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"La melancolía autoflagelante francesa y el ascenso de Le Pen y Mélenchon"

Le Pen y Mélenchon usan la melancolía francesa. Cristianismo, libertad y democracia. La fina línea entre noticia falsa y libertad de expresión.

Le Pen y Mélenchon se sirven de la melancolía francesa

José Ignacio Torreblanca describe un “eterno malestar francés” que favorece el surgimiento de políticos como Le Pen y Mélenchon. En El País habla de una “melancolía autoflagelante sobre la que se aúpan Le Pen y Mélenchon, candidatos idénticos en su lamento por un (falso) paraíso (falsamente) perdido, y sus patéticas certezas de disponer de soluciones fáciles, rápidas y eficaces. Ambos venden utopías regresivas, mitos de la feliz aldea gala que resiste al invasor, sea este quien sea, y tratan a sus votantes como niños a los que se puede mentir impunemente con promesas imposibles. Francia es más y vale mucho más que ellos, sin duda.”

El cristianismo como pilar de la democracia

El trinitario Antonio Aurelio Fernández recuerda en Alfa&Omega la importancia de la tradición cristiana en la construcción de los estados democráticos: “Para los estados democráticos, la libertad es herramienta de progreso para todos los ciudadanos. Libertad importada desde el concepto de persona en el cristianismo y que introduce al hombre en un dinamismo que le hace ser protagonista de las decisiones tomadas. Libertad de construir la propia historia. Libertad que introduce al individuo en la realización de sí mismo a través de la construcción de la historia de la Salvación, sirviéndose, para ello, de la construcción de la historia de su propio estado.”

Noticias falsas y libertad de prensa

“Los instrumentos legales propuestos para eliminar las noticias falsas se parecen mucho a los de los Gobiernos autoritarios para acallar las disidencias, y eso es muy peligroso. No solo porque es incompatible con la libertad de expresión, sino porque sienta un precedente que podría fortalecer a los populistas que tanto temen los políticos tradicionales.” El periodista Flemming Rose advierte en El País del declive de la libertad de prensa y se centra en los métodos de control de las conocidas como fake news. El límite entre noticias falsas y libertad de expresión sería muy distinto para los populistas, que quizá atacarían a los medios establecidos y “corruptos” en lugar de las webs, los blogs y las redes sociales. Además, sería difícil que los Gobiernos de Polonia y Hungría, cada vez más autoritarios, coincidieran con la Comisión Europea y la canciller alemana en qué es una noticia falsa. Al recurrir a estos instrumentos legales contra las noticias falsas, Europa corre el peligro de que la libertad de prensa se precipite hacia el abismo.”

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