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Las raíces históricas de España . Una nación creada tras un proceso político de ocho siglos

El proceso de construcción nacional comenzó con la invasión musulmana. A partir de la gestación del primer reino cristiano se fue cimentando, durante casi ocho centurias, un entramado político que en el siglo XVI dio lugar a lo que hoy es España.

El nacimiento de España constituye el final de un complejo proceso iniciado tras la invasión musulmana de la Península Ibérica, con unos antecedentes ya identificados en el Reino Visigodo de Toledo.

Claudio Sánchez Albornoz publicó en tres volúmenes, entre los años 1972 y 1975, una magna obra que llevaba por título El Reino de Asturias. Orígenes de la Nación Española. En ella, el insigne medievalista hacía un recorrido detallado, desde Pelayo a Alfonso III, para desvelar la gestación del primer reino cristiano peninsular a partir del cual se fue construyendo, durante casi ocho siglos, un complejo entramado político que a comienzos del siglo XVI dio lugar a lo que hoy es España. Siguiendo la estela de don Claudio, y en un complicado momento político de nuestra historia, merece la pena hacer un recorrido a través del medievo para identificar los principales hitos que desde hace siglos fueron conformando las raíces históricas de la nación española.

Este viaje hacia los orígenes da comienzo en el año 711, cuando las tropas de Tariq Ibn Ziyad pusieron pie en Gibraltar y encontraron un reino que palidecía por las constantes luchas internas entre distintas facciones de la nobleza visigoda. Aquella monarquía de origen germánico, heredera de la tradición y cultura de Roma, había fijado su capital en Toledo a mediados del siglo VI y, tras abjurar del arrianismo, acabó transformando la antigua Diocesis Hispaniarum en el país que Isidoro de Sevilla designó como la “Primera nación de Occidente”. Ocho ducados conformaron administrativamente aquella Hispania visigoda, unos evolucionados de las seis antiguas provincias romanas y otros de nuevo cuño, que fueron Asturias y Cantabria.

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Fue precisamente en Asturias donde un tal Pelayo, probablemente hijo del dux Favila, arrancó el proceso de Reconquista tras enfrentarse en Covadonga al ejército sarraceno enviado en el año 722 por Anbasa Ibn Suhaym, gobernador cordobés del califato omeya. Se iniciaba entonces un largo camino bajo la premisa de recuperar aquella “Hispania perdida” citada en la Crónica Mozárabe del año 754, y que culminó ocho siglos más tarde con la conquista castellana del reino nazarí de Granada.

Tras la derrota caldea a los pies de los Picos de Europa nacía el Reino de Asturias, el primero de los estados cristianos medievales tras la ocupación islámica. Bajo el reinado de Alfonso I el Católico, el joven reino asturiano logró ampliar sus fronteras hacia el sur, estableciendo una franja despoblada hasta el Duero como defensa ante las constantes aceifas cordobesas. Al sur de los Pirineos, el nuevo Imperio Franco de Carlomagno creaba la denominada Marca Hispánica, una línea fronteriza de protección contra la amenaza agarena, formada por una serie de condados dependientes de la monarquía carolingia y que, a su vez, eran vasallos del emirato cordobés.

En el resto de la Península Ibérica, la dominación andalusí no se rompería hasta el año 810, en que Íñigo Arista fundó el Reino de Pamplona tras una rebelión que acabó con el gobernador omeya Mutarrif Ibn Musa, perteneciente a la poderosa familia muladí de los Banu Qasi, señores del valle del Ebro. Casi en paralelo, en el año 809 nacía el Condado de Aragón, entre el de Ribagorza y el Reino de Pamplona, en la zona oriental de los Pirineos. Aznar I Galíndez se convirtió en su primer conde titular.

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Pasado el ecuador del siglo IX, surgió el Condado de Castilla, bajo la tutela del Reino de Asturias, con el objetivo de asegurar el proceso de repoblación al sur de la Cordillera Cantábrica. El conde Rodrigo inició entonces la tarea de reconstruir las fortalezas asediadas por las incursiones musulmanas y ocupar un territorio salpicado de pueblos fronterizos, tierras cultivables y castillos. En este mismo periodo, el rey Carlos el Calvo, monarca de la Francia Occidental tras el Tratado de Verdún, otorgó el Condado de Barcelona a Wifredo el Velloso. Tras conseguir este la unión de Urgel, Cerdaña, Gerona y Osona conformarán los denominados Condados Catalanes, dependientes de la dinastía carolingia hasta el año 987.

