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40º aniversario de la Carta Magna, garantía de derechos y libertades

Después de una larga sucesión de Constituciones, comenzando por la Pepa de 1812, la Carta Magna de 1978 consiguió consolidar la senda política para el desarrollo del país y establecer un clima de paz.

Cuando la Guerra de Independencia contra la invasión napoleónica entraba en su fase final, pocos meses antes de que la coalición angloespañola derrotase al ejército francés en la batalla de los Arapiles, marcando el punto de inflexión de la contienda, se promulgaba en la ciudad de Cádiz la primera Constitución de la historia de España. Las Cortes Constituyentes convocadas en el año 1810 concluían la redacción de una Carta Magna que veía la luz el 19 de marzo de 1812, día de San José, lo que le valió ser conocida popularmente como la Pepa.

En aquel lejano 1812 ni siquiera existían los partidos políticos. Había únicamente tendencias ideológicas que iban desde los absolutistas defensores de los principios del Antiguo Régimen hasta los modernos liberales partidarios de una soberanía nacional residente en las Cortes, pasando por los moderados, que nadaban y guardaban la ropa, a caballo entre unos y otros. Desde entonces, y a lo largo de casi dos siglos, otras seis Constituciones fueron marcando la evolución liberal iniciada en Cádiz hasta llegar a la actual, vigente desde 1978 y columna vertebral de la ejemplar Transición democrática llevada a cabo tras la etapa franquista.

Durante la regencia de María Cristina de Borbón, siendo la Reina Isabel II todavía una niña, se aprobó el denominado Estatuto Real de 1834 que, sin ser una nueva Constitución, pretendía ser una concesión de la corona para marcar distancias con el periodo absolutista de Fernando VII. Buscando el apoyo de los liberales frente a la amenaza carlista, se crearon entonces unas Cortes bicamerales siguiendo el modelo británico, como paso previo a la redacción de una nueva Carta Magna que, finalmente, llegaría en 1837 de la mano del Partido Progresista. Se definió entonces una soberanía nacional residente en las Cortes, no reconocida en el Estatuto de 1834, con el objetivo de garantizar la estabilidad institucional.

Los dos primeros partidos políticos de nuestra historia, el Progresista y el Moderado, marcarían entonces una alternancia en el poder que llevaría al segundo a aprobar una nueva Constitución en 1845, de corte más conservador e impulsada por Ramón María Narváez. Acababa de arrancar el reinado efectivo de Isabel II y se ponía en marcha la construcción del Estado liberal, centralizado y vertebrado según la división provincial definida en 1833. Aquel marco legal se mantuvo casi 25 años, hasta la llegada de la Revolución Gloriosa, y poco después, bajo la regencia del general Serrano, se acabó aprobando la Constitución de 1869, la primera en la que el poder legislativo residía en las Cortes.

La Restauración borbónica construida entre el Partido Conservador de Antonio Cánovas del Castillo y el Partido Liberal de Práxedes Mateo Sagasta propició la gestación de una nueva Carta Magna en 1876, redactada por Manuel Alonso Martínez y que se acabó convirtiendo en la más longeva de la historia de España. El nuevo marco jurídico estuvo vigente nada menos que 55 años, hasta la irrupción de la Segunda República. Con la llegada al poder del Gobierno provisional encabezado por Niceto Alcalá-Zamora se abrió un nuevo proceso constituyente cuyo resultado fue la promulgación de la Constitución de 1931, republicana y sesgada hacia la izquierda política, según los dictados del Comité Revolucionario que hizo caer la monarquía alfonsina.

Un camino hacia la prosperidad

La Guerra Civil y la dictadura franquista marcaron un largo paréntesis en nuestra historia reciente, hasta que la Transición, magistralmente conducida por Adolfo Suárez, y con Torcuato Fernández Miranda entre bastidores, permitió a España iniciar la construcción del periodo más próspero de los últimos dos siglos. Tras la legalización del Partido Comunista y con la puesta en marcha del proceso de normalización política, se convocaron elecciones generales en junio de 1977 y se aseguró un clima de paz social para poder abordar la redacción del último de nuestros ordenamientos jurídicos, la Constitución de 1978, que hoy en día sigue vigente.

La Carta Magna, de cuyo referéndum de ratificación se cumplen 40 años este 6 de diciembre, fue elaborada con generosidad por los denominados padres de la Constitución, que representaban a los distintos partidos políticos y a las minorías vasca y catalana que buscaban hacer valer sus derechos históricos. Los españoles votaron mayoritariamente a favor en un 88%, con una participación del 61%, y como dato relevante hay que recordar que en Cataluña el apoyo a la Constitución estuvo por encima del 90%.

Probablemente, el contexto histórico actual ha cambiado desde finales de los años 70, y quizás la Constitución necesite ser actualizada. Pero, sabiendo que aquel documento votado en 1978 ha sido el marco jurídico que ha permitido alcanzar a España las mayores tasas de crecimiento y consolidar el Estado del bienestar, habrá que hacerlo desde el imprescindible consenso y con la necesaria altura de miras. Para ello, debe ser condición necesaria contar con una clase política que se distinga por su responsabilidad y sentido de Estado, y que sepa estar a la altura de semejante proyecto.

Imagen de portada: La promulgación de la Constitución de 1812, obra de Salvador Viniegra | Museo de las Cortes de Cádiz
Escrito por

Doctor Ingeniero de Minas (UPM) y Grado en Historia (UDIMA). Es profesor en Everest School y UDIMA, y compagina su actividad docente con el puesto de Director del Aula Cultura ABC. Como escritor e historiador ha publicado tres libros: "La historia paralela", "Los hijos de los dioses" y "Viajeros del pasado".

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