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Reivindicación de la historia catalana . De la Corona de Aragón al Estatuto de Autonomía

Ante el desafío independentista del 1 de Octubre, se hace necesario volver a recordar y reivindicar la historia de Cataluña en el marco de la historia de España, para evitar caer en falsedades y leyendas sobre los orígenes y raíces de una de las regiones más ricas y singulares de nuestro país.

Tras la derrota musulmana en Poitiers en los primeros compases del siglo VIII, el norte del territorio que hoy conforma Cataluña se convirtió en una frontera estratégica del Imperio carolingio frente a la amenaza andalusí. Aquella Marca Hispánica estuvo formada por una serie de condados de origen franco -Ampurias, Rosellón, Barcelona, Gerona, Besalú, Osona, Cerdaña, Urgel, Pallars y Ribagorza- que, ubicados en el pirineo occidental, tenían continuidad hacia el este en Aragón y Pamplona. De todos ellos únicamente este último, Pamplona, se convertiría en reino con la llegada al trono de Iñigo Arista en el año 810.

En aquellos albores del siglo IX, la Reconquista comenzaba su andadura con epicentro en un reino de Asturias espoleado por el descubrimiento de la tumba del apóstol Santiago bajo el reinado de Alfonso II el Casto. Bera, un noble franco-visigodo, se convertía en el primer conde de Barcelona y Aznar Galíndez I en el titular del condado de Aragón, mientras Carlomagno y Al Hakam I rivalizaban por el vasallaje de aquellos territorios. Más hacia el este, y dependiente entonces del reino asturiano, surgiría pocos años más tarde un condado de Castilla que se convertirá en reino en el siglo XI.

Tras la fragmentación del Imperio franco en el año 843 por el Tratado de Verdún, el nuevo reino de la Francia Occidental comenzó a perder influencia en la frontera hispánica. Wifredo el Velloso (878 – 897) logró entonces unificar los condados de Barcelona, Urgel, Cerdaña, Besalú, Gerona y Osona, y fortalecer su linaje haciendo hereditarios sus títulos. La fisonomía política de la Península Ibérica evolucionaba, y antes de llegar al primer milenio se conformaba el reino de Navarra y Aragón tras la integración del reino de Pamplona y el condado de Aragón bajo la figura de García Sánchez I.

Por su parte el reino de Asturias había extendido sus fronteras hasta el Duero y se había transformado en el reino de León a la muerte de Alfonso III el Magno, mientras en Al Andalus emergía la figura de Abd Al Rahman III que en el año 929 se convertiría en el primer califa omeya tras independizarse de Bagdad. Poco después, al finalizar el siglo X, los condados catalanes lograrán desligarse de la influencia franca aprovechando la inestabilidad política creada como consecuencia de la llegada al trono de la dinastía Capeto.

En el noreste peninsular el siglo XII es testigo de la separación de los reinos de Navarra y Aragón. Esta circunstancia facilitará que tras el matrimonio entre Ramón Berenguer IV, conde de Barcelona, Gerona, Osona y Cerdaña, y Petronila, hija de Ramiro II de Aragón, el hijo de ambos se convierta en el primer monarca del reino de Aragón que además aglutinaba los títulos de los condados catalanes. De esta forma nacía con Alfonso I el Batallador la Corona de Aragón. Por su parte la Corona de Castilla surgiría un siglo más tarde tras la unificación de los reinos de Castilla y León que lleva a cabo Fernando III el Santo.

El origen de la senyera

Precisamente en el siglo XII se documenta la primera evidencia histórica de un escudo con la actual bandera catalana, la senyera, como estandarte de los reyes de Aragón. Las barras rojas, entonces verticales, fueron concretadas en cuatro en el siglo XIV bajo el reinado de Pedro IV el Ceremonioso. Por su parte la bandera secesionista conocida como la estelada data de la primera mitad del siglo XX, y fue ideada por Albert Ballester tomando como modelo la cubana tras la independencia de la isla caribeña en 1898.

Volviendo a la Edad Media, al comenzar el siglo XIII la Reconquista cobrará un nuevo impulso tras la Batalla de las Navas de Tolosa y la expansión aragonesa por el Mediterráneo llevará a la conquista de las islas Baleares bajo el reinado de Jaime I el Conquistador. Mientras se consolidaban las coronas castellana y aragonesa, con las dificultades derivadas de la crisis del siglo XIV, en la recta final de la Edad Media se producirá la unión dinástica entre ambas tras el matrimonio entre Isabel de Castilla y Fernando de Aragón en 1469. Casi medio siglo después se producirá la anexión del reino de Navarra a la Corona de Castilla.

corona de aragón

Batalla de las Navas de Tolosa, Francisco de Paula Van Halen (1864)

Entra por tanto Cataluña en la etapa de la monarquía hispánica como parte de la Corona de Aragón, mientras Carlos I, nieto de los Reyes Católicos, sube al trono en el año 1516. En ese contexto histórico de los siglos XV y XVI, las disputas territoriales con Francia por las regiones del Rosellón y la Cerdaña, por el reino de Navarra y por las posesiones en Italia serán una constante que se extenderá hasta bien entrado el siglo XVII con la Guerra de los Treinta Años.

