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Crece el consumo de alcohol entre los jóvenes . Un ocio desnortado por la falta de referentes

La edad media de inicio en el consumo de alcohol es de 13,8 años, una de las más bajas de Europa. Uno de cada cinco jóvenes se ha emborrachado al menos una vez en el último mes. Estos datos revelan que empiezan a existir lagunas en las transmisión de hábitos culturales, sociales y familiares de las que son víctimas las nuevas generaciones

Con una frecuencia indeseada, surgen últimamente noticias e informes poco alentadores de nuestra juventud en relación con el alcohol. La edad media de inicio en el consumo de alcohol es de 13,8 años, una de las más bajas de Europa. Eso significa que hay jóvenes que empiezan a beber a los 11 o 12 años. Según datos del Plan Nacional sobre Drogas del Ministerio de Sanidad, el 76,8 de los escolares de 14 a 18 años ha consumido alcohol en el último año. Lo más inquietante del estudio es que uno de cada cinco se ha emborrachado al menos una vez en el último mes.

La importancia de las relaciones humanas

Una forma de beber irreflexiva, por compulsiva y devastadora, parece que se abre paso en el ocio de muchos adolescentes y jóvenes españoles. Estos nuevos hábitos en la forma de diversión de nuestra juventud se asemejan al modo grosero y bárbaro con el que muchos pueblos nórdicos se relacionan con el alcohol. Se trata de una suerte de globalización negativa, pues resulta una involución en nuestros hábitos de relación social.

Nuestra pertenencia al mundo mediterráneo, el hecho de ser productores de vino durante milenios, habían generado una relación natural con el alcohol, fundamentalmente a través del vino, que modalizaba con inteligencia de generaciones el modo de insertar el alcohol en los hábitos sociales y familiares. La moderación en el consumo de alcohol, su introducción inteligente en una dieta equilibrada como ingrediente esencial en las reuniones sociales son muestra de una asimilación civilizada del mismo.

La moderación en el consumo de alcohol, su introducción inteligente en una dieta equilibrada como ingrediente esencial en las reuniones sociales son muestra de una asimilación civilizada del mismo

El vino y sus derivados, como el aguardiente, el brandi, etc. su cultivo y mantenimiento a lo largo de los siglos, junto con su inclusión en la dieta de un pueblo, son un símbolo inequívoco de civilización y cultura. Es propio de las reuniones familiares y de amigos celebrar las buenas noticias y honrar las fiestas y tradiciones descorchando lo mejor de la bodega. La familia y la amistad se acompañan siempre en España de una buena comida regada con vino.

“Primeros auxilios emocionales para niños y adolescentes”

El consumo de alcohol descontrolado nada tiene que ver con la cultura gastronómica anteriormente descrita. Los datos referidos hablan por sí mismos de un olvido del cómo y del porqué se bebe. El consumo desmedido durante las tardes y las noches del fin de semana se aleja cada vez más de aquella conquista cultural. Más bien revela que empiezan a existir lagunas en las transmisión de hábitos culturales, sociales y familiares de las que son víctimas las nuevas generaciones. Podríamos incidir en este artículo en la facilidad con la que los jóvenes pueden acceder a las bebidas alcohólicas, así como a la escasísima o nula conciencia de riesgo entre los jóvenes ante su consumición.

Los referentes adultos

Siendo ciertas todas estas razones, no es mi intención cargar la culpa a las autoridades ni a los servicios policiales. Pues aun reconociendo que puede darse culpa in vigilando, estas son, a mi juicio, causas penúltimas. Un ocio desnortado habla, en primer término, de una juventud ayuna de objetivos sanos y esforzados, pero también de la ausencia de referentes adultos que transmitan la sabiduría de combinar el ocio con una inteligente socialización y, por supuesto, de la posibilidad de forjar verdaderas amistades para la vida.

Un ocio desnortado habla, en primer término, de una juventud ayuna de objetivos sanos y esforzados, pero también de la ausencia de referentes adultos

En el corazón del joven late más fuerte y tenaz que en ningún momento de la vida un deseo arrollador de ser feliz. Sin embargo, la propuesta con la que a menudo se encuentran es pobre para su inquietud inmensa. Los jóvenes necesitan adultos a quienes mirar, adultos cuya vida les resulte atractiva y sugestivo

. Buscan una hipótesis explicativa de su existencia, un sentido para entender que la vida merece vivirse con esperanza, con alegría y con algunas certezas. La familia es el lugar en el que primeramente se explica la vida. Los niños y los jóvenes nos miran, para ver hacia dónde miramos nosotros, para divisar hacia dónde dirigimos nuestro barco. Donde se bebe para honrar, se celebra con mesura y se aprecia lo que se bebe, se enseña a dar el valor que tiene el alcohol y se alerta de sus riesgos: enciende el corazón pero también puede nublar el juicio.

Escrito por

Doctora en Derecho por la USP CEU. Profesora Adjunta de Teoría del Derecho. Secretaría Académica del Instituto de Estudios de la Familia.

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