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Cuando la soledad se convierte en la única compañera de verano de nuestros mayores

El 11,4% de las personas mayores afirman sentirse solas. Las familias y la sociedad tienen la obligación moral de respetarlas y valorarlas. También deben garantizar sus derechos de protección, participación, integridad e imagen.

En un estudio reciente llevado a cabo en la Universidad Brunel, en Londres, liderado por la doctora Christine Victor, se observó que las personas mayores entrevistadas afirmaron sentirse más solas durante las vacaciones de verano que en Navidad. Sin embargo, ¿por qué no se habla de la soledad de las personas mayores en verano?

En el contexto español, más de un millón y medio de personas mayores viven solas. Aunque vivir en un hogar unipersonal incrementa las posibilidades de experimentar soledad, no todas las personas que viven solas se sienten así. De acuerdo con las últimas cifras del IMSERSO (Instituto de Mayores y Servicios Sociales), el 11,4% de las personas mayores afirmaron sentirse solas a diario. Estas cifras pueden verse incrementadas con la llegada del verano, cuando los mayores se quedan sin compañía como resultado de los viajes de vacaciones de familiares, amigos y vecinos.

Así, nos encontramos con algunas personas mayores que no tienen contacto con otras personas a lo largo del día entero, incluso, en los peores casos, durante varios días. Esta es una situación de extrema gravedad, sobre todo en aquellas personas que tienen problemas de salud o dificultades para realizar las tareas del día a día (ej: problemas de movilidad), en un momento del año especialmente peligroso a consecuencia de las altas temperaturas.

En otras ocasiones, nos encontramos con mayores que viajan con sus familias, pero que no reciben un protagonismo adecuado porque se les considera una carga, se piensa que ya no tienen nada que aportar, se olvidan de que el mayor también tiene derecho a disfrutar. Como resultado, las vacaciones, en lugar de convertirse en una oportunidad para disfrutar y estrechar lazos con los familiares y amigos, pueden incrementar los sentimientos de aislamiento y soledad.

Existe suficiente evidencia científica como para afirmar la existencia de una relación significativa entre salud general y soledad. En concreto, la soledad se ha asociado a un mayor riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares, caídas e, incluso, mortalidad. Asimismo, la calidad de vida también está determinada por la salud psíquica. En este sentido, personas con mayores niveles de soledad suelen mostrar menores niveles de bienestar psicológico y una mayor tendencia a padecer depresión. Estar rodeados de otras personas y sentirse importante para alguien es una necesidad innegable del ser humano. Por eso, la presencia de unas redes de apoyo sociales más satisfactorias se ha asociado con mayores niveles de calidad de vida en personas mayores. Como resultado, la soledad es un tema de debería considerarse como un problema de salud pública que hay que tratar de prevenir e intervenir.

La familia, el lugar al que siempre se vuelve

Es de destacar que no todas las personas mayores se sienten solas. De hecho, muchas incrementan los contactos con sus seres queridos. No obstante, es importante tener en cuenta que las personas mayores necesitan sentirse apoyadas y apreciadas y, por tanto, también tienen derecho a que las vacaciones sean un momento de disfrute y aprovechamiento.

Cómo prevenir la soledad

Como medidas que sirvan de prevención de la soledad, en primer lugar, se hace imprescindible fomentar el respeto y valorar al grupo de personas mayores. En no pocas ocasiones, las personas mayores se sienten solas porque perciben que son consideradas un estorbo. Sin embargo, los mayores aún tienen mucho que aportar y es una obligación moral integrarlas en la sociedad.

El compartir actividades e integrar al mayor en las distintas actividades familiares puede contribuir a incrementar su bienestar emocional y a combatir la soledad. No tienen por qué ser tareas complejas (ej: un paseo, una llamada, una salida al cine…). Recordemos que es más importante la calidad que la cantidad y, por tanto, hay que tratar de hacer actividades “con” el mayor, en lugar de hacer actividades “por” el mayor.

La importancia de comer en familia

Además, es importante fomentar la participación del mayor en su entorno social, pues es una de las características que fomentan el envejecimiento con éxito. Esta puede darse a través de la interacción con personas de otras generaciones, diálogo con vecinos o amigos, asistencia a centros de día, colaboración en asociaciones, etc. Las posibilidades son múltiples, siempre y cuando estén orientadas a ayudar al mayor a sentirse útil, proponerse nuevas metas y crear lazos afectivos.

Por último, se debe asegurar que la persona mayor está siendo atendida. Si, por algún motivo, no puede por unos días (ej: viaje), asegúrese de que hay alguien que lo visite, aunque sea unas horas. No olvidemos que las familias y la sociedad en general tienen la obligación moral de garantizar los derechos de protección, participación, integridad e imagen de las personas mayores para cuidar su particular vulnerabilidad.

Escrito por

Doctora en Psicología por la UCM. Profesora de Psicología Social en el Departamento de Psicología y Pedagogía de la USP CEU. Terapeuta Familiar del Instituto de Estudios de la Familia.

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