Será precisamente en el marco de este conflicto bélico europeo cuando tenga lugar una revuelta en Barcelona, en el año 1640, en contra del gobierno de Felipe IV. Aquel levantamiento contó con el apoyo de una interesada Francia, que durante doce años se hizo con el control de Cataluña para utilizarla como moneda de cambio en las negociaciones de la Paz de Westfalia de 1648. Finalmente la región volvió a la corona española en 1652. La revuelta de los segadores de 1640 constituye precisamente uno de los pilares del independentismo catalán nacido a finales del siglo XIX, y su influencia en la Transición española llegó a ser tal que, Els Segadors, es en la actualidad el himno oficial de Cataluña.

Cataluña y la Guerra de Sucesión

Con el siglo XVIII aparecerá un nuevo conflicto político como consecuencia de la muerte sin descendencia de Carlos II, el último de los monarcas de la casa de Austria. La Guerra de Sucesión Española, con alcance dentro y fuera de las fronteras de España, enfrentó en Europa al candidato francés, Felipe de Borbón, y al austriaco, el Archiduque Carlos. Internamente la Corona de Castilla apoyó al futuro Felipe V mientras que la Corona de Aragón hizo lo propio con el pretendiente de la casa de Habsburgo.

El Tratado de Utrecht firmado en 1713 dio por terminado el conflicto con el reconocimiento de Felipe V como monarca de España. Barcelona sin embargo mantuvo el envite realista y se mantuvo en armas hasta su rendición el 11 de Septiembre de 1714, convirtiéndose esta fecha en un segundo pilar del independentismo catalán concretado en la fiesta de la Diada. La política reformista del monarca francés trajo consigo la promulgación de los denominados Decretos de Nueva Planta con el fin de centralizar y uniformizar la compleja estructura legal y administrativa de los diferentes reinos hispánicos.

La Segunda República frente al independentismo

Desde ese momento la historia de Cataluña se mantendrá en los dos siglos siguientes como parte integrante y destacada de la historia de España, con sus altibajos, aún a pesar de la fuerte presión ejercida por parte del nacionalismo desde finales del siglo XIX y hasta la llegada de la Segunda República, cuando Maciá y Companys reivindiquen un estado catalán. Con la Transición española y a partir de la Constitución de 1978, se pondrá en marcha el Estatuto de Autonomía bajo el que se constituyó la actual Comunidad Autónoma.

Cataluña ha sido siempre parte de España desde que la monarquía hispánica sentó sus bases con la unión dinástica de los Reyes Católicos a finales del siglo XV. Como decía el escritor catalán Agustí Calvet, más conocido como Gaziel, “a lo largo de más de mil años de historia Cataluña no existió como entidad política y los catalanes nunca tuvieron el propósito de construir un estado”. La aventura independentista que ha arraigado con fuerza en este siglo XXI tiene pies de barro, pero busca desesperadamente recoger los frutos de casi cuarenta años de juego político al amparo de la Transición, que lenta e inexorablemente ha buscado reinventar la historia degradando los lazos de unión con el resto de España.

Imagen de portada: Detalle de la portada del libro Breve historia de la Corona de Aragón | Nowtilus
Escrito por

Doctor Ingeniero de Minas (UPM) y Grado en Historia (UDIMA). Es profesor en Everest School y UDIMA, y compagina su actividad docente con el puesto de Director del Aula Cultura ABC. Como escritor e historiador ha publicado tres libros: "La historia paralela", "Los hijos de los dioses" y "Viajeros del pasado".

Ultimos comentarios
  • Según usted entonces, no existió ninguna entidad politica ni en Catalunya ni en el resto de la peninsula hasta el siglo XV? Creo que le falata profundizar un poco más en la historia medieval antigua, sobre todo en la de los condados catalanes. De nada.

  • Un artículo muy INTERESANTE. Me encantaría que indagaran más en las distorsiones que defienden los “historiadores” INDEPENDENTISTAS y la raíz de esos bulos.
    Sería muy interesante.
    Un saludo

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