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La escuela concertada, en peligro . Las autonomías y la natalidad podrían eliminarla

A pesar de las sentencias del Tribunal Supremo, comunidades autónomas como Aragón mantienen su campaña en contra de la educación concertada, basando sus decisiones en cuestiones meramente ideológicas.

Una de las claves de análisis de muchas de las cosas que nos suceden, casi todas ellas malas, me atrevería decir, radica en que en la sociedad nos hemos dejado comer el “pan” por los estados y las administraciones, que se han antepuesto a la ciudadanía y casi ya no la deja respirar.

A lo largo de la Historia, ha sido mayoritariamente el cristianismo el que se ha preocupado de conservar, divulgar y desarrollar conocimiento y hacer de este un auténtico motor de transformación social. A ello se debe la creación de las universidades, que encuentran sus antecedentes más inmediatos en las escuelas catedralicias medievales. A las iglesias cristianas y, en particular, a una serie de congregaciones con esa vocación peculiar se debe la implantación de miles y miles de escuelas tanto en el viejo mundo como allí donde el hombre occidental ha ido llegando.

El desarrollo enorme e imparable de los estados en los últimos años ha traído el que este haya ido, poco a poco, ocupando el papel de los ciudadanos y la propia sociedad civil, a los que debería servir, en lugar de ordenar y costreñir. De modo paralelo, ha ido calando la idea de que al bien común solo se le puede servir propiamente desde el Estado y su aparato burocrático-gubernamental que, traducido en el mundo de la educación, significa tanto como que solo la escuela y la universidad pública es neutra, objetiva y de calidad; lo demás son sucedáneos, elitistas y dogmatizantes.

En los años 80, las leyes socialistas de educación pusieron a todas las escuelas privadas y a las congregaciones y diócesis titulares de las mismas contra la espada y la pared: o aceptaban el nuevo sistema de conciertos educativos, que les relegaba a tener un papel subsidiario del sistema, o estaban condenados a la desaparición,  salvo que pudieran sobrevivir como centro puramente privado destinado a familias con altos recursos, con lo que muchos colegios perdían el fin social para el que un día nacieron. O te metías en el sistema o te quedabas fuera de juego. Probablemente, faltó algo de unión, estrategia y resistencia contra los embates de las recién estrenadas autoridades educativas. Quizás esa falta de valentía se esté empezando a pagar.

Más gasto no implica mejores resultados . La educación no es solo cuestión de presupuesto

Sea como fuera, la escuela concertada y principalmente sus colegios, llevan casi cuatro décadas haciendo un enorme papel a la ciudadanía y sociedad española, con un coste muy inferior a la de la escuela pública y haciendo equilibrios complejísimos con sus presupuestos, dado que la ayuda pública es francamente insuficiente para el mantenimiento de los colegios  y la inversión tanto en infraestructuras como equipamiento académico. Cosa que han logrado, en gran medida, gracias al compromiso de los padres y las familias afectadas.

Después de todos estos años de servicio a la sociedad, dando más de los que se les pide, implicándose enormemente en las realidades sociales de su entorno y los problemas de los alumnos y familias, su situación se ve francamente en peligro, al menos en algunas regiones, porque la falta de alumnos debida a la caída de la natalidad hace que los gobiernos autonómicos estén desarrollando una estrategia para dejarlos caer, vía eliminación de la escuela concertada. Ni siquiera se ha abierto el debate de una posible reorganización de la escuela pública, como también debería haberse hecho de la universidad pública.

La escuela concertada ha sido utilizada para cubrir un hueco

No se trata, ni mucho menos, de poner en tela de juicio el papel de los docentes de las escuelas o de las universidades públicas, pero sí el de la estructura que las soporta y, sobre todo, de las manos políticas que las dirigen y las ideológicas que las sobreponen a la iniciativa social.

El Estado, ese poder inmenso y tutelar, absoluto y minucioso que, como profetizaba Alexis de Tocqueville, se preocupa por asegurar nuestros goces a cambio de que nos olvidemos de pensar, se ha erguido sobre nosotros, con un pastoreo entre paternalista y tiránico, señalando incluso lo que debemos pensar y casi lo que debemos sentir. La escuela concertada ha sido utilizada para hacer un papel y cubrir un hueco. Ahora empieza a no ser tan necesaria. De nosotros dependerá el que la sostengamos e incluso la aupemos o que, al igual que ha sucedido con tantos otros cimientos de lo que era nuestra vida en comunidad, la dejemos también caer siendo testigos mudos y acobardados.

Escrito por

Director Gerente de la Fundación Cultural Ángel Herrera Oria. Abogado.

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