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El “Jesús histórico”, la ‘Jot Down’ y la helenización palestina en el siglo I

La historiografía busca en el “Jesús histórico” la aproximación más cercana a la figura que protagoniza los Evangelios. La revista Jot Down compendia algunas teorías que, en el caso de la helenización palestina, matizamos.

En los últimos tiempos han aparecido numerosos artículos y libros en torno a la figura historiográfica conocida como “Jesús histórico”. ¿Qué o quién es el “Jesús histórico”? Es la interpretación hecha por los historiadores que más se aproxima, a la luz del método historiográfico, a la figura de Jesús de Nazaret.

Ante esto, cabe hacer una apreciación, y es que no debe confundirse esta imagen historiográfica del “Jesús histórico” con otras como la del “Jesús real”, la del “Jesús de la tradición” o la del “Jesús de la fe”.

El “Jesús real” es la imagen fidedigna del personaje, la que sus contemporáneos vieron y escucharon, pero que está fuera de nuestro alcance debido a que no existe una crónica paralela a su vida.

El “Jesús de la tradición” sería el personaje construido a lo largo de los siglos y que, según afirman los principales investigadores del tema, no tendría mucho que ver con el “Jesús histórico”. Y, por último, encontramos al “Jesús de la fe”, que, como su propio título indica, es materia de fe, no de historia.

El “Jesús histórico”, un personaje que interesa

Pues bien, en lo que se refiere al “Jesús histórico”, cabe señalar que ha sido objeto de una atención sin igual por la historiografía desde el siglo XIX. En el ámbito más divulgativo, hay que señalar la reciente serie de artículos que la revista cultural Jot Down está realizando sobre el tema.

En ellos se puede entrever la encomiable intención de objetividad por parte del autor, quien, con mayor o menor éxito, intenta siempre transmitir explicaciones lógicas de las teorías más plausibles sobre el “Jesús histórico”.

Ello no evita que en varias ocasiones cometa, en nuestra opinión, errores de interpretación al apoyarse en teorías discutibles (o que actualmente se han debilitado). Pese a todo, se puede decir que merece la pena leer los artículos, pero con cautela y mentalidad crítica.

La helenización palestina en los tiempos de Jesús

Una de las cuestiones temáticas que consideramos más importantes es la del grado de helenización en la Palestina del siglo I a.C., cuestión a la que creemos no se le ha prestado toda la atención que merece.

El autor le da cierta importancia a dicha helenización en algunas cuestiones como, por ejemplo, al tratar los estamentos de autoridad religiosa judía (saduceos y fariseos), a los que define de manera muy sintética (y acertadamente, a nuestro parecer) como “judaísmo sacerdotal” y “judaísmo rabínico”, aunque creemos que yerra al catalogarlos como progriegos y antigriegos, respectivamente, por ser una postura demasiado encorsetada.

Sin embargo, para el resto de ámbitos, el autor concibe el idioma griego como algo totalmente ajeno a la Palestina del siglo I d.C. y, por ende, al “Jesús histórico”, especialmente en lo referente a que los Evangelios fueran redactados en griego, afirmando que era “un idioma distinto al que Jesús hablaba, por personas que habitaban regiones alejadas de su tierra”. Ambas afirmaciones son susceptibles de crítica.

Es cierto que lo más plausible es que la lengua materna de Jesús fuera el arameo, y que en la sinagoga (palabra griega, por cierto: συναγωγή, del verbo συνάγειν, “reunir, congregar”) de Nazaret hubiera aprendido el hebreo, la lengua litúrgica del judaísmo, pero eso no imposibilita el que Jesús tuviera cierto contacto con gentes de lengua griega en su tierra.

Las últimas investigaciones arqueológicas, junto a los más recientes estudios artísticos y lingüísticos, han puesto de relieve que la helenización de Palestina en el siglo I d.C. fue mucho mayor de lo que tradicionalmente se ha creído.

En los artículos que nos ocupan, el autor afirma que solo las clases altas habían asumido dicha aculturación griega. En nuestra opinión, esas clases altas la asumirían en un mayor grado, y las clases bajas en un menor grado, pero también la habrían asumido. Por ejemplo, excavaciones como las llevadas a cabo en Magdala, Cafarnaún o la propia Jerusalén han demostrado un nivel nada desdeñable de helenización en la Palestina del siglo I d.C. a través de la cultura material y epigráfica.

Andrés, un apóstol con nombre griego

Esto nos lleva a la segunda cuestión: la omnipresencia del griego en las fuentes sobre el “Jesús histórico”. El autor de los artículos no solo afirma que ni Jesús ni los apóstoles sabrían griego, sino que serían analfabetos. Dicha afirmación es, muy probablemente, incierta, al menos como generalización.

En primer lugar, porque uno de ellos, Mateo, supuestamente era publicano, y debía saber leer y escribir, algo de contabilidad, y griego para comunicarse con los romanos (el griego era la lingua franca del Mediterráneo en la Antigüedad). Uno de los apóstoles, incluso, tenía nombre griego, Andrés, que significa “hombre” (del nom. ανήρ, gen. ανδρός), en el sentido de “lo opuesto a la mujer”. Cuando el estudio de la onomástica indica una aculturación (en este caso, un judío de Galilea con nombre griego) significa que esta ya se venía dando tiempo atrás.

Si a esto sumamos que dos siglos antes había tenido lugar la revuelta de Judas Macabeo contra el gobierno seléucida, no es difícil llegar a la deducción de que la helenización alcanzó cotas verdaderamente significativas entre los judíos. Y aunque no hubiera sido así, no hay que olvidar la presencia griega por todo el Mediterráneo.

En definitiva, en estos artículos, que, repetimos, no creemos que pretendan ser falaces, encontramos una gran mezcolanza de teorías y conclusiones, unas más serias, meditadas y basadas en reposada investigación (que el autor ha intentado verter lo mejor que ha podido en estos artículos), y otras más peregrinas y con menos visos de verosimilitud y plausibilidad, cuya base historiográfica es bastante débil y, en algún caso, bastante imaginativa.

Hay que romper una lanza a favor del autor, pues concentra y sintetiza ingente información en muy reducido espacio. Además, y todo sea dicho, que sorprende (para bien) encontrar este tipo de artículos en los medios culturales de hoy.

Escrito por

Graduado en Historia por la USP CEU y máster en Historia Antigua por la UCM-UAM.

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