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La ciudad de San Diego, un importante legado español en EE.UU.

Se cumplen 250 años de la fundación de la ciudad San Diego, una muestra más del legado español en Estados Unidos. La ciudad se debe al franciscano que se empeñó en poner las bases de la cultura católica, san Diego de Alcalá.

Ciudad de Alcalá, mayo de 1562: el príncipe don Carlos, hijo de Felipe II, se muere, víctima de una infección causada por una herida mal curada. No parecían bastar las sangrías practicadas y otros recursos médicos para salvarlo. Su padre, el Rey, viajó a la ciudad complutense desde Madrid, y desesperaba junto al lecho del moribundo. Entonces, el duque de Alba propuso que acudieran a la intercesión de un lego franciscano muerto en olor de santidad y enterrado en la Catedral de Alcalá.

El Rey mandó traer el cuerpo embalsamado del fraile y lo puso en contacto con el del enfermo. El 20 de mayo, la fiebre había desaparecido y, un mes más tarde, el príncipe estaba restablecido. Como agradecimiento a lo que consideró un milagro, el Rey suplicó al Papa impulsar la causa de canonización de ese humilde lego franciscano. En 1588, Sixto V elevaba a los altares al nuevo santo, conocido como san Diego de Alcalá.

El pasado 2 de febrero, la embajada estadounidense en España publicaba en su cuenta de Twitter la conmemoración de los 250 años de vida de la ciudad californiana de San Diego. Y lo hacía refiriéndose precisamente al carácter español de aquella fundación, puesta en marcha por el franciscano fray Junípero Serra el 16 de julio de 1789. Esta ciudad norteamericana lleva, pues, el nombre de un santo franciscano vinculado de manera muy especial a la monarquía española.

Actualmente, San Diego es la segunda ciudad más poblada de California, y la octava de los Estados Unidos. Se encuentra a solo 24 km de la mexicana Tijuana, y este es uno de los motivos por los que el 30% de la población de la ciudad es de raíces latinas. Por otra parte, alberga la sede de la flota naval más grande del mundo. Pues bien, no deja de ser una gran noticia que desde la embajada de Estados Unidos nos recuerden que esta gran ciudad existe gracias al empeño explorador, evangelizador y colonizador de España.

Viajando a los orígenes, no fue en absoluto un camino de rosas la fundación de la misión de san Diego de Alcalá. Como es sabido, tras la expulsión de los jesuitas de los territorios de la Monarquía Hispánica, en 1767, los franciscanos fueron llamados a ocupar su lugar en las misiones que hasta entonces se habían desarrollado en la Baja California. Y, a partir de estas, se inició el proceso de fundación de misiones en la Alta California, en territorio hoy estadounidense.

La fundación de san Diego de Alcalá

Fray Junípero Serra, padre presidente de las misiones, participó de la expedición que, saliendo del actual México, conduciría a religiosos y militares hacia la bahía de San Diego, donde tenían el cometido de fundar misiones y presidios, para afirmar la presencia española en el norte de la Nueva España. El 24 de marzo de 1789, salía de la misión de Loreto, en la Baja California, una partida de 25 soldados al mando del capitán Fernando de Rivera y Moncada, al que acompañaba el franciscano Juan Crespí.

Al tiempo, por tierra se desplazaba un contingente de 70 hombres al mando del gobernador de California, Gaspar de Portolá; en este grupo viajaba el padre Serra. Dos barcos más, el San Carlos y el San Antonio, llevarían avituallamiento y cargamento pesado. Después de bastantes dificultades, todos los expedicionarios se encontraron a principios del mes de julio en la bahía de San Diego, no sin haber perdido por una epidemia a 31 marineros.

Como se trataba de seguir avanzando hacia el norte, Portolá dejó a 50 hombres para que construyeran un presidio y con ellos quedaba también fray Junípero para fundar una misión. Según cuenta su amigo y biógrafo Francisco Palou, así fue la fundación de San Diego de Alcalá: “Hizo la función del establecimiento con la Misa cantada y demás ceremonias de costumbre… el 16 de julio, en que los españoles celebramos el Triunfo de la Santísima Cruz, esperanzado en que, así como en virtud de esta sagrada señal lograron los Españoles en el propio día, el año de 1212, aquella célebre Victoria de los Bárbaros Mahometanos, lograrían también, levantando el Estandarte de la Santa Cruz, ahuyentar a todo el infernal Ejército y sujetar al suave yugo de nuestra Santa fe la barbaridad de los gentiles que habitaban esta nueva California”.

La “Madre de las Misiones de la Alta California”

Aunque los nativos que vivían cerca de la misión parecían amistosos, manifestaron inicialmente poco interés en la predicación de los frailes. En 1773, parece que no llegaban a 300 los bautizados entre la misión de San Diego y la de San Antonio. Incluso llegó a producirse un ataque organizado contra San Diego por un grupo numeroso de indios vecinos, en el que murió el misionero que entonces estaba al frente. Este ataque tuvo lugar en 1775, cuando fray Junípero viajaba hacia el norte para seguir con sus fundaciones.

Sin embargo, inasequible al desaliento, fray Junípero insistía en la necesidad de permanecer allí y continuar trabajando. Su actitud ante el ataque de los nativos fue decididamente contraria a imponer un duro castigo, y más bien a atraerlos mediante el perdón, en el que verían reflejada la principal señal del Dios cristiano, la misericordia.

A pesar de ese aparente fracaso de los inicios, cuando Fray Junípero muere, en 1784, las nueve misiones por él fundadas habían logrado el bautizo de unos 6.000 indios. En 1797, la misión de San Diego era la mayor de California, con más de 1.400 indígenas encomendados.

La historia de esta fundación, una muestra más del legado español en los Estados Unidos, constituye así el germen de uno de los principales asentamientos de la costa oeste. Con razón, se llama a san Diego de Alcalá la “Madre de las Misiones de la Alta California”. Y podemos añadir que esa gran urbe que hoy es San Diego, con sus playas, su clima perfecto, sus centenares de miles de habitantes que configuran un mosaico variado de lenguas y tonos de piel, se debe a aquel franciscano que, resistiendo todas las dificultades imaginables, se empeñó en poner las bases de la cultura católica en aquel entonces remoto lugar del “lejano Oeste”.

Escrito por

Doctora en Historia de América. Profesora y Coordinadora de los Grados de Historia e Historia del Arte en la USP CEU.

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