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Menos Franco, por favor. La necesidad de recuperar la historia, valorar la Transición

Los intereses políticos han llevado a la tergiversación de la historia española reciente. Una relectura basada en buenos y malos que se olvida de la generación que, con su trabajo y esfuerzo, dio paso a un país próspero y a una Transición democrática.

Llevamos ya unos años -desde 2007 en concreto, cuando se publicó la Ley de Memoria Histórica- en los cuales se está haciendo un esfuerzo enorme por destruir la historia de España entre 1931 y 1975 (año en el que muere Francisco Franco) y convertirla en una historieta con ribetes literarios, políticos, sociales y hasta económicos, que falsean y pervierten sistemáticamente lo que fue ese largo período de nuestro siglo XX. Se miente descaradamente sobre lo que fue la Segunda República, a la que tratan de convertir en un modelo democrático, cuando en realidad llegó de forma fraudulenta y desde el principio no hizo más que incrementar las diferencias entre las dos Españas, en vez de buscar el achicamiento de aquella realidad.

Fue una República guiada en su mayor parte por revanchistas, separatistas, anticlericales, anticapitalistas y revolucionarios, cuyos objetivos nunca fueron actuar como demócratas, sino aprovecharse de aquella República para conseguir unos objetivos que nada tenían que ver con lo que pensaba y deseaba la mayor parte de los españoles, es decir, la denominada gente de orden. En el período, las minorías separatistas, extremistas, principalmente anarquistas y de izquierdas, con partidos políticos y sindicatos dispuestos a todo, fueron ganando terreno y radicalizando sus diferencias, creando un Estado de preguerra civil, que quedó plasmado en otras elecciones también fraudulentas que ganaron los componentes de dichos movimientos a comienzos de 1936, encuadrados en el denominado Frente Popular.

“Segunda República: de la esperanza al fracaso” . Rigor y objetividad contra el dogma

En otras palabras, la Segunda República, lejos de traer mejores prácticas democráticas, sosiego y pacificación a la nación, exasperó las diferencias, se inhibió en cuestiones de orden público fundamentales, y dejó indefensa a buena parte de la sociedad española ante las minorías revolucionarias, armadas y dispuestas unas a fraccionar la nación, otras a hacer desaparecer al Estado y otras a convertirnos en un Estado de inspiración marxista leninista. En julio de 1936, la situación era tan alarmante e insostenible para la España conservadora amedrentada que se produjo una insurrección militar que nos llevó a una Guerra Civil que duró tres años, y en la que lo peor de nuestra nación dejó una huella abominable, por crímenes y destrucciones cometidos en ambos territorios, pues a unas minorías radicales anarquistas y de izquierdas le contestó otra parafascista que fue in crescendo. Coincidieron ambas en cometer sus tropelías con la delación o la acusación directa de personas, en los territorios que dominaban desde el principio hasta el final de la guerra. El resultado fue miles y miles de víctimas enterradas con honor o sin este, según donde caían, destrucciones materiales de todo tipo, un empobrecimiento muy notable de la nación y la instauración de un régimen de dictadura militar, excluyente de cualquier opción republicana, anarquista o filocomunista.

Sobre este nuevo régimen, desde la citada ley también se está montado una historieta, que en muy poco tiene que ver con lo que fue; por una razón básica, se centra en la completa descalificación del período por ser dictatorial y no democrático, y no se centra en lo fundamental: el grandísimo esfuerzo que hicieron los españoles por dejar a las futuras generaciones una España muy superior a la que ellos heredaron. Nuestros nuevos demócratas se han vuelto a olvidar de los auténticos protagonistas de nuestra historia, la de los millones de españoles que se dejaron la piel trabajando de sol a sol para conseguir lo comentado; esa fue la generación sacrificada, de la que nadie se acuerda y a la que debemos en gran medida lo que hoy somos. Esa fue la generación que, tras trabajar como he comentado, fue capaz sin hacerse notar de dejarnos un país de los mejores del mundo y hacer una Transición a una monarquía democrática con toda naturalidad.

Dejen de fabular sobre Francisco Franco, por favor, y lean y dejen leer las importantísimas biografías que se han escrito sobre él, echen a la basura esa ocurrencia desfasada y frentepopulista de la Ley de Memoria Histórica, y dejen hacer a los historiadores la laboriosa tarea de ir completando la compleja historia de nuestra nación. La historia es la que es, no la que quieran que sea los políticos de turno, es una ciencia, no un instrumento político, y las naciones que consienten esas prácticas están abocadas a ser ignorantes sobre sí mismas y a vivir en un fraude permanente. Hoy España ha entrado en esa espiral, los historiadores nacionalistas catalanes y vascos mintiendo sistemáticamente, así como otros que se inventan pasados inexistentes en Canarias y otras zonas, y nuestro Gobierno nacional atando a una ciencia, de manera que, o se escribe sobre el período citado de 1931 a 1975 a sus órdenes, o te multan y te meten en la cárcel. Qué barbaridad.

La exhumación de Francisco Franco

La última ocurrencia de estos políticos frentepopulistas, que de vez en cuando se hacen con las riendas del poder, es la de sacar los restos mortales de Francisco Franco de su tumba del Valle de los Caídos. ¿De verdad creen que a la mayoría de los españoles, a estas alturas de nuestro calendario, le puede importar esa cuestión? Pues como, a nivel mundial, esta ocurrencia de empezar a desenterrar a todos los antepasados que no fueron democráticos, y que ejercieron algún tipo de tiranía o dictadura sobre quienes estaban a sus órdenes o bajo su techo familiar, se acepte y generalice, el trasiego de huesos en toda España, Europa y los restantes continentes del mundo va a ser de tal magnitud que puede ocurrir que quienes lo materialicen se conviertan con su actividad en los máximos aportadores a las cifras del Producto Interior Bruto de su nación.

La exhumación de Franco, oportunismo político sin relación con la concordia nacional

Y otra cosa: cuando siga afluyendo gente al Valle de los Caídos y, ante un conjunto monumental tan impresionante, se les ocurra preguntar que quién inspiró su construcción y qué ingenieros, arquitectos, artistas y obreros lo levantaron, ¿se les va a contestar con un levantamiento de hombros? ¿O se les va a seguir contando la patraña de los presos políticos tratados como esclavos? El Valle de los Caídos es un símbolo de lo que fue capaz de generar el período gobernado por Francisco Franco en muchos aspectos, ¿lo tenemos que borrar de la historia? Yo sencillamente creo que no, la historia fue lo que fue, y no se puede cambiar ni se debe tergiversar.

Imagen de portada: Busto del general Francisco Franco | Pablo Casado
Escrito por

Escritor e historiador. Profesor honorífico investigador de la UAH. Miembro correspondiente de la R.A.H.

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