo amor por la música y reúnen como personas valores igualmente admirables, a pesar de que me sobrara la irrespetuosa recreación de Noelia y Dave como si se tratase de la Virgen con el Cristo en un paso de Semana Santa. Tampoco tengo dudas del potencial de varios de los participantes -en realidad, varias, porque casi todas son chicas-. Pero sí las tengo respecto a la naturaleza del formato.

No descubro América si escribo que Operación Triunfo es, más que un programa de música, un negocio. Siempre lo ha sido y eso es algo que entiendo y acepto. Pero lo que no acepto es que caiga en aquello que hasta ahora lo hacía diferente a un reality como Gran Hermano. No me gusta que se nutra de la polémica para intentar arañar audiencia ni que busque el morbo más allá de emparejar como intérpretes a quienes ve como potencial pareja sentimental. Aunque en el fondo se trate de un negocio, Operación Triunfo es mucho más que eso. Es (al menos debería ser) una escuela de aprendizaje musical y de valores para los participantes como la amistad, el compañerismo, el esfuerzo y el afán de superación que al mismo tiempo sirva como espejo donde el público pueda reflejarse.

“Operación Triunfo” . Un cuidado ‘casting’ y una promoción brillante que disimula el talento

En ese aspecto hay muchas cosas buenas que tiene Operación Triunfo. Me gusta que el presentador, Roberto Leal, sea una persona sencilla, cercana y buena -con este prejuicio es difícil equivocarse-, como también  lo parecen los miembros del jurado Manuel Martos y Joe Pérez-Orive, aunque a este último le toque el papel de “poli” malo. Es de ley que Ana Torroja evalúe las actuaciones como cantante de un grupo que es historia de la música en España pese a lo forzado de algunas letras de sus canciones. Y admiro la capacidad de conectar con la gente de Noemí Galera, a la que considero una de las mejores comunicadoras de la televisión. Por todo eso, y porque es un formato de entretenimiento capaz de enganchar a la gente por sí mismo, duele más que OT 2018 haga falsetes y dé la nota donde no debe.

Imagen de portada: El presentador de OT 2018, Roberto Leal, junto al concursante Joan Garrido | rtve.es
Escrito por

Periodista. Editor de Cine y Series en Radar, la web de cultura y ocio de El Corte Inglés. Colaborador web en diferentes portales de Antevenio. Antes, en Diario Qué!, Que.es y la web de deportes Grada360 del grupo Vocento.

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