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La política del hijo único en China, un fracaso con final inesperado

La política del hijo único en China ha desembocado en una nación envejecida antes de disfrutar de los beneficios de una sociedad rica e igualitaria. Existe un desequilibrio por sexos, hay niños sin identidad y no se consigue incrementar la tasa de nacimientos. 

Nunca como hoy las ideas han circulado con tanta rapidez por todo el planeta. Sin embargo, su asombrosa y vertiginosa difusión no garantiza en modo alguno que dichas ideas resulten verdaderas o que se depuren de sus errores pese a la enorme posibilidad de impugnación de las mismas. El neomalthusianismo, que predica el control de la natalidad, permanece indemne pese a las continuas refutaciones que la experiencia de muchos países acredita, y sigue siendo una de esas ideas que conforman la opinión pública, impregnan la mentalidad de millones de personas y que encabezan la agenda de organizaciones mundiales como la ONU, fundaciones filantrópicas de muchos magnates y otras instancias internacionales. Un claro ejemplo es la política del hijo único en China.

Precisamente, casi 40 años después de la imposición en 1979 de la política del hijo único, consecuencia de esa injerencia brutal y totalitaria del Estado comunista chino en la vida de los sufridos chinos que viven en la República Popular, saltan todas las alarmas en el gigante asiático por las consecuencias brutales y destructivas cuyas dimensiones comienzan a emerger en 2018, después de que las autoridades de la China continental abrogaran la política del hijo único en 2016:

1. Con alrededor de 158 millones de personas mayores de 65 años, China tiene la población envejecida más grande del mundo. Estudios realizados por Naciones Unidas proyectan que en 2050 habrá más de 400 millones de jubilados, aproximadamente el 25% de la población, lo que supondría una enorme presión para los recursos del Estado. Parece evidente que la política del hijo único ha dejado mal preparada a una sociedad que envejece. “Cuarenta años de propaganda antinatal y antinfantil han dejado su huella”, señala Steven W. Mosher, presidente del Population Research Institute.

2. Existe un desequilibrio poblacional por sexos, con una diferencia de 33,59 millones a favor de los varones. La preferencia hacia los varones existente en la cultura china es una de las causas que, junto con la existencia de tecnología que identifica el sexo del feto, han producido un incremento exponencial de los abortos de fetos femeninos, el infanticidio femenino y el abandono de niñas o su entrega a los orfanatos.

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3. El incumplimiento de la política del hijo único ha tenido severas consecuencias para aquellas familias chinas que han tenido más de un hijo y que, en muchas ocasiones, no podían pagar la elevada multa que se les imponía. En estos casos, las autoridades comunistas privaban a niños y niñas de su hukou, el documento de registro civil chino. La ausencia de identidad oficial imposibilita el acceso a los servicios y prestaciones públicas, es decir, a la educación, la asistencia médica, etc. Tampoco pueden obtener el pasaporte o conseguir un trabajo legal. Se calcula que dichos niños, conocidos como “niños negros”, ascienden a un 1 % de la población china (13 millones).

4. Durante años, las autoridades de la República Popular China han publicitado el éxito de “haber evitado” más de 400 millones de personas con su política antinatalista; sin embargo, desde que han intentado revertir esta tendencia no se consigue que la tasa de nacimientos se incremente: 17.9 millones en 2016, 17.2 millones de nacimientos en 2017. Las previsiones más optimistas del Gobierno comunista chino señalan que para 2020 los nacimientos no sobrepasarán los 16 millones. La mentalidad del joven chino que ha crecido durante dos generaciones sin hermanos se ha enfocado fundamentalmente en lo material y resulta renuente a la generosidad que supone tener más hijos.

La política del hijo único ha llevado a una sociedad envejecida

En definitiva, el ejemplo chino es un ejemplo claro del fracaso de las políticas de control de natalidad que se siguen promocionando para el tercer mundo y en el mundo occidental.

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Las autoridades analizan nuevas directrices de planificación familiar, los académicos proponen que se brinden apoyos a las parejas que deseen tener un segundo hijo; sin embargo, el borrador del nuevo Código Civil, que entrará en vigor en el año 2020, no incluye nada relacionado con la planificación familiar.

Si bien en la China continental, a diferencia de otras sociedades asiáticas que se encuentran con problemas demográficos como Japón o Corea del Sur, la política del hijo único la ha puesto en la situación de ser una nación envejecida antes de disfrutar de los beneficios de ser una sociedad rica y desarrollada.

 

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Escrito por

Doctora en Derecho por la USP CEU. Profesora Adjunta de Teoría del Derecho. Secretaría Académica del Instituto de Estudios de la Familia.

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