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Tabaquismo en los jóvenes, un peligro que se puede prevenir

Las cifras de consumo de tabaco en los jóvenes son preocupantes. La influencia social, la falta de percepción del riesgo o la exposición a modelos inadecuados son factores de riesgo. Es necesario prevenir, informar y dar ejemplo.

Los últimos datos de la Encuesta sobre Alcohol y otras Drogas en España (EDADES), publicada por la Delegación del Gobierno para el Plan Nacional sobre Drogas, indican que el 25,9% de los jóvenes de entre 15 y 25 años son consumidores de tabaco a diario en nuestro país. Estas cifras tan elevadas son similares a las observadas en las encuestas previas a la aplicación de las leyes antitabaco de 2005 y 2010. Teniendo en cuenta los efectos nocivos del tabaco sobre la salud y la mayor prevalencia de consumo de otras sustancias (ej: cannabis) en consumidores de tabaco, ¿son suficientes y adecuadas las medidas de prevención actuales contra el tabaquismo en los jóvenes?

Los factores de riesgo en los jóvenes

Los motivos que llevan a los adolescentes a iniciarse y mantener el consumo de tabaco son diferentes a los que podemos observar en población adulta. Esto nos lleva a la necesidad, en primer lugar, de conocer los factores de riesgo en este periodo y, a partir de ahí, desarrollar intervenciones adaptadas a las necesidades de este grupo poblacional.

Uno de los factores que tienen más peso en el inicio del tabaquismo en los jóvenes es la influencia social. La influencia de los compañeros es particularmente intensa en esta etapa en la que los jóvenes reducen la cantidad de tiempo que pasan con los adultos y aumentan la cantidad de tiempo sin supervisión con los iguales. En esta línea, diversos estudios han mostrado que el tener amigos que consumen tabaco duplica las probabilidades de iniciarse en su consumo.

Generación Z . Un móvil al nacer y un dominio de internet que supera al de sus padres

Los motivos de la influencia social pueden ser variados, desde consumir por querer ser aceptado por el grupo (influencia normativa) a consumir por entender que lo que hace el grupo es lo correcto (influencia informativa). Todo ello, además, va asociado a una serie de creencias erróneas que suelen asumir los jóvenes como verdaderas (ej: “puedo dejar el tabaco cuando quiera”, “los jóvenes fumadores son más divertidos, independientes y tienen mayor estatus”, “fumar es un buen mecanismo para adelgazar”…), junto con el hecho de no tener la percepción de riesgo real que conlleva el consumo.

No hay que olvidar el peso que tiene en los jóvenes la exposición a modelos inadecuados más allá de los iguales, como pueden ser las personas del entorno familiar o los modelos mostrados en los medios de comunicación. Del mismo modo, nos encontramos que muchos jóvenes emplean el tabaco como medio para regular el estrés o el malestar emocional, en lugar de aplicar otras estrategias más adaptativas dirigidas a afrontar las situaciones que les producen malestar. Asimismo, desde el punto de vista fisiológico, existe evidencia de que los adolescentes son más vulnerables a la dependencia de la nicotina que los adultos, pudiendo convertirse rápidamente en adictos al tabaco, incluso a bajos niveles de consumo.

Es posible prevenir el tabaquismo en los jóvenes

A pesar de que hoy en día existe información suficiente acerca de los efectos nocivos del tabaco, es necesario impulsar más medidas dirigidas a prevenir el tabaquismo en los jóvenes, especialmente desde el ámbito de la educación. En este sentido, es importante como adultos:

  • Dar ejemplo: los hijos de fumadores tienen un mayor riesgo de convertirse en fumadores. Por tanto, si fuma, lo primero que deberá hacer es dejarlo.
  • Informar acerca de los efectos del tabaquismo y romper las creencias erróneas asociadas al consumo.
  • Capacitar a los jóvenes para resistir las presiones sociales mediante el desarrollo de habilidades sociales, recursos para la toma de decisiones, estrategias de regulación emocional adaptativas y fortalecimiento de la autoestima.
  • Comunicación asertiva y empática. El vínculo padres hijos debe incluir límites, pero al mismo tiempo es necesario crear un clima de confianza en el que el joven pueda expresarse y compartir sus inquietudes.

La juventud es un proceso que implica una serie de cambios fisiológicos, psicológicos y sociales. Este proceso de cambio de la niñez a la adultez convierte a los jóvenes en un grupo especialmente vulnerable a exponerse a situaciones de riesgo, como puede ser el inicio en el tabaquismo en la juventud. Es fundamental que desde los colegios, la comunidad y las familias haya una concienciación de la necesidad de desarrollar intervenciones en la prevención del tabaquismo, yendo más allá de la restricción (ej: aumento del precio del tabaco, control en publicidad y medios, limitación del consumo en espacios públicos, etc.), mediante el desarrollo de herramientas que ayuden a los jóvenes a enfrentarse a la influencia social, regular sus emociones y tomar decisiones a favor de su salud.

Escrito por

Doctora en Psicología por la UCM. Profesora de Psicología Social en el Departamento de Psicología y Pedagogía de la USP CEU. Terapeuta Familiar del Instituto de Estudios de la Familia.

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