Diario de análisis, reflexión y valores   

 

República, Democracia y demagogia • Un fiasco para el progreso político de nuestro país

Resulta curiosa la firmeza con la que algunos legitiman el régimen republicano en España. Parece como si solo la República pudiese hacer valer los principios democráticos. Olvidan, sin embargo, el fiasco que las dos repúblicas españoles supusieron para el progreso político y omiten también el modo en que se instauraron.

En 1873, la I República -la de Salmerón, Figueras, Pi y Margall y tantos herederos de los principios revolucionarios de “La Gloriosa”- se proclamó en unas Cortes mayoritariamente monárquicas; fue el resultado del “agotamiento de posibilidades”, tras la renuncia del importado rey Amadeo.

La II República -la del sonado 14 de abril de 1931- es consecuencia del abandono de poder de Alfonso XIII. El rey se fue. Pudo no hacerlo, pero lo hizo y hubo quienes entendieron que la victoria republicana urbana en las elecciones municipales convocadas por el gobierno monárquico del almirante Aznar legitimaba el cambio de régimen y, por tanto, la república española. En ambos casos, la república no ha sido proclamada por cauces normales, por los mecanismos hasta nos atreveríamos a decir “legales”. No fue hasta una vez instauradas, cuando se dotaron de apariencia de “legitimidad parlamentaria”.

El marxismo en la cultura española

Podríamos hacer también mención al clima social que se vivió en ambos periodos. La I República discurrió acompañada de una guerra carlista, otra en Cuba –todavía colonia española- y una insurrección cantonal más propia de un Estado primitivo que de uno aparentemente democrático. Eso sin tener en cuenta que sus dirigentes no fueron capaces de sacar adelante la proyectada Constitución Federal, que de algún modo ordenase el puzzle en el que querían convertir España.

Aunque hubo, también cierto, intentos serios por establecer un modelo de respeto a los derechos naturales del hombre. La II República estuvo rodeada de desatinos desde su proclamación. Al júbilo inicial, sucedieron las primeras “quemas de conventos”, incautaciones de tierras, revoluciones autonómicas, atentados múltiples… Y con el telón de fondo de una derecha radical reacia a cambios e intransigente con la polémica cuestión religiosa.

Parece equivocado pensar que solo la República puede garantizar la mal entendida “modernidad” que algunos reclaman, cuando ha habido y sigue habiendo repúblicas de carácter totalitario y antidemocrático

La violencia derivó en una polarización política que hizo inviable el proyecto. Hubo también intentos serios de cambio: la concesión del voto a la mujer, la mejora en las condiciones laborales, una necesaria reforma agraria y educativa. Pero la “República democrática de trabajadores de toda clase que se organiza en régimen de Libertad y Justicia” -como reza en el artículo primero de la Constitución- también fracasó. Analizar las causas que llevaron a tan estrepitosos desastres daría para muchos debates.

En cualquier caso, parece equivocado pensar que solo la República puede garantizar la mal entendida “modernidad” que algunos reclaman, cuando ha habido y sigue habiendo repúblicas de carácter totalitario y antidemocrático. Porque el carácter democrático o no de un régimen lo dan la Constitución, las instituciones y el Gobierno. Nada nuevo desde que ya en el siglo V (a.C.), Platón afirmase que la República podría derivar en demagogia y tiranía.

Foto de portada: cubierta de la Constitución promulgada durante la Segunda República
Escrito por

Doctora en Periodismo. Profesora de Historia Contemporánea de España en la USP CEU.

...

Deja tu comentario

Simple Share Buttons
Simple Share Buttons