Al morir Alfonso III el Magno en el año 910, el reino asturiano fue rebautizado como Reino de León, tras haber consolidado la frontera del Duero y trasladado su capital a la ciudad que fuera campamento de la Legio VI Victrix durante el Imperio Romano. El brillante monarca logró dar a la Reconquista un nuevo impulso, al declararse legítimo heredero del Reino Visigodo de Toledo y plasmar sus ideas en las crónicas Albeldense, Profética y De los Reyes Visigodos. Pocos años más tarde, se producirá la integración del Condado de Aragón en el Reino de Pamplona, que a partir del año 943 comenzará a llamarse Reino de Navarra y Aragón, bajo la corona de García Sánchez I.

El nacimiento del Reino de Castilla y León

Ya en el siglo XI, al morir el rey Fernando I el Magno de León se producirá una separación de los territorios de León y Castilla, que quedaron en manos de sus hijos Alfonso VI el Bravo y Sancho II el Fuerte, respectivamente. Tras aquella herencia, el condado castellano había sido elevado a la categoría de Reino de Castilla. Será precisamente tras la muerte del rey Sancho cuando tenga lugar el juramento de Alfonso VI en la Iglesia de Santa Gadea de Burgos, recogido en el Cantar de Mío Cid, la primera obra extensa de la literatura española.

Alfonso VI unificará ambos reinos a la muerte de su hermano para convertirse en monarca del Reino de Castilla y León, y bajo su mandato el avance cristiano continuó inexorable hacia el sur peninsular, logrando en el 1085 la conquista de la ciudad de Toledo. Este hecho supuso un espaldarazo estratégico para los intereses cristianos y para el proyecto de la Reconquista, toda vez que se trataba de la antigua capital visigoda. Un siglo después, el Reino de Navarra y Aragón se separaba dejando a García Ramírez IV el Restaurador como soberano de Aragón y a Ramiro II el Monje como rey de Navarra. Mientras tanto, Alfonso VII de Castilla y León era coronado en la catedral leonesa como Imperator Totus Hispaniae, recibiendo vasallaje del rey navarro y del entonces conde de Barcelona, Ramón Berenguer IV.

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Será precisamente a partir del matrimonio entre Petronila de Aragón y Ramón Berenguer IV cuando se produzca la integración de los Condados Catalanes en el Reino de Aragón, conformando la entidad política que en adelante se llamó Corona de Aragón, y cuyo primer monarca fue Alfonso II el Casto. Era el año 1162 y en Castilla reinaba Alfonso VIII, el mismo que en 1212 protagonizó el golpe de gracia al poder musulmán en Al Andalus con la victoria en la batalla de las Navas de Tolosa. Nacía también en este periodo el Reino de Portugal, a partir del condado del mismo nombre que el rey Alfonso VI había entregado como dote a su hija Teresa tras contraer matrimonio con Enrique de Borgoña.

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Tras un periodo de separación de los reinos de Castilla y León iniciado a la muerte de Alfonso VII, ambos territorios volverán a unirse con Fernando III el Santo en el año 1230, ya bajo la denominación de Corona de Castilla. En este arranque del siglo XIII, la Península Ibérica de los cinco reinos estaba formada por la Corona de Castilla, la Corona de Aragón, el Reino de Navarra, el Reino de Portugal y, por último, el Reino de Granada, formado en 1231 y último reducto del poder musulmán de Al Andalus.

La recta final de la construcción de la nación española tendrá lugar en el siglo XV, cuando se produzca la unificación dinástica de las coronas de Castilla y Aragón, tras el matrimonio de los Reyes Católicos y la posterior conquista del reino nazarí en el año 1492. Tras la muerte de Isabel la Católica, será el rey Fernando quien logre incorporar en 1515 el Reino de Navarra a la Corona de Castilla, completando la integración de todo el territorio peninsular, con excepción del Reino de Portugal. El conjunto de reinos que quedaron unidos dinásticamente en los primeros años del siglo XVI conformaron la denominada Monarquía Hispánica, que en la Península Ibérica se corresponde exactamente con el actual Reino de España.

Imagen de portada: Mapa de España en el año 1570 | Pablo Casado
Escrito por

Doctor Ingeniero de Minas (UPM) y Grado en Historia (UDIMA). Es profesor en Everest School y UDIMA, y compagina su actividad docente con el puesto de Director del Aula Cultura ABC. Como escritor e historiador ha publicado tres libros: "La historia paralela", "Los hijos de los dioses" y "Viajeros del pasado".

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