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1917, últimas noticias . Novedades editoriales en el centenario de la Revolución Bolchevique

Se cumplen 100 años de la Revolución Rusa y las editoriales se lanzan en busca del lector necesitado de conocer más sobre ese momento de la historia. Libros redimidos de las ataduras impuestas por la ortodoxia marxista, que elaboró una leyenda en torno a Lenin y, en muchos casos, confundió la interpretación del periodo.

A principios de octubre de 1917, la revolución parecía haberse ralentizado. Lo cuenta el periodista John Reed, que detalla como espectador y cronista el golpe bolchevique en Diez días que sacudieron el mundo (edición ilustrada en Capitán Swing, 2017) [la editorial Akal lo ha publicado también este año, con el título Diez días que estremecieron el mundo]. El 14 de octubre, el órgano oficial de los socialistas moderados publicó: “El drama de la revolución tiene dos actos: la destrucción del Antiguo Régimen y la creación de uno nuevo. El primer acto ya ha durado bastante. Ha llegado el momento de pasar al segundo y representarlo lo más rápidamente posible”. revoluciones rusas

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Efectivamente, cada una de las dos secuencias –febrero y octubre– transcurrió muy rápida. Puro vértigo. En apenas unos días de febrero, la Duma –el Parlamento de Rusia– obligó a la abdicación del zar y un Gobierno provisional se dispuso a convocar elecciones constituyentes. Al poco, Lenin regresó de su exilio y publicó sus Tesis de abril. Sin duda, uno de los hallazgos editoriales del año es El tren de Lenin. Los orígenes de la Revolución Rusa (Crítica, 2017), de la historiadora británica Catherine Merridale, que recorre, 100 años después, el trayecto que lleva al líder de los bolcheviques desde Suiza hasta la estación Finlandia, en San Petersburgo. Se pone en su piel, cuenta vicisitudes, financiación y pormenores del viaje –incluidos los horarios de los trenes-. El propósito de Merridale puede resultar incluso extravagante. Pero el resultado es una investigación detallada y asombrosa, pues lo extraño es que hubiera tantas imprecisiones y lagunas sobre tan decisivo periplo.

Merridale escribe un libro de viajes, repasa los orígenes de la revolución y, sobre todo, subraya la conexión entre bolcheviques y alemanes, enemigos de la Rusia zarista durante la Primera Guerra Mundial. La Gran Guerra es el contexto y factor explicativo: esa es la tesis en torno a la cual pivota gran parte de las últimas publicaciones. Las obras consideradas clásicas (Orlando Figes, Christopher Hill o Richard Pipes, entre otras) precisan la influencia que ejerce la contienda sobre el desencadenamiento de la revolución y la descomposición del Estado. La reciente historiografía avanza en este sentido: Gran Guerra y revolución no solo son fenómenos indisociables; la guerra, además de causar y precipitar la revolución, la sobrevuela todo el tiempo y la condiciona. El conflicto internacional está constantemente presente en todas las etapas del proceso revolucionario.

Si Merridale se fija en el oficial inglés Samuel Hoare, encargado de supervisar si los rusos, aliados británicos, aplicaban el embargo impuesto a Alemania, Helen Rappaport recrea las peripecias de diplomáticos, periodistas, académicos, cronistas, aventureros, médicos y activistas extranjeros; todos, Atrapados en la Revolución Rusa (ediciones Palabra, 2017). Fueron testigos, la mayoría involuntarios, de los acontecimientos. Fascinados, aterrados, deslumbrados, atónitos, perdidos, inquietos, excitados… vieron cómo se derrumbó un imperio y emergió otro sin solución de continuidad. Sus testimonios son esenciales para interpretar la revolución, que Rappaport analiza desde un ángulo singular, con ojos presumiblemente neutros y protagonistas pendientes de su supervivencia.

El triunfo bolchevique y la construcción del ‘homo sovieticus’ . Un Estado que borra a Dios

Otra memoria del tiempo, la del oficial francés Jaques Sadoul. En Cartas desde la Revolución bolchevique (Turner, 2016), el escritor socialista informa a su Gobierno y partido del devenir en Rusia. Simpatiza con los bolcheviques, pero sobre todo es leal a su país, aliado de la Rusia zarista. Este volumen sobre las revoluciones rusas también sitúa en primer plano la Gran Guerra. Sadoul, seducido por Trotsky, critica la posición de los aliados durante la Guerra Civil, que comenzó en cuanto los bolcheviques asaltaron el poder en octubre de 1917. Según él, los aliados pudieron haber evitado el baño de sangre. Ignora que a los bolcheviques no les convenía alcanzar ningún pacto con ellos, por eso firmaron unilateralmente con Alemania la paz de Brest-Litovsk, el 3 de marzo de 1918, aun a costa de una buena porción de territorio.

En octubre, Lenin entregó el poder a los soviets, disolvió el Gobierno provisional y, meses más tarde, suspendió la Duma. Reed lo narra con un ritmo trepidante. El periodista comparte, magnetizado, los propósitos de los revolucionarios: “Ha triunfado una idea grandiosa”, asegura en noviembre Boris Reinstein, delegado del Partido Socialista Obrero Estadounidense. Reed termina su crónica con la unión fraternal de soldados, obreros y campesinos.

