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El reino de Asturias. Orígenes de la nación española

En un momento en que la idea de España se discute por parte de algunos sectores, eldebatedehoy.es hace un recorrido por la historiografía de la Edad Media para entender el concepto de Reconquista a partir del nacimiento del reino de Asturias.

En el año 1972 comenzaron a publicarse por el Instituto de Estudios Asturianos (IDEA) tres volúmenes escritos por Claudio Sánchez Albornoz que recogían toda una vida de investigación sobre “el pasado español en que comenzó la gran contienda entre la cristiandad y el islam en las montañas norteñas”. Aquella iniciativa, impulsada por su maestro Ramón Menéndez Pidal, y que se extendió casi medio siglo, acabó plasmada en una de las obras más importantes de la historiografía medieval española, y que tiene un título contundente en los tiempos que corren: Orígenes de la Nación española. El Reino de Asturias.

La península ibérica fue protagonista de un intenso debate historiográfico desde finales del siglo XIX, iniciado por el movimiento regeneracionista, que analizó las causas de la decadencia de España como nación tras el desastre del 98. Los intelectuales de esta corriente buscaron definir una nueva idea de España, real y libre de las imposturas de aquella versión oficial sumida en la crisis de la Restauración, de la mano de Joaquín Costa y su lema “Escuela, despensa y doble llave al sepulcro del Cid”.

Las raíces históricas de España . Una nación creada tras un proceso político de ocho siglos

A mediados del siglo XX, el debate estaba servido con la confrontación entre la postura tradicionalista de Claudio Sánchez Albornoz, sosteniendo el goticismo como germen de la Reconquista de una España invadida por los caldeos, y la más integradora de Américo Castro, que defendía la época musulmana como un estadio más de la historia peninsular. Abilio Vigil y Marcelo Barbero postularon, en 1965, que la lucha de casi ocho siglos contra los musulmanes no tuvo su origen en unos motivos puramente políticos y religiosos, sino en la reactividad de los pueblos del norte peninsular ante cualquier presencia extranjera, como sostenían que había sucedido siglos atrás. En esta misma línea, José Luis Martín defendió que la Reconquista en sus inicios fue obra de “poblaciones poco romanizadas y poco o nada cristianizadas”.

Sin embargo, Armando Besga logró refutar ciertas inconsistencias en ambas tesis, al demostrar que Cantabria y Asturias habían sido conquistadas por los visigodos, y que los orígenes del reino de Asturias tenían, por tanto, una raíz hispano-goda. Además, se puede deducir del análisis de las crónicas Sebastianense y Albeldense que ambas provincias eran probablemente dos de los ocho ducados visigodos mencionados en las actas del XIII Concilio de Toledo, y que Favila, el padre de Pelayo, pudo ser entonces dux de la provincia asturiana.

Parece demasiado simplista pensar que la ideología existente en el norte de la península ibérica era la de simples pueblos poco romanizados que lucharon contra los musulmanes, como sus ancestros lo habían hecho antes contra Roma o contra los propios visigodos. Existen pruebas históricas de la existencia de un orden godo presente en Asturias y Cantabria en el año 711, tal y como defiende Yves Bonaz, y por tanto no se puede reducir el proceso al simple rechazo de un pueblo invasor. Hubo neogoticismo con Pelayo porque antes hubo goticismo con Rodrigo, eso sí, truncado por una invasión que aprovechó la descomposición de un reino demasiado enfermo de guerras internas.

Restauración primero, Reconquista después

Para Alvaro Solano, las crónicas hablan de la unidad de Hispania y la misión del reino de Asturias como depositario del legitimismo godo. En este sentido, tiene una importancia capital que la invasión fuera musulmana, puesto que una parte fundamental de la Hispania perdida, reflejada en el 754 en la crónica mozárabe, fue precisamente la religión cristiana a manos del emirato islámico. De ahí que Alfonso II se apoyase también en el descubrimiento de la tumba del apóstol Santiago como elemento clave para impulsar el proceso de Reconquista a partir del siglo IX.

No hay duda de que el neogoticismo logró llevar a la práctica las ideas de restauración, primero, y reconquista, después, no sin utilizar buenas dosis de elementos fabulosos y míticos. Como sostiene Manuel González, a una ideología no se le pide que sea verdadera o falsa, sino que sea operativa y, sin duda, la de la Reconquista lo fue, independientemente del número de sarracenos que cuente la Sebastianense que perecieron en Covadonga o si Pelayo procedía o no de un linaje real.

Más allá de los históricos complejos de esta España nuestra, tantas veces incapaz de defender y hacer valer sus raíces en contraste con el chauvinismo francés, el orgullo británico o el sentimiento patrio estadounidense, merece la pena volver la vista atrás para descubrir cómo en el siglo VIII nacía el primer reino cristiano con capital en Cangas de Onís, desde el que se iniciaba un largo proceso que Isabel y Fernando completarán en 1492 tras la unión dinástica de las coronas de Castilla y Aragón y la caída del reino nazarí de Granada.

Escrito por

Doctor Ingeniero de Minas (UPM) y Grado en Historia (UDIMA). Es profesor en Everest School y UDIMA, y compagina su actividad docente con el puesto de Director del Aula Cultura ABC. Como escritor e historiador ha publicado tres libros: "La historia paralela", "Los hijos de los dioses" y "Viajeros del pasado".

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