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“Vestidas para un baile en la nieve”, las supervivientes del gulag describen el horror

Los campos de concentración suponen una de las grandes sombras de la humanidad. Nazis y soviéticos “compitieron” en crueldad hacia sus opositores. Vestidas para un baile en la nieve cuenta con el duro testimonio de nueve supervivientes de los gulag de Stalin.

Los campos de concentración nazis demostraron que la maldad del ser humano no conoce límites. La simple mención de la palabra ‘Auschwitz’ es capaz de hacer que cualquiera que la escuche se estremezca y agache la mirada. La experiencia de lo vivido allí, de las terribles abominaciones que tuvieron lugar en esos mataderos humanos, es una mancha imborrable en la historia de la humanidad. El sistema ideado por Adolf Hitler supuso un verdadero shock para las acomodadas mentes occidentales, que no podían imaginar (¿cómo hacerlo?) que semejantes atrocidades pudieran tener lugar en el mismo corazón de Europa.

Vestidas para un baile en la nieve

MONIKA ZGUSTOVA | VESTIDAS PARA UN BAILE EN LA NIEVE | GALAXIA GUTENBERG | 2017 | 272 PÁGS. | 20,50 € | EBOOK: 13 €

Pero hay otra realidad terriblemente semejante que tuvo lugar en ese mismo momento (anterior, de hecho) y que se prolongó durante muchísimos años, relativamente cerca de Auschwitz. Durante décadas, tuvo lugar “el otro Holocausto”, mucho más desconocido para el gran público. Me refiero al gulag, el sistema soviético de campos de trabajo (exterminio). Desde que Aleksandr Solzhenitsyn publicara, en 1973, Archipiélago Gulag, donde describía y denunciaba todo el sistema y su experiencia en los campos, se ha escrito bastante y se ha podido conocer algo más el infierno desatado en la Unión Soviética. Uno de esos libros es Vestidas para un baile en la nieve, de la escritora checa afincada en España Monika Zgustova. En él, describe las entrevistas que mantuvo durante años con nueve de las pocas supervivientes del gulag que siguen vivas, y que ayudan también a dar luz a uno de los episodios más oscuros (y oscurecidos) de la ya de por sí oscura historia del siglo XX.

El libro no solo pone de manifiesto las duras condiciones de vida y trabajo que se daban en el gulag, sino que también ayuda a entender el opresivo día a día en la Unión Soviética. Las detenciones eran parte de la vida cotidiana, y cualquier mínima delación, cualquier sospecha de comportamientos “inapropiados” y “antipatrióticos” (conceptos estos referidos, simple y llanamente, a las acciones y pensamientos que se salieran de la ortodoxia impuesta) era causa de la aparición de la Policía soviética para llevarse al sospechoso, dándole tiempo solo a coger un abrigo y una pequeña bolsa con ropa. Si el detenido no podía coger nada, era transportado con lo que llevaba puesto (de ahí el título del libro, Vestidas para un baile en la nieve).

La primera parada era la temible Lubianka, la sede de la Policía secreta soviética en Moscú, donde, tras una serie de torturas brutales para obtener la confesión, se producía un juicio sumarísimo por acusaciones poco consistentes. La sentencia era similar en todos los casos “políticos”: una condena por una serie de años (variable, dependiendo de la gravedad de la disidencia o de si el condenado era hombre o mujer) en algún campo de Siberia. La peor condena posible era ser enviado a uno de los campos situados al norte del Círculo Polar, como Vorkuta, donde las temperaturas en invierno podían alcanzar los -50ºC, en el que la tasa de supervivencia era mínima. Las duras condiciones de trabajo, la nula higiene, los malos tratos por parte de los guardias y el frío extremo hacían casi imposible sobrevivir allí.

La idea de enviar a los criminales a Siberia no es nueva, sino que venía de la época de los zares (el mismo Dostoievsky fue enviado a uno de esos campos y describió bien la experiencia en sus obras). Lo que sí era novedoso era el modo sistemático de reprimir cualquier asomo de pensamiento diferente y la crueldad con que eran tratados los presos. Se intentaba eliminar todo rastro de individualidad, borrar las conciencias libres e instalar en los cerebros el pensamiento único tolerado por Stalin y los suyos. Todo esto recuerda tristemente a 1984, la certera distopía de George Orwell, que, no en vano, está inspirada en el sistema estalinista, que conoció bien el autor británico durante su estancia en España.

Una vez allí, las presas (que son los testimonios relatados en el libro) eran obligadas a penetrar en el infierno. Atravesar las puertas del campo implicaba abandonar toda esperanza, como rezaba la inscripción de las puertas del Infierno de Dante. Pero, poco a poco, se imponía la capacidad de adaptación y supervivencia del ser humano. Es sorprendente la capacidad del ser humano de sobreponerse a la adversidad, de sacar fuerzas de donde no las hay y salir adelante en las situaciones más duras que podamos imaginar. Cualquier asomo de belleza era un clavo ardiendo al que agarrarse para permanecer vivas y fuertes. Los bosques, el paisaje, las auroras boreales siberianas… Las prisioneras componían poemas por las noches para no perder la cordura, para mantener viva la pequeña llama de la esperanza. Y es que, como decía Dostoievsky (que de esto, como hemos visto, algo entendía), “la belleza salvará el mundo”.

La cultura y la literatura eran elementos indispensables para seguir vivas. Es algo que repiten todas las prisioneras del libro. Sin los libros no habrían podido sobrevivir, y todas ellas han sacado del gulag una pasión infatigable por la lectura. Una de las presas entrevistadas era la hija de la amante de Borís Pasternak, el autor de la gran novela El doctor Zhivago, muy crítica con la Revolución Rusa y que causó que el escritor y poeta fuera perseguido incansablemente por el Estado. De hecho, recibió el Premio Nobel pero, ante las presiones soviéticas, tuvo que renunciar a él.

Españoles en los campos de concentración del nazismo . Aún más horror tras la Guerra Civil

Llama la atención que casi todas las presas entrevistadas por Zgustova afirman que la experiencia del gulag ha sido algo positivo en sus vidas, y que volverían a hacerlo si volvieran a nacer. Dicen que lo vivido les ayudó a ser mejores personas, a conocer más y mejor la condición humana, con sus luces y sombras. Es cierto que vivieron lo peor que ha concebido el ser humano, pero también en el gulag hicieron buenas amistades, fieles y leales: otras presas políticas que se encontraban en la misma situación que ellas, cuya compañía no perdieron ni aun después de ser liberadas. Tarde o temprano, a pesar de los pesares, se impone la necesidad de sobrevivir, y la capacidad de hacer del infierno una rutina.

En definitiva, Vestidas para un baile en la nieve es un libro interesantísimo, altamente recomendable, que saca a la luz aspectos aún desconocidos de este capítulo negro de la historia, un libro directo que pretende hacer justicia, rescatando del olvido a las víctimas de Stalin y su sangrienta tiranía.

Imagen de portada: Detalle de la portada de Vestidas para un baile en la nieve | Galaxia Gutenberg
Escrito por

Graduado en Humanidades por la Universidad Carlos III. Crítico de Arte.

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