A finales de diciembre, se inauguró oficialmente el terror con la creación de la ‘Cheka’, Comisión Extraordinaria Pan-rusa para la Lucha contra la Contrarrevolución y el Sabotaje, creada para reprimir las huelgas de funcionarios y reprimir la resistencia. Lo cuenta con pelos y señales James Harris en El gran miedo (Crítica, 2017). Los zares llegaron tras un baño de sangre y fueron exterminados en mitad de otro. El historiador británico concluye: “La práctica de la violencia bolchevique tenía una dimensión adicional: la ideología”, que servía para justificar el exterminio de los adversarios. El Estado soviético se erigió sobre el terror. Harris bucea en los archivos abiertos progresivamente durante los últimos 20 años para explicar las razones y sistematización del aparato represivo entre 1917 y 1937. Es una obra apasionante y una investigación meticulosa.


Entre las visiones panorámicas, aunque igualmente minuciosas y ricas, se encuentran al menos cinco títulos. La imprescindible, monumental y decisiva obra de Richard Pipes La Revolución Rusa (Debate, 2016). Distingue con claridad las dos fases: el derrumbe del Antiguo Régimen y la conquista bolchevique. Pipes se atrevió antes que muchos –la primera edición data de 1990- a derribar el mito y desenmascarar al despiadado e implacable Lenin. La Revolución Rusa (La Esfera de los Libros, 2017) del prestigioso profesor Rex A. Wade, es un cuadro ordenado, claro, sintético y temático. Su virtud radica en desmenuzar con precisión y agilidad un proceso tan complejo y con tantos matices sin perder el hilo cronológico. Dispone perfectamente a todos los actores y piezas sobre el tablero.

En España destacan tres obras muy valiosas: Breve Historia de la Revolución rusa (Galaxia Gutenberg, 2017), de Mira Milosevich; La venganza de los siervos. Rusia, 1917 (Crítica, 2017), de Julián Casanova, y La Revolución rusa: Historia y memoria (Alianza, 2017), de José M. Faraldo. Cada una de ellas aporta una perspectiva original: Milosevich escribe una historia soviética y entiende la revolución como un ciclo largo –acaso inacabado- que llega hasta el derrumbe de la URSS. De este modo, Putin constituye una suerte de ‘neozarismo’. Las características de la revolución –primera fase del ciclo- son las de todo el periodo soviético: terror, autocracia ideológica de partido único, centralismo político –con apariencia ‘descentralizante’-, nihilismo legal, represión de libertades, uso indiscriminado de la propaganda, camaleónica adaptación a las circunstancias y economía planificada. Por su parte, el estalinismo aportó un elaborado sistema de recompensas, la alfabetización, industrialización y supremacía militar. El modelo soviético era irreformable, porque sus pilares ideológicos nunca se cuestionaron.

El profesor Casanova lleva bastante tiempo trabajando este periodo. Reflexiona sobre la noción de revolución y la aplica a los dos momentos, febrero y octubre. Se nutre de las grandes referencias en la materia para elaborar una interpretación conceptual de ambos procesos, que distingue con nitidez. Los bolcheviques no estuvieron en febrero. Cuando toman el poder, arrasan con las reformas del primer semestre del año.

La Revolución rusaMás revoluciones rusas

Por último, el profesor José M. Faraldo, como también hace Milosevich, desmonta el impostado pacifismo de Lenin. El recurso propagandístico antibelicista –“Paz y pan”- aglutinaba el descontento con el zarismo y el Gobierno provisional, que fue muy poco hábil en este y otros asuntos, por ejemplo, al retrasar la convocatoria de elecciones para la Duma constituyente. Lenin aprovechó el descontento y el desconcierto. Pese a todo, Faraldo recuerda la tarea reformista del Gobierno provisional de Kerenski, que además quiso tender puentes con los soviets. E insiste en la tesis de que el origen de las revoluciones rusas es propiamente liberal antes de que se la apropie el bolchevismo. El libro de Faraldo es una alhaja, precisa los tejemanejes bolcheviques para hacerse con el poder: primero en su partido, luego en los soviets, luego en el Ejército y, por fin, en Rusia. Para Faraldo, la Primera Guerra Mundial marca el ritmo de las revoluciones rusas, fascinantes, complejas y espeluznantes.

En definitiva, lo mejor de casi todas las obras recientes y rigurosas sobre las revoluciones rusas con perfil académico es que se han liberado del corsé que durante décadas impuso la ortodoxia marxista, que elaboró una leyenda en torno a Lenin y su octubre sangriento e introdujo confusión en la interpretación del periodo, saltando de las manifestaciones y revueltas de finales de febrero a octubre como si todas las reformas impulsadas desde marzo fuesen meros intentos contrarrevolucionarios. El conato de

 

 golpe reaccionario del general Kornilov supuso el tiro de gracia al Gobierno reformista. La propaganda bolchevique lo presentó como la prueba humeante del ‘involucionismo’ rampante.

Que el bolchevismo gozara de creciente apoyo social no desmiente que el asalto lo ejecutó con maestría una minoría. Mientras constitucionalistas, liberales, reformistas y socialistas democráticos trataban de rehacer un Estado descompuesto, los bolcheviques prometieron la fundación de un orden nuevo y purificador. revoluciones rusas

Cien años de la revolución más sangrienta . Del sóviet al gulag en nombre del comunismo

LIBROS SOBRE LAS REVOLUCIONES RUSAS


Escrito por

Máster en Periodismo por la USP CEU-El Mundo. Profesor de Ciencia Política en la UC3M y autor de "Presidentes de Estados Unidos" (ed. La Esfera de los Libros). Articulista de El Mundo.

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