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De Mario Casas a Francisco Boix. La historia real del fotógrafo de Mauthausen

Entre los españoles que sufrieron el horror nazi en el campo de Mauthausen se encontraba Francisco Boix, fotógrafo que logró esconder los negativos con los que luego incriminaría a los responsables de aquella infamia.

En enero de 1946 ya no era el arquitecto jefe de Hitler ni su ministro de Armamento. Albert Speer figuraba entre los acusados por crímenes de guerra y contra la humanidad en el banquillo de los juicios de Núrenberg. Se levantó a petición del testigo, que lo reconoció de inmediato. “Speer”, gritó Francisco Boix, mientras extendía su brazo derecho y lo señalaba con el índice. El fotógrafo de Mauthausen recordaba la visita del nazi al centro. A continuación, el exprisionero denunció la cínica publicidad hitleriana relatando el caso de los 2.000 andrajosos presos soviéticos internados en Mauthausen. “Fueron retratados -explicó- unos cuantos bien vestidos, que transportaban pequeñas piedras a la cantera del campo, en vez de las acostumbradas cargas abrumadoras. Pero después de que se hicieron las fotografías, los prisioneros que se habían utilizado para hacerlas fueron despojados de sus buenas ropas y arrojados todos juntos a las cámaras de gas”. Boix dijo no haber sufrido torturas por estar empleado en el laboratorio fotográfico y ayudar al revelado de las fotografías nazis.

Hubo refugiados de nuestro país en Auschwitz, Buchenwald, Dachau, Flossenburg o Ravenbruck, pero el de Mauthausen, a veinte kilómetros Linz (Austria), fue conocido como “el campo de los españoles”. Los antiguos combatientes republicanos de la Guerra Civil, enrolados en la Resistencia francesa o integrados en partidas de trabajo, fueron detenidos por los nazis y llegaron desde el verano de 1940 a Mauthausen. Los recibiría el comandante del campo, Franz Ziereis: “Habéis entrado por la puerta y saldréis por la chimenea del horno crematorio”. Unos 6.500 dejarían la vida entre sus alambradas.

Españoles en los campos de concentración del nazismo . Aún más horror tras la Guerra Civil

Mauthausen no fue concebido inicialmente como campo de exterminio, pero disponía de cámaras de gas y hornos de cremación a los que llevaban de inmediato a judíos y a rusos. El destino de los españoles era morir de agotamiento en la cantera de granito, a la que se accedía por una escalera de piedra. La construyeron ellos y estaba regada con su sangre del primer al último peldaño. Los 186 escalones ascendían al infierno.

El capricho de los verdugos determinaba un macabro juego de supervivencia. El mecánico turolense Segundo Espallargas había sido boxeador de los pesos pesados. El comandante Franz Ziereis disfrutaba viendo pelear a “Paulino”, así bautizado por su parecido con el campeón de Europa Paulino Uzcudun. Y “Paulino” se desfogaba tumbando a los kapos en un improvisado ring. Vengaba así el maltrato a sus compatriotas y prolongaba la vida con sus victorias.

El robo de las fotografías

La acción más decisiva la protanizaron Francisco Boix y su compañero Antonio García Alonso, quienes robaron los clisés del laboratorio fotográfico de las SS. El material, que incluía horribles escenas de experimentos médicos, fusilados, ahorcados, electrocutados o destrozados por los perros, fue sacado del campo por los hijos de algunos presos a los que explotaba una empresa cercana. Ellos entregaron los negativos a una austriaca antinazi que los escondió en un hueco del muro de su jardín. Allí seguían cuando las tropas aliadas liberaron el campo de Mauthausen el 5 de mayo de 1945.

Francisco Boix declaró en Núrenberg que no había visto personalmente a Speer, pues no abandonaba el laboratorio mientras trabajaba. No obstante, le reconoció al revelar un carrete. Aquella labor le salvó la vida y le permitió incriminar a los dirigentes nazis, que negaban haber conocido los campos de concentración y exterminio.

Imagen de portada: Fotografía de Francisco Boix tras la liberación del campo de Mauthausen
Escrito por

Profesor Titular de Historia Contemporánea en la Universidad a Distancia de Madrid (UDIMA). Es autor de "La transición sin secretos" editado por Actas